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La dignidad o el martirio.
Prisioneros palestinos en huelga de hambre.
B. Esseddin / 18-abr-2012



¡Libertad!

Continuaré escribiendo su nombre al combatir:
En la tierra, en los muros, en las puertas,
contra las brechas de las casas;
en la mezquita y el ara de la Virgen,
por todos los caminos de las fincas.
Por todas las colinas, las pendientes,
las calles, las esquinas.
(Fadwa Tuqan)

Otra masiva huelga de hambre de los prisioneros palestinos en cárceles de la ocupación israelí comenzó el 17 de abril, día del prisionero palestino.

Declararon esta huelga en principio, 1600 prisioneros de todas las facciones, unidas en el Movimiento de los prisioneros, y en todas las cárceles de la ocupación. La huelga ha sido proclamada a ultranza hasta que sean aceptados sus reclamos, hasta que sean respetados sus derechos. Las cárceles de Nafha, Eshel y Ashqelon están a la cabeza de la acción. La llamaron huelga de la “dignidad” y juraron “continuar hasta la restitución de la dignidad o hasta el martirio”.

Más de 3500 prisioneros están en huelga contando los que lo harán en forma parcial, incluidos 3 jordanos, 3 egipcios y 1 sirio, de un total de 4700 prisioneros y se espera que más prisioneros se sumarán a la huelga por tiempo indefinido, la más grande de su tipo en la historia del Movimiento de los Prisioneros Palestinos.

En las difíciles y muy graves condiciones de detención experimentadas por los prisioneros en las cárceles de la ocupación, brilla el movimiento nacional de los prisioneros para defender su libertad, su dignidad y sus derechos humanos, a fin de lograr sus justas y legítimas demandas:

1 - poner fin a la política de detención administrativa.

2 - fin a la política de confinamiento solitario.

3 – respeto por el derecho a estudiar.

4 - detener los ataques y las incursiones en las celdas y secciones de los prisioneros.

5 - permitir las visitas de familiares, especialmente para los prisioneros de la Franja de Gaza, privados de visitas desde hace más de 6 años.

6 - mejorar el tratamiento médico (casi inexistente) de los prisioneros enfermos.

7 - detener la política de inspección y humillación a las familias de los prisioneros durante las visitas.

8 - permitir la introducción de libros, periódicos y revistas.

9 - poner fin a los castigos individuales y colectivos.

Una huelga de hambre en una prisión israelí no es un paseo ni una fiesta. No se hace por gusto. Es un enorme sacrificio. Un acto heroico. Y un acto político a través del cual se busca llamar la atención sobre las injusticias e ilegalidades de la ocupación israelí y especialmente sobre las condiciones inhumanas a las que son sometidos los prisioneros palestinos.

Y es una demostración de la fuerza indeclinable de los espíritus libres. “A los israelíes los descoloca. No saben cómo tratar con nosotros”, dijo Hana Shalabi, todavía en recuperación de sus 44 días de huelga de hambre.

A las innumerables brutalidades y delitos a los que Israel somete a todos los palestinos -de todas las edades, todas las condiciones sociales y todas las posiciones ideológicas, dentro y fuera de la patria, sólo por ser palestinos, sólo por defender sus derechos, sólo por ejercer su derecho a la defensa de su familia, sus bienes, su cultura, su suelo patrio- dentro de las cárceles se agrega otra larga lista de brutalidades y delitos con los que el ocupante pretende impedir todo atisbo de vida digna y en lo posible destruir la vida.

Las pobres mentes de los ocupantes no han logrado comprender aún, y nunca lo lograrán, que se enfrentan a un enemigo poderoso: un pueblo arraigado en su tierra, su historia  y su cultura milenarias, su interminable amor a la libertad y su inagotable resistencia a la injusticia. Un pueblo que sabe que su lucha dura más que una vida, que lucha por algo que vale más que una vida y que prefiere morir luchando a vivir arrodillado bajo la bota irrespetuosa de unos criminales.

¡Libertad!
Continuaré escribiendo su nombre al combatir:
En la cárcel y la sala de tortura.
En la madera de las horcas.
Continuaré, a pesar de las cadenas,
a pesar de las casas destrozadas,
a pesar de las grandes hogueras,
escribiendo su nombre.  Para ver
cómo se va extendiendo por nuestra patria y crece,
y continúa creciendo,
sin parar, hasta cubrir
palmo a palmo su húmeda tierra.
Hasta ver cómo una roja libertad abre todas las puertas
mientras huye la noche,
y aplasta la luz los fustes de la niebla.
(Fadwa Tuqan)

 
 
 
 
 
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