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El Día Después
Edward Said
9 de febrero 2020

Ahora, que algo de la euforia se ha disipado, podemos volver a examinar el acuerdo entre Israel y la OLP con el requerido sentido común. Lo que surge de tal escrutinio es que es un trato más defectuoso y, para la mayoría del pueblo palestino, más desfavorable de lo que muchos supusieron al principio. Las vulgaridades del desfile en la ceremonia de la Casa Blanca, el degradante espectáculo de Yasser Arafat agradeciendo a todos por suspender la mayoría de los derechos de su pueblo y la fatua solemnidad de la actuación de Bill Clinton como un emperador romano del siglo XX llevando a dos reyes vasallos por rituales de reconciliación y pleitesía: todo ello oscurece sólo temporalmente la magnitud verdaderamente impresionante de la capitulación palestina.

Así es que, en primer lugar, llamemos al acuerdo por su verdadero nombre: un instrumento para la rendición palestina, un Versalles palestino. Lo que lo empeora es que durante al menos los últimos quince años la OLP podría haber negociado un mejor acuerdo que este Plan Allon modificado, uno que no requiera tantas concesiones unilaterales a Israel. Por razones más conocidas por la dirigencia, rechazó todas las propuestas anteriores. Para dar un ejemplo que conozco personalmente: a fines de los años setenta, el canciller [estadounidense] Cyrus Vance, me pidió que convenciera a Arafat de aceptar la Resolución 242 con una salvedad (aceptada por EEUU) a ser agregada por la OLP que insistiría respecto a los derechos nacionales del pueblo palestino y la autodeterminación palestina. Vance dijo que reconocería inmediatamente a la OLP e iniciaría negociaciones entre la OLP e Israel. Arafat rechazó rotundamente la oferta, como rechazó ofertas similares. Luego ocurrió la Guerra del Golfo y a causa de las desastrosas posiciones que tomó entonces, la OLP perdió aún más terreno. Los logros de la Intifada fueron desperdiciados y los hoy defensores del nuevo documento dicen: "No teníamos alternativa". La correcta manera de formular esto es: "No teníamos alternativa porque perdimos o descartamos muchas otras, quedándonos sólo ésta".

Para avanzar hacia la autodeterminación palestina - que sólo tiene sentido si su objetivo es la libertad, la soberanía y la igualdad, en lugar del perpetuo sometimiento a Israel - necesitamos reconocer honestamente dónde estamos, ahora que el acuerdo transitorio está por ser negociado. Lo que es particularmente imposible de explicar es cómo tantos líderes palestinos y sus intelectuales pueden seguir hablando del acuerdo como una 'victoria'. Nabil Shaath lo calificó como 'completa paridad' entre israelíes y palestinos. El hecho es que Israel no concedió nada - como ya dijo en una entrevista televisiva el excanciller [estadounidense] James Baker - excepto, desabridamente, la existencia de 'la OLP como representante del pueblo palestino'. O como supuestamente dijo la 'paloma' israelí Amos Oz en una entrevista de la BBC: 'esta es la segunda mayor victoria en la historia del sionismo'.

Al contrario, el reconocimiento de Arafat al derecho de Israel a existir conlleva una serie completa de renuncias: a la Carta de la OLP, a 'la violencia y el terrorismo' y a todas las resoluciones relevantes de la ONU, salvo la 242 y la 338, que no tienen una sola palabra sobre los palestinos, sus derechos ni sus aspiraciones. Implícitamente, la OLP dejó de lado muchas otras resoluciones de la ONU (que aparentemente ahora se está comprometiendo, con Israel y EEUU, a modificar o rescindir) y que, desde 1948, otorgaron derechos a los refugiados palestinos, incluidas la repatriación y la indemnización. Los palestinos consiguieron numerosas resoluciones internacionales - aprobadas, entre otros, por la Comunidad Europea, el Movimiento de los No Alineados, la Conferencia Islámica, la Liga Árabe y la ONU - que invalidaban o desaprobaban los asentamientos coloniales, las anexiones y los crímenes israelíes contra el pueblo bajo ocupación.

