Enlaces   Contacto    
Portada Refugiados Ocupación Prisioneros

Artículos Reportes Entrevistas Declaraciones Documentos Galería Multimedia

Sitio de la Estrella
La Web
 
 
 
 
ARTICULOS
 
Trabajo en Israel. Del socialismo sin árabes a la precariedad para todos
Emma Mancini
1 de mayo 2014
 

Si en los años '70 los privilegios de los trabajadores se fundaban en discriminaciones contra los palestinos, hoy el libre mercado ha eliminado los derechos básicos de todos. Actividades de los sindicatos independientes.

Del sistema de bienestar a la economía liberal. El recorrido realizado por el joven estado israelí, desde 1948 hasta hoy, ha llevado en el curso de seis decenios a la creación de una fuerza de trabajo políticamente débil y a una estructura económica fundada sobre profundas diferencias entre ricos y pobres. El 'socialismo' israelí aclamado en los años '60 y '70 en Europa, no existe más: en su lugar, se ha establecido un sistema de libre mercado que hace que Tel Aviv ocupe el primer puesto en la poco honorable clasificación de países industrializados con la más alta tasa de pobreza (21% contra una media del 11%) y el quinto puesto entre los países con la más marcada diferencia social y económica.

“Como año de referencia de tal transformación debemos considerar el 1985 -nos explica Assaf Adiv, coordinador nacional del sindicato israelí independiente Wac Ma'an-, cuando el gobierno lanzó un programa de estabilización a causa de la hiperinflación de la época. Se optó por adoptar del sistema de libre mercado: desde aquel momento el estado se liberó de la responsabilidad de la protección del trabajo y de los trabajadores. Crear puestos de trabajo ya no era una prioridad del gobierno. Al contrario, la prioridad pasa a ser atraer inversiones internas e internacionales. Hemos asistido así a una liberalización radical, a una privatización salvaje fundada sobre la ausencia casi total de una reglamentación estatal”.

Tal política ha llevado en poquísimos años al derrumbe del nivel de sindicalización, que pasó del 85 al 30%. Si bien en el pasado los trabajadores israelíes estaban protegidos por contratos colectivos, un sistema público y estable de pensión y un alto nivel de seguridad sobre el puesto de trabajo, en el transcurso de un decenio se ha creado una situación opuesta: precariedad, inestabilidad, trabajo temporario, privatización del sistema de pensiones. Tomemos como ejemplo el sector de la construcción, que pasó de una estructura sumamente reglamentada a una verdadera jungla: desde 2008 hasta hoy, los años de la crisis, el sector de la construcción ha tenido un crecimiento del 55%, pudiendo absorber el 10% de la fuerza laboral israelí. ¿A qué se debe semejante resultado?

“El caldo de cultivo del boom edilicio -explica Adiv- es el de la casi completa supresión de los derechos laborales. Los sindicatos han perdido el control de las empresas y los derechos fundamentales se evaporaron a causa de la creación de un sistema de subcontratos, en el cual empresas muy pequeñas se reparten el trabajo y contratan directamente a los trabajadores, reconociéndoles una mínima parte de los derechos correspondientes. Así es que bajaron los precios, gracias a una reducción de los costos que ha pesado casi exclusivamente sobre las espaldas de los trabajadores”. Las consecuencias para la sociedad israelí sin embargo no han sido catastróficas. El desnivel económico y social entre ricos y pobres aumentó desmesuradamente y la diferencia entre centro y periferia se polarizó.

“La imagen de un Israel 'socialista', fruto de las políticas de los años '60 y '70, se eclipsó -continúa Adiv-. En el pasado el sistema igualitario de bienestar se desarrolló a expensas de la población palestina, como elemento fundante del proyecto sionista: una economía basada en la igualdad social y económica de los ciudadanos judíos y sobre la discriminación contra la comunidad árabe. Hoy incluso esto no existe más: a través de la liberalización salvaje, los dirigentes políticos israelíes han dado vida a un estado basado en la desigualdad incluso entre los ciudadanos privilegiados, es decir los judíos”.

La política económica ha terminado uniendo a los partidos políticos, la derecha a la izquierda. El partido laborista, fundador del estado de Israel y fuerza gobernante en los primeros treinta años, adoptó una visión estructural de desigualdad étnica, básicamente anti árabe y alejadísima de las políticas de los partidos socialistas europeos: “En los años '80 los laboristas, bajo la conducción del actual presidente israelí Shimon Peres -continúa Adiv-, han decidido el pasaje a una economía de mercado que ha dejado a la fuerza laboral sin verdadera guía. Desde la fundación del estado de Israel, todo derecho laboral ha fluido desde lo alto, 'concedido' por la dirigencia política. El mejoramiento de las condiciones de los trabajadores no ha sido el fruto de las luchas de un movimiento, como ocurrió en Europa. Por esta razón, cuando tales derechos se desvanecieron (en primer lugar con la privatización del sistema de pensiones), nadie ha protestado y todos han permanecido a la espera de