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ARCHIVO -2011
 

El mundo árabe y los cambios: La causa palestina y el desafío frente a la política agresiva sionista
Walid Ahmad
29 de agosto del 2011

 

El despertar de los pueblos árabes repercute extraordinariamente y de forma constructiva en la causa del pueblo palestino, que sufrió muchos reveses como consecuencia de la influencia negativa de esos regímenes

La intifada victoriosa en Túnez y la gran revolución popular que vive Egipto, las cuales obligaron a Zine El Abidine Ben Alí y a Hosni Mubarak a abandonar el poder, junto a las crecientes e imparables movilizaciones, confrontaciones y protestas que tienen como escenario la mayoría de los países árabes, en especial Libia, Bahréin, Yemen, Marruecos, Argelia, Jordania y Sudán, entre otros, muestran sin lugar a duda el descontento de la inmensa mayoría de las masas populares y su rechazo a los gobernantes, motivadas, desde el punto de vista político, por la represión en todas sus expresiones, y desde el punto de vista económico, por la corrupción, el desamparo social y hambre.

Estos escenarios reflejan la disposición de los pueblos de salir a las calles para expresar la ira, la indignación y el deseo de liberarse de los sistemas represivos y corruptos, o al menos obligarlos a rectificarse para cumplir con las demandas y aspiraciones de las masas.

Algunos gobernantes, tratando de ganar tiempo, ofrecieron promesas para calmar los ánimos y evitar el derrocamiento de sus regímenes, o prometieron no perpetuarse en el poder, ni coronar a sus hijos como futuros herederos. Otros invitaron a la oposición y a las instituciones de la sociedad civil a participar en un gobierno de unidad nacional y ofrecieron iniciativas para eliminar las leyes de emergencia y de excepciones vigentes durante décadas y causantes de arrestos, represiones, torturas, fusilamientos y desapariciones de miles de personas. También algunos convocaron a todos los componentes de la sociedad a emprender juntos la marcha de la reforma, mientras otros intentaron guardar distancia, en el sentido de que lo que sucede en países vecinos no es válido para ellos. Algunos acusan a enemigos de desestabilizar el país desde el exterior a través de los medios de información.

Rompiendo barreras del silencio y el miedo

Lo cierto es que se están rompiendo las barreras del silencio y el miedo, mientras los gobernantes comienzan a sentir el pánico de la ira y el despertar de los pueblos, que decidieron emprender la revolución.

Las demandas por los cambios que prevalecen en las capitales y otras ciudades en el mundo árabe reafirman la irrefutable realidad de la incompatibilidad de gobernar con métodos obsoletos y represivos basados en el poder absoluto, lo cual pone a la mayoría de los regímenes árabes frente a dos alternativas.

La primera: optar por iniciar un proceso de reformas con cambios radicales y estructurales del poder en todos los aspectos políticos, económicos y sociales, lejos de las soluciones mediatizadas – como aumento salarial, rebaja de algunos precios y promesas engañosas – las cuales provocaron el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de los pueblos, que perdieron la confianza y decidieron la ruptura con las elites gobernantes.

La segunda: dejar la iniciativa en manos de las masas populares, especialmente de la juventud, para tomar las calles y las plazas tarde o temprano, a fin de imponer el cambio deseado con los medios a su alcance, mediante las protestas y la desobediencia civil para conquistar sus legitimas demandas.

Gran parte de los pueblos árabes han sido gobernados durante décadas por regímenes que se aferran al poder, rodeados de capas sociales privilegiadas vinculadas entre sí a través de una red de intereses y beneficios altamente complejos, en los que se mezcla lo personal con lo público, similar a la mafia que resiste los intentos de reformas y cambios en defensa de sus propios intereses.

Los escándalos de la corrupción y el enriquecimiento ilícito conocidos en algunas partes del mundo árabe, incluso los últimas en Túnez y Egipto, reflejan las decenas de miles de millones de dólares robados a manos de las personas más cercanas a las altas esferas del poder, que viven en condiciones de lujo exagerado, y separados de la inmensa mayoría de las masas humildes por un abismo profundo.

