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Socios coloniales en los crímenes de Israel
Vazy Vlazna
13 de febrero, 2014
 

“El imperialismo después de todo es un acto de violencia geográfica” Edward Said

Soy yo, o usted también ve una hebra de superioridad colonial y racismo que vincula a EEUU, Australia y Canadá con Israel?

Piense en ello. Todos ellos son ex-colonias británicas y, como Israel, tienen una vergonzosa historia de genocidio cometido contra sus pueblos autóctonos y todos ellos continúan tratando a sus pueblos originarios como ciudadanos de tercera clase.

No puedo hablar por EEUU y Canadá, pero, aparte de la 'realpolitik' y el comercio de armas, una subyacente arrogancia colonial explica en gran medida por qué mi 'civilizado' y 'democrático' gobierno australiano es cómplice en conceder impunidad a Israel para perpetrar a diario crímenes de guerra y de lesa humanidad contra generaciones de familias palestinas.

El pasado trágico y los relatos acerca de las indecibles atrocidades coloniales contra los aborígenes palestinos y australianos guardan un gran parecido y están escritas con sangre y gran injusticia.

Así como el Día de la independencia de Israel y el Día de la Nakba Palestina (que conmemora la deportación y la desposesión) son sangrientamente inseparables, el Día de Australia o el Día de la Invasión, el 26 de enero, se celebra o se lamenta, según se trate del vencedor o el vencido.

Ambos colonos, israelíes y británicos, adoptaron la doctrina de la 'terra nullius' -tierra sin dueño- para justificar sus brutales ocupaciones y su robo al por mayor de tierras palestinas y australianas. Israel se jacta de haber hecho florecer el desierto, aunque durante siglos Palestina comercializó sus aceitunas, aceite, membrillos, piñones, higos, algarrobo, algodón, dátiles, añil, alcauciles, cítricos, almendras, menta, zumaque y mucho más. En Australia los aborígenes mantenían su abastecimiento alimentario con un sofisticado manejo de la tierra con fuego.

La isla, llamada Australia por los colonos e invasores británicos, fue el hogar de casi un millón de personas de, por lo menos, 200 naciones cuyo ancestro se remonta a 60 milenios a los largo de sus espirituales canciones de la tierra para el ensueño y la creación.

Las genocidas guerras y masacres imperiales (pistolas contra lanzas) tales como las de Hawksbury, Nepean Richmond Hill, Risdon Cove, Appin, Bathurst, Port Phillip, Swan River (Batalla de Pinjarra), Gravesend, Vinegar Hill, Myall Creek, Kinroy, Rufus R, Long lagoon, Dawson River, Kalkadoon, Cape Grim, la Guerra Negra, McKinley River, West Kimberely, resistidas por combatientes aborígenes como Pemulwuy, Winradyne, Multuggerah, Yagan, Jandamarra, tanto como la hambruna y las enfermedades occidentales diezmaron a la desposeída población aborigen dejándola reducida a unos 70.000 en 1920.

Para entonces el genocidio violento fue reemplazado por el más encubierto genocidio cultural, o el genocidio de lo aborigen, a través de políticas de asimilación del gobierno destinadas a erradicar la identidad aborigen por medio de la destrucción cruel y sistemática de los vínculos con la familia, las tribus y las tierras ancestrales.

Los pueblos originarios de Australia, fueron marginados en reservas y misiones, restringidos de entrar en pueblos blancos, explotados como mano de obra esclava no remunerada, prohibidos sus idiomas y rituales sagrados, y los niños mestizos (las Generaciones Robadas) fueron arrancados de sus padres por la fuerza para su resocialización, es decir, para hacerlos 'blancos'.

En la asimilación, es donde difieren Australia, EEUU y Canadá de Israel. La asimilación de los palestinos para Israel es un anatema. El objetivo sionista es un estado judío puro, vaciado de todos los palestinos del río al mar. Que toda la Palestina Histórica sea el hogar de pueblo elegido es un objetivo que se persigue, irónicamente, con un fervor ideológico similar al de las aspiraciones de Hitler de Raza Superior y Germanización. Por lo tanto, Israel perpetra un brutal genocidio lento y un lanzamiento incesante de los palestinos al precipicio del exilio.

Hasta el Referéndum de 1967, los aborígenes eran propiedad del gobierno: “El derecho a elegir pareja para casarse, de ser legalmente responsables por los propios hijos, de transitar por el estado y socializar con los australianos no aborígenes, son sólo algunos de los derechos que los pueblos aborígenes no tenían”.