Parece, pues, que la OLP puso fin a la Intifada - que no encarnaba terrorismo ni violencia sino el derecho de los palestinos a resistir - a pesar de que Israel continúa ocupando Cisjordania y Gaza. La consideración primordial en el documento es para la seguridad de Israel y ninguna consideración para la seguridad de los palestinos contra las incursiones israelíes. En su conferencia de prensa del 13 de septiembre, Rabin fue directo respecto al persistente control israelí de la soberanía; además, dijo, Israel retendría el río Jordán, las fronteras con Egipto y Jordania, el mar, el territorio entre Gaza y Jericó, Jerusalén, los asentamientos coloniales y las rutas. Hay poco en el documento que sugiera que Israel renunciará a su violencia contra los palestinos o, como se le exigió a Iraq después de retirarse de Kuwait, que indemnizará a los palestinos que fueron víctimas de sus políticas durante los últimos 45 años [desde 1948].

Ni Arafat ni ninguno de sus aliados palestinos, que se reunieron con los israelíes en Oslo, han visto jamás un asentamiento colonial israelí. Ahora hay más de doscientos, principalmente sobre las colinas, promontorios y puntos estratégicos por toda Cisjordania y Gaza. Muchos probablemente se marchitarán y morirán, pero los más grandes están diseñados para permanecer. Un sistema independiente de rutas los conecta a 'Israel' creando una incapacitante discontinuidad entre los principales centros de población palestina. La tierra robada por estas colonias más la designada para expropiar asciende - se estima - a más del 55% del total de la superficie de los territorios ocupados [en 1967]. Sólo la 'Gran Jerusalén' anexada por Israel, abarca una enorme tajada de tierra robada, al menos el 25% del total. En Gaza, las colonias en el norte (3), el centro (2) y el sur, a lo largo de la costa desde la frontera con Egipto hasta Khan Yunis (12), constituyen al menos el 30% de la Franja. Además, Israel se aprovecha de todos los acuíferos de Cisjordania, usando alrededor del 80% del agua para las colonias y para 'Israel'. (Probablemente haya instalaciones hídricas similares en la 'zona de seguridad' de Israel en Líbano). Por lo tanto, el dominio (si no el robo descarado) de tierras y recursos hídricos se pasa por alto, en el caso del agua, o, en el caso de las tierras, se pospone por el Acuerdo de Oslo.

Y para empeorar las cosas, toda la información sobre las colonias, la tierra y el agua está en manos de Israel, que no comparte la mayoría de esos datos con los palestinos, como tampoco comparte los ingresos recaudados por los desmesurados tributos que les impone desde hace 26 años. La OLP creó en los territorios todo tipo de comités técnicos - en los que participaron palestinos no residentes - para considerar tales asuntos, pero hay poca evidencia de que las conclusiones de los comités - si las hubo - hayan sido aprovechadas por la parte palestina en Oslo. Entonces, la huella de una enorme diferencia entre lo que Israel recibió y lo que los palestinos concedieron o pasaron por alto permanece sin subsanar.

Dudo que haya un solo palestino, de los que vieron la ceremonia en la Casa Blanca, que no haya sentido que un siglo de sacrificios, desposesión y lucha heroica han caído en la nada. Y lo más perturbador es que Rabin dio el ‘discurso palestino’ mientras que Arafat dijo palabras con todo el estilo de un contrato de alquiler. Lejos de ser vistos como víctimas del sionismo, los palestinos se caracterizaron ante el mundo como sus atacantes arrepentidos: como si los miles de asesinados por las bombas israelíes sobre los campamentos de refugiados, hospitales y escuelas en Líbano; la expulsión a manos israelíes de 800.000 palestinos en 1948 (cuyos descendientes llegan ahora a unos 3 millones, la mayoría carente de nacionalidad); la apropiación de su país y sus propiedades; la destrucción de más de 400 pueblos palestinos; la invasión a Líbano; los estragos de 26 años de brutal ocupación militar; como si todo ese sufrimiento hubiera sido reducido a la categoría de 'terrorismo y violencia', para repudiarlo retroactivamente o pasarlo por alto en silencio. Israel siempre consideró a la resistencia palestina como terrorismo y violencia, por lo que incluso en materia de terminología recibió una ofrenda moral e histórica.