La intifada popular en Egipto derrocó para siempre el modelo del hombre de negocio, que tenía el camino abierto para desempeñar un rol político de forma directa. Jamal Mubarak, hijo del ex presidente, fue líder y representante de este tipo de hombres de negocios – con el apoyo del gobierno, él convirtió a la mayor propiedad pública de un país en la historia contemporánea en una economía de mercado –. Ellos lograron ocupar altos cargos en el gobierno y el partido gobernante, conocido como la alianza del poder con el capital, acompañado de la mayor pobreza y corrupción en Egipto.

La fortuna de estos individuos se acumuló y creció por la violación de las leyes del Estado, por las comisiones procedentes del uso de influencia y por ser los intermediarios de las compras desde el exterior, sin favorecer la producción industrial o agrícola, ni la economía nacional.

La juventud insurrecta en las ciudades egipcias aspira a conquistar un modelo de justicia social, como una cuestión fundamental. Estos gobiernos son los principales responsables, junto a otros sectores económicos, de la agudización de las diferencias de clases en la sociedad y la adopción de políticas neoliberales salvajes, sin prestar suficiente atención al desempleo, la pobreza y la injusta distribución de las riquezas, lo cual provocó las inevitables tensiones sociales.

Urgentes e impostergables reformas

Las urgentes e impostergables reformas que demandan la oposición y los partidos patrióticos y democráticos sobre la necesidad de la transición hacia la democracia participativa en el marco de un estado civil y contemporáneo, basado en la igualdad ciudadana, el respeto a los derechos humanos sin discriminación alguna, exigen cambios esenciales estructurales de los regímenes políticos árabes, la aprobación de nuevas cartas magnas en los respectivos países, la derogación de las leyes obsoletas y de excepción, el ejercicio del derecho libre y soberano para las elecciones generales y el respeto a los derechos fundamentales de todos los ciudadanos, así como combatir la corrupción, el abuso y el despotismo, entre tantas practicas y conductas nefastas. Los pueblos decidieron el inicio de una larga batalla para reconquistar todos los derechos que les fueron arrebatados durante las últimas décadas.

En este contexto, Estados Unidos parece como si estuviera en proceso de reconsiderar y rectificar sus políticas hacia gobiernos amigos o aliados luego de la caída de su principal plataforma, históricamente construida sobre la base de sacrificar la democracia y las legitimas demandas de los pueblos en dicha región a cambio de salvaguardar la estabilidad de estos regímenes y proteger sus intereses primordiales en la región.

La conducta incoherente y mediatizada de la Casa Blanca prevé un serio retroceso en su política regional, puesto que la pérdida de un régimen fiel como el de Egipto, con la incertidumbre de posibles alternativas, significa la quiebra del más importante e influyente país con liderazgo decisivo en la región. Este régimen egipcio brindó servicios, a costa de su pueblo, para proteger los marcados intereses norteamericanos a nivel político y de seguridad en el respaldo a Israel y el freno a la influencia de Irán; y a nivel económico en los mercados, las finanzas árabes y el suministro del petróleo y las fuentes energéticas.

El intento estadounidense de maniobrar con la salida del Presidente egipcio y dejar a otro con la consigna de una etapa transitoria, dirigido desde la sombra por los pilares fundamentales de la administración derrocada, no logró su objetivo, puesto que los acontecimientos durante 18 días no solo lograron la caída de Mubarak, sino convirtieron estas protestas en una rebelión de masas con un programa político, económico y social, con un alto grado de organización, disciplina y madurez política, con propósitos bien definidos, sin que nadie pudiera pronosticar la envergadura de esta sublevación.

La causa palestina es un espejo

A modo de conclusión, podemos decir que los acontecimientos en el Medio Oriente, que comenzaron en Túnez y abarcan una parte considerable de los países de la región, continúan cobrando fuerza y madurez entre los pueblos de esa área y prometen, sin lugar a dudas, no permitir el regreso al pasado.