¿Suena familiar? Las políticas de apartheid de Israel, impactan de forma similar sobre los palestinos. Israel aprobó leyes racistas que imponen severas restricciones a la circulación dividiendo familias, impidiendo la reunificación familiar y obstruyendo el matrimonio de parejas que provienen de diferentes zonas. Al menos un tercio de los gazatíes tienen parientes en Israel y Cisjordania. El sufrimiento que causan en las personas tales separaciones forzadas negando a los palestinos momentos compartidos y apreciados que nosotros disfrutamos libremente, es inconmensurable... abuelos que nunca han visto a sus nietos que viven a 5 km... hijos adultos a los que se les niega el derecho de estar junto a un padre moribundo... nacimientos... bodas... funerales... todo está ensombrecido por dolorosas ausencias.

La Ley de Derechos Aborígenes de 1993, finalmente reconoció que algunos aborígenes australianos 'tienen derechos e intereses sobre sus tierras que provienen de sus leyes y costumbres tradicionales'. Pero, como la minería retumbó en tierras indígenas de ricos recursos, el colonialismo corporativo alzó su cabeza codiciosa socavando este acto histórico con la intervención del Territorio del Norte .

Fue iniciada por el gobierno de Howard en 2007 y mantenida por los sucesivos gobiernos incluyendo el de Kevin Rudd, que hizo la histórica apología de las Generaciones Robadas, aún cuando las comunidades aborígenes estaban sufriendo la humillación de la cuarentena sobre las prestaciones de asistencia social y luchando para sobrevivir en las condiciones del Tercer Mundo.

La intervención fue impuesta “con el pretexto de que bandas de pedófilos estaban operando en asentamientos aborígenes. Se enviaron tropas; se expropiaron municipios y se ignoró la ley de derechos aborígenes. Sin embargo no concluyó con ningún juicio por abuso de menores, y los estudios llegan a la conclusión de que no hubo evidencia de ningún abuso de menores sistemático.” Marcus Waters, Review: Pilger’s Utopia shows us Aboriginal Australia in 2014 [Revisión: La utopía de Pilger nos muestra la Australia aborigen en 2014]

Mientras se debatía el Plan Prawer en el parlamento israelí, el sonido del gobierno australiano salivando de envidia debe haber sido ensordecedor al imaginar el poder para desalojar, de sus tierras ancestrales, a 40.000 beduinos fastidiosos que entorpecen la expansión de Israel, o el poder para simplemente arrasar pueblos palestinos para construir asentamientos para colonos sionistas.

Conocida por su mirada letal, Julie 'Medusa' Bishop, la australiana Ministra de Exteriores, el 15 de enero hablando en nombre de su gobierno y con estilo colonial, desestimó los asentamientos israelíes como crímenes de guerra con esta vacía declaración:

“Me gustaría ver cuál derecho internacional los ha declarado ilegales”.

No luce nada bien viniendo de la ministra de exteriores de un país privilegiado con una banca en el Consejo de Seguridad de la ONU, en el cual hasta el jardinero del parlamento escuchó acerca de los Convenios de Ginebra.

Como su colega, el canalla estado de Israel, a Australia le importó un bledo cumplir sus obligaciones en virtud del derecho internacional.

Dejó de lado sus obligaciones respecto a los Convenios sobre Refugiados con su inhumana política para solicitantes de asilo en alta mar, obligando a barcos solicitantes de asilo a regresar a Indonesia, negándose a indemnizar a personas que habían permanecido en detención obligatoria por largos períodos, 'incumpliendo sus obligaciones internacionales contra la discriminación racial mediante sus políticas de intervención sostenidas por casi tres años contra comunidades aborígenes del Territorio del Norte'. El elevado número de aborígenes muertos durante la detención, el incumplimiento del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos en el asunto del prisionero en Guantánamo, David Hicks, las denuncias sin resolver sobre los agentes de la inteligencia australiana que fueron cómplices de torturas a Mamduh Habib cuando estuvo detenido en Pakistán, Egipto y la Bahía de Guatánamo, las leyes anti-motociclistas de Queensland que incumplieron las normas internacionales de juicio justo.

Luego está el actual caso en la Corte Penal Internacional contra Australia por espionaje en Timor Oriental durante las negociaciones del tratado de petróleo y gas en un presunto intento de estafar a la nación más pobre de Asia.

El terrorismo colonial, disfrazado de democracia civilizada, no sólo es perpetrado por hombres y mujeres de falsa autoridad. Ellos son los monstruos por quienes ustedes y yo votamos y sin nosotros no tienen poder. Incluso nuestra conciencia moral, inteligencia y compasión determina cómo votamos y somos sus cómplices.

 

Fuente: The Electronic Intifada
Traducción: Palestinian Chronicles

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