¿A cambio de exactamente qué? El reconocimiento de Israel a la OLP - sin duda, un importante avance. Más allá de eso, al aceptar que los temas de los territorios y la soberanía sean pospuestos hasta las 'negociaciones sobre el estatuto definitivo', los palestinos han descartado de hecho su unilateral e internacionalmente reconocido reclamo respecto a Gaza y Cisjordania: ahora se han convertido en 'territorios en disputa' [para los sionistas y su red de medios hegemónicos, mas no para el derecho internacional]. Por lo que, con la ayuda de los palestinos, a Israel le han otorgado al menos un reclamo igualitario. El cálculo israelí parece ser que al acordar que Gaza tenga su policía - un trabajo que Begin trató de darle a Sadat [expresidente egipcio], hace quince años - la OLP pronto entraría en desacuerdo con competidores locales, de los cuales Hamas es sólo uno de ellos. Es más, en lugar de fortalecerse durante el período transitorio, los palestinos pueden debilitarse, caer más aún bajo control israelí y, por lo tanto, tener menos poder para disputar los reclamos de Israel cuando empiece la última rueda de negociaciones. Pero, respecto a cómo y por medio de qué mecanismo específico se pasa del estatuto transitorio al definitivo, el documento guarda un deliberado silencio. ¿Significa esto, agoreramente, que la etapa transitoria puede ser la definitiva?

Comentaristas israelíes vienen sugiriendo que dentro de, digamos, seis meses, la OLP y el gobierno de Rabin negociará un nuevo acuerdo posponiendo aún más las elecciones [palestinas*] y por lo tanto permitiendo que la OLP siga 'gobernando'. Cabe recordar que, al menos dos veces, durante el pasado verano Arafat dijo que su experiencia de gobierno consistió en los diez años durante los cuales 'controló' Líbano, algo poco reconfortante para los muchos libaneses y palestinos que recuerdan ese lamentable período. Tampoco hay en la actualidad ninguna vía concreta para que las elecciones se celebren, e incluso deberían programarse. La imposición del gobierno desde arriba más el enorme legado de la ocupación no contribuyeron al desarrollo de instituciones democráticas y populares. En la prensa árabe hay informes no confirmados que indican que la OLP ya nombró ministros de su propio círculo interno en Túnez y viceministros de entre residentes de Gaza y Cisjordania de su confianza. ¿Habrá alguna vez instituciones verdaderamente representativas? No se puede ser muy optimista dado el absoluto rechazo de Arafat a compartir o delegar poder, por no hablar de los activos financieros que sólo él conoce y controla.

En cuanto a la seguridad interna y el desarrollo, ahora Israel y la OLP están en ambos asuntos alineados entre sí. Miembros o consultores de la OLP vienen reuniéndose con funcionarios del Mossad desde el pasado octubre para tratar problemas de seguridad, incluida la propia seguridad de Arafat. Justo en el momento de peor represión israelí contra los palestinos bajo ocupación militar. La idea que subyace a la colaboración es que disuadirá a cualquier palestino de manifestarse contra la ocupación, la cual no emprenderá la retirada sino que simplemente volverá a desplegarse. Además, los colonos israelíes seguirán viviendo, como siempre lo han hecho, bajo otra autoridad. La OLP se convertirá así en quien hace cumplir las órdenes de Israel, un desdichado panorama para la mayoría de los palestinos. Curiosamente, el Congreso Nacional Africano se negó sistemáticamente a proveer agentes de policía al gobierno sudafricano hasta después de que el poder sea compartido, precisamente para evitar aparecer como el ejecutor de las órdenes del gobierno blanco. Hace unos días se informó desde Amman que 170 miembros del Ejército de Liberación de Palestina, entrenándose ahora en Jordania para el trabajo policial en Gaza, se negaron a cooperar precisamente por esa razón. Con cerca de 14.000 prisioneros palestinos en cárceles israelíes - algunos de los cuales dice Israel que puede liberar - hay una contradicción inherente, por no decir incoherencia, a los nuevos preparativos de seguridad. ¿Harán más espacio allí para la seguridad palestina?