La lucha será tenaz y multifacética, tomando en consideración las especificidades concretas y subjetivas de cada país, pero con rumbos democráticos y progresistas en procesos de cambio que pueden enfrentar diversas dificultades, ya que el imperio estadounidense y sus aliados no van a resignarse a una derrota definitiva y la pérdida del control estratégico regional. Estos pueblos árabes que luchan por liberarse de los regímenes represivos no admitirán ninguna intervención extranjera y rechazarán cualquier intento de maniobras occidentales.

Podemos reafirmar con toda certeza que el despertar de estos pueblos hermanos repercute extraordinariamente y de forma constructiva en la causa de nuestro pueblo palestino, que ha sufrido muchos reveses como consecuencia de la influencia negativa de esos regímenes.

La interrelación dialéctica de la causa palestina con su entorno regional es inevitable. Incluso se puede decir que la causa palestina es un espejo que refleja las contradicciones de los países de la región, mediante un simple ejemplo: las divisiones y contradicciones inter-árabes dejaron huellas profundas divisionistas en las filas de nuestro pueblo, cuyas consecuencias aún seguimos sufriendo.

En el presente año, los palestinos presenciamos los vientos de cambios que azotan el mundo árabe, los cuales prometen el bien para todos los países que lo integran, en especial para Palestina. Estamos orgullosos de la voluntad de los pueblos árabes.
La caída de los aparatos totalitarios frente a la voluntad popular promete el surgimiento de nuevos gobiernos democráticos, libres de la opresión y la corrupción, lo cual beneficia al pueblo palestino y su justa causa.

Las nuevas opciones y alternativas de lucha multifacética, incluyendo la armada, como una de las importantes formas de resistencia, estarán presentes para expulsar al ocupante y conquistar la definitiva independencia nacional de Palestina.

Nuestro deber patriótico nos exige poner fin a las divisiones internas, que benefician única y exclusivamente al proyecto de perpetuar la ocupación expansionista israelí, recuperar la unidad nacional, reconstruir la Organización para la Liberación de Palestina y sus instituciones sobre bases democráticas y respetar el multilateralismo, según el principio de la representación proporcional en los procesos electorales a todos los niveles.

Es conocido para todos que el gobierno israelí no está interesado en el proceso de paz, sino en la constante expansión hacia nuestros territorios, saboteando la posibilidad de llegar a un arreglo mediante un verdadero proceso de paz.

Esta política sionista puede desencadenar una nueva confrontación bélica regional, si la comunidad internacional no asume sus responsabilidades ante las prácticas expansionistas de Israel, apoyadas incondicionalmente por Estados Unidos, el cual recurrió nuevamente al ejercicio de sus prerrogativas de vetar la resolución del Consejo de Seguridad para defender ciegamente a su aliado israelí. El veto norteamericano representa una bochornosa conducta de la doble moral.

Estamos frente a una confrontación entre dos voluntades: la del ocupante israelí que pretende perpetuar la ocupación expansionista y la de nuestro pueblo palestino que lucha por su justa causa y una solución equilibrada, basada en las resoluciones de la legalidad internacional.

El pueblo palestino en su lucha por la emancipación del colonialismo está consciente de que pagará el precio de su firmeza y enfrentará, con fuerza y valentía, las múltiples conspiraciones. Israel continuará practicando el terrorismo de estado organizado para doblegar a los palestinos, y Estados Unidos no abandonará su ciego alineamiento a ese estado sionista.

La firme lucha nacional apoyada por la solidaridad internacional harán realidad el sueño de largas décadas de nuestro heroico y combativo pueblo palestino, basado en la autodeterminación, la creación del estado independiente con Jerusalén como capital, el retorno de los refugiados y la liberación de los miles de prisioneros de la libertad detenidos en cárceles sionistas.

 
Notas: Walid Ahmad es miembro del CC del Frente Democrático para la Liberación de Palestina y del Consejo Nacional Palestino
 
Fuente: OSPAAAL, Tricontinental. No. 171/2011
 
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