El único tema en que la mayoría de los palestinos acuerda es el desarrollo, calificado en los términos más ingenuos imaginables. Se espera que la comunidad mundial brinde apoyo financiero a gran escala a las zonas casi autónomas; se espera que la diáspora palestina, ciertamente preparándose, haga lo mismo. Pero todo el desarrollo para Palestina debe ser canalizado a través del Comité Conjunto de Cooperación Económica Palestino-Israelí, aun cuando, según el documento, 'ambas partes cooperarán conjunta y unilateralmente con las partes regionales e internacionales para apoyar estos objetivos'. Israel es la potencia económica y política dominante en la región - y su poder es por supuesto incrementado por su alianza con EEUU. Más del 80% de la economía de Gaza y Cisjordania depende de Israel, que probablemente controlará las exportaciones, la producción y la mano de obra palestina en el previsible futuro. Fuera de la pequeña clase media y empresarial, la inmensa mayoría de los palestinos están empobrecidos y sin tierra, sometidos a los caprichos de la comunidad productora y comercial israelí que emplea a los palestinos como mano de obra barata. La mayoría de los palestinos, económicamente hablando, seguramente seguirán como están, aunque ahora se espera que trabajen en el sector privado, en empresas de servicios parcialmente controladas por palestinos, incluidos complejos turísticos, pequeñas plantas de montaje, granjas y similares.

Un reciente estudio del periodista israelí Asher Davidi cita a Dov Lautman, presidente de la Asociación de Productores Israelíes: 'No importa si habrá un Estado palestino, una autonomía o un Estado palestino-jordano. Las fronteras económicas entre Israel y los territorios deben permanecer abiertas'. Con sus establecimientos bien desarrollados, sus estrechas relaciones con EEUU y su economía agresiva, Israel incorporará económicamente los 'territorios', manteniéndolos en un estado de permanente dependencia. Luego recurrirá al Mundo Árabe, aprovechando los beneficios del acuerdo palestino como plataforma de lanzamiento para irrumpir en los mercados árabes, que también explotará y probablemente dominará.

Armando todo esto está EEUU, la única potencia mundial, cuya idea del Nuevo Orden Mundial se basa en la dominación económica y, si fuera necesario, la pauperización de muchos seres 'inferiores' (incluso en países hegemónicos). La ayuda económica para Palestina está supervisada y controlada por EEUU, eludiendo a la ONU, algunas de cuyas agencias como UNRWA y PNUD están mucho mejor posicionadas para administrarla. En el caso de Nicaragua y Vietnam, ambos son antiguos enemigos de EEUU; Vietnam realmente derrotó a EEUU pero ahora lo necesita económicamente. El boicot contra Vietnam continúa y los libros de historia se escriben de manera de mostrar que los vietnamitas pecaron y 'maltrataron' a EEUU por su gesto idealista de invadir, bombardear y devastar su país. El gobierno sandinista de Nicaragua fue atacado por los Contra, financiados por EEUU; los puertos del país fueron minados, su pueblo arrasado por el hambre, los boicots y todo tipo de subversión imaginable. Después de las elecciones de 1991, que llevaron al poder a una candidata apoyada por EEUU, la Sra. Chamorro, EEUU prometió ayudas por muchos millones de dólares, de los cuales sólo concretó 30 millones. A mediados de septiembre interrumpió toda la ayuda. Ahora hay hambre y guerra civil en Nicaragua. No menos desafortunados han sido los destinos de Haití y El Salvador. Lanzarse, como lo hizo Arafat, a las tiernas misericordias de EEUU es casi seguramente sufrir el destino que EEUU impuso a los pueblos rebeldes o 'terroristas' con los que tuvo que lidiar en el Tercer Mundo después que prometieron no resistir nunca más.

De la mano con el control económico y estratégico de los países del Tercer Mundo que se encuentran cerca, o poseen, recursos tales como el petróleo que EEUU necesita, está el sistema mediático, cuya magnitud y control del pensamiento son verdaderamente asombrosos. Durante al menos veinte años Yasser Arafat fue considerado el hombre menos atractivo y más moralmente repelente de la Tierra. Siempre que aparecía en los medios, o éstos se referían a él, era presentado como si sólo tuviera un pensamiento en su cabeza: matar judíos, especialmente mujeres y niños inocentes. En cuestión de días, los 'medios independientes' lo rehabilitaron completamente. De repente era una personalidad reconocida, incluso encantadora, cuyo coraje y realismo le habían conferido a Israel lo que se merece. Se había arrepentido, se había convertido en un 'amigo' y él y su pueblo estaban ahora de 'nuestro' lado. Cualquiera que se opusiera o criticara lo que él había hecho era un fundamentalista como los colonos del Likud o un terrorista como los miembros de Hamas. Se volvió casi imposible decir algo excepto que el acuerdo israelí-palestino - mayoritariamente ni leído ni examinado, y en cualquier caso, carente de decenas de detalles indispensables - era el primer paso hacia la independencia palestina.

En lo que respecta al crítico o analista independiente, su problema es cómo liberarse del sistema ideológico a cuyo servicio están ahora tanto el acuerdo como los medios. Para ello se necesita memoria y escepticismo (cuando no una rotunda sospecha). Porque, incluso cuando es evidentemente obvio que la libertad palestina, en todo legítimo sentido no se ha logrado y claramente fue diseñada para no ser, y más allá de los exiguos límites impuestos por Israel y EEUU, se espera que el famoso apretón de manos transmitido alrededor del mundo no solo simbolice un grandioso momento triunfal sino que borre tanto las realidades pasadas como las presentes.

Con un mínimo de honestidad, los palestinos deberían poder ver que la inmensa mayoría del pueblo al que la OLP supuestamente representa no será beneficiada, salvo cosméticamente. Es cierto que los residentes de Gaza y Cisjordania francamente complacidos de ver que algunas tropas israelíes se retirarán y que gran cantidad de dinero podría comenzar a entrar. Pero es absolutamente deshonesto no estar alerta a lo que el acuerdo implica en términos de mayor ocupación, control económico y profunda inseguridad. Además tenemos el gigantesco problema de los palestinos que viven en Jordania, por no hablar de los miles de refugiados sin reconocimiento de nacionalidad en Líbano y Siria; los 'amigables' Estados árabes siempre han tenido una ley para los palestinos y otra para los nativos. Este doble rasero ya se intensificó, como lo atestiguan las horribles escenas de demoras y hostigamiento producidas en el puente Allenby desde que se anunció el acuerdo.

Entonces, ¿qué hay que hacer cuando llorar por la leche derramada es inútil? Lo primero es detallar, no sólo las virtudes de ser reconocido por Israel y aceptado por la Casa Blanca, sino también cuáles son las rotundamente mayoritarias invalideces. Primero el pesimismo del intelecto y después el optimismo de la voluntad. No se puede mejorar una mala situación provocada por la ineptitud técnica de la OLP - que negoció en inglés, un idioma que ni Arafat ni sus emisarios en Oslo conocen, y sin ningún asesor jurídico - hasta que al menos en el aspecto técnico se involucre a personas que puedan pensar por sí mismas y no sean meros instrumentos de lo que por ahora es una simple autoridad palestina. Me resulta extremadamente desalentador que tantos intelectuales árabes y palestinos, que una semana antes estuvieron gruñendo y gimiendo por los métodos dictatoriales de Arafat, su obsesivo control del dinero, el círculo de aduladores y cortesanos que últimamente lo rodean en Túnez, la ausencia de reflexión y rendición de cuentas, al menos desde la Guerra del Golfo, de repente darían un giro de 180° y comenzarían a aplaudir su genio táctico y su última victoria. La marcha hacia la autodeterminación sólo puede ser emprendida por un pueblo con aspiraciones y objetivos democráticos. De otra forma no vale la pena el esfuerzo.

Después de todo el alboroto celebrando 'el primer paso hacia el Estado palestino', debemos recordar que mucho más importante que tener un Estado es qué tipo de Estado sea. Hoy en día el fundamentalismo religioso, el mero nacionalismo, no es ni puede ser 'la respuesta' a los problemas de las nuevas sociedades seculares. Lamentablemente ya se pueden ver en el posible Estado de Palestina los rasgos de un matrimonio entre el caos de Líbano y la tiranía de Iraq.

Si esto no sucediera, deben ser tratados varios problemas bastante específicos. Uno de ellos, los palestinos de la diáspora, que inicialmente llevaron a Arafat y la OLP al poder, los mantuvieron ahí y ahora quedaron relegados al exilio permanente o al estatus de refugiados. Dado que constituyen como mínimo la mitad del total de la población palestina, sus necesidades y aspiraciones no son despreciables. Un pequeño segmento de las comunidades en el exilio está representado por las varias organizaciones políticas 'alojadas' por Siria. Un importante número de independientes (algunos de los cuales, como Shafiq Al-Hut y Mahmud Darwish, renunciaron en protesta a la OLP), siguen teniendo un importante rol que cumplir, no simplemente aplaudir o condenar desde el margen, sino promoviendo modificaciones específicas en la estructura de la OLP, tratando de cambiar el ambiente triunfalista del momento por algo más conveniente, movilizando apoyos y construyendo una organización desde adentro de las variadas comunidades palestinas alrededor del mundo para continuar la marcha hacia la autodeterminación. Estas comunidades, están desde hace tiempo particularmente descontentas, acéfalas e indiferentes, desde el inicio del proceso de Madrid [en 1991].

Una de las primeras tareas es un censo de los palestinos, la cual debe ser considerada no como un mero ejercicio burocrático sino como la concesión del derecho al voto a los palestinos, donde sea que se encuentren. Israel, EEUU y los Estados árabes, todos ellos, siempre se opusieron a un censo: daría a los palestinos un perfil demasiado alto en países donde son supuestamente invisibles y, antes de la Guerra del Golfo, habría quedado claro a varios gobiernos del Golfo cuán dependientes son de una comunidad 'invitada' inadecuadamente grande y habitualmente explotada. La oposición al censo proviene sobre todo de tomar conciencia de que si se hiciera un recuento de todos los palestinos, a pesar de la dispersión y la desposesión, en ese mismo acto se acercarían más a constituir una nación que una mera colección de personas. Ahora más que nunca llevar a cabo un censo y quizás más adelante elecciones a nivel mundial, debería ser un tema rector en la agenda de los palestinos en todos lados. Ello constituiría un acto de autoconciencia histórica y política por fuera de las limitaciones impuestas por la ausencia de soberanía. Y daría cuerpo a la obligación universal de la participación democrática, ahora evidentemente restringida por Israel y la OLP en una alianza prematura.

Con certeza, un censo haría resurgir el tema del retorno de los palestinos que no provienen de Gaza ni de Cisjordania. Aunque este asunto fue comprimido dentro de la fórmula general de 'los refugiados' y diferido hasta las conversaciones sobre el estatuto definitivo, alguna vez, en el futuro, debe ser mencionado ahora. El gobierno libanés, por ejemplo, públicamente agitó el discurso contra la ciudadanía y la naturalización de los 350-400.000 palestinos en Líbano, mayoritariamente carentes de nacionalidad, pobres y permanentemente estancados. Están en una situación similar en Jordania y Egipto. Estas personas, que han pagado el más alto precio de todos los palestinos, no pueden ser abandonadas hasta que se pudran ni arrojadas a cualquier otro lugar contra su voluntad. Eso sí, Israel puede ofrecer el derecho al retorno a todos los judíos del mundo: los judíos individualmente pueden convertirse en ciudadanos israelíes y vivir en Israel cuando sea. Esta extraordinaria desigualdad, intolerable para todos los palestinos durante casi medio siglo, debe ser subsanada. Es impensable que todos los refugiados desde 1948 querrían o podrían retornar a ese tan pequeño Estado palestino: y por otra parte es inaceptable para todos ellos que les digan que se reubiquen en otro lugar o que descarten toda idea que puedan tener sobre repatriación e indemnización.

Una de las cosas que, por lo tanto, la OLP y los palestinos independientes deberían hacer es plantear la cuestión no abordada por los Acuerdos de Oslo, anticipándose así a las conversaciones sobre el estatus definitivo, a saber: pedir reparaciones para los palestinos víctimas de este espantoso conflicto. Aunque es el deseo del gobierno israelí (bastante vigorosamente expresado por Rabin en su conferencia de prensa en Washington) que la OLP debe cerrar 'sus llamadas embajadas', estas oficinas deben mantenerse abiertas y presionar por estos reclamos de repatriación e indemnización.

En suma, tenemos que pasar del estado de abyección supina en el que se negociaron los Acuerdos de Oslo ('aceptaremos cualquier cosa siempre que nos reconozcas') al estado que nos posibilita proseguir acuerdos paralelos con Israel y los árabes concernientes a las aspiraciones nacionales palestinas, y no aspiraciones municipales. Pero esto no excluye la resistencia contra la ocupación israelí, que continúa por tiempo indeterminado. Mientras existan la ocupación y las colonias, aceptadas o no por la OLP, los palestinos y otros deben manifestarse en contra. Uno de los temas no planteados, ya sea por los Acuerdos de Oslo, el intercambio de cartas entre la OLP e Israel o los discursos de Washington, es si la violencia y el terrorismo a los que la OLP renunció incluyen la resistencia pacífica, la desobediencia civil, etc. Estos son derechos inalienables de todo pueblo privado de su soberanía e independencia y deben ser respetados.

Tal como muchos impopulares y antidemocráticos gobiernos árabes, la OLP ya empezó a apropiarse de la autoridad considerando a sus oponentes 'terroristas' y 'fundamentalistas'. Eso es demagogia. Hamas y Jihad Islámico se oponen al acuerdo de Oslo, pero dijeron varias veces que ellos no utilizarán la violencia contra otros palestinos. Además, su influencia combinada equivale a menos de un tercio de los ciudadanos de Gaza y Cisjordania. En cuanto a los grupos con sede en Damasco, me parece que están paralizados o desacreditados. Pero esto no agota de ninguna manera la oposición palestina, que también incluye a conocidos laicos, gente comprometida con una solución pacífica al conflicto palestino-israelí, realistas y demócratas. Y me incluyo en este grupo que es, creo, más grande de lo que se supone.

Un elemento central del pensamiento de esta oposición es la imperiosa necesidad de reforma dentro de la OLP, que ahora se entera que la reduccionista demanda de 'unidad nacional' ya no es excusa para la incompetencia, la corrupción y la autocracia. Por primera vez en la historia palestina tal oposición no puede, salvo por alguna lógica absurda y deshonesta, ser equiparada con traición o infidelidad. Efectivamente afirmamos que nos oponemos al 'palestinismo' sectario y la ciega lealtad a la dirigencia: seguimos comprometidos con los grandes principios democráticos y sociales de rendición de cuentas y correcto desempeño que el nacionalismo triunfalista siempre intentó anular. Creo que en la diáspora surgirá una amplia base de oposición a la historia de torpezas de la OLP pero que incluirá al pueblo y los partidos de los territorios ocupados.

Por último, está el confuso asunto de las relaciones entre israelíes y palestinos que creen en la autodeterminación de dos pueblos, mutua y equitativamente. Las celebraciones son prematuras y, para demasiados judíos israelíes y no israelíes, son una salida rápida de las enormes desigualdades que permanecen. Nuestros pueblos están ya ligados entre sí en un conflicto y una historia compartida de persecución para celebrar un pow-wow al estilo americano para sanar heridas y abrir el camino a seguir. Hay aún una víctima y un victimario. Pero puede haber solidaridad en la lucha para terminar con las desigualdades y que los israelíes presionen a su gobierno para que ponga fin a la ocupación, la expropiación y las colonias. A los palestinos, después de todo, les queda muy poco para dar. La batalla común contra la pobreza, la injusticia y el militarismo debe unirse seriamente sin las demandas rituales de seguridad psicológica para los israelíes, que si no la tienen ahora, nunca la tendrán. Más que cualquier otra cosa, esto mostrará si el simbólico apretón de manos será el primer paso hacia la reconciliación y la paz verdadera.

 
Notas:
* Elecciones palestinas: Para elegir un 'gobierno provisional' para administrar los territorios ocupados en 1967 - Gaza y Cisjordania -, según se estableció en los documentos a los que alude Said, la llamada "Declaración de Principios", o Acuerdo de Oslo I, pues en Oslo se mantuvieron reuniones secretas que desembocaron en esta Declaración, firmada en la Casa Blanca el 13 de septiembre de 1993.
 
Fuente: London Review of Books, Vol. 15, N° 20 / Publicado el 21 de octubre de 1993.
https://www.lrb.co.uk/the-paper/v15/n20/edward-said/the-morning-after
Traducción: Bea Esseddin/ ene-2020
 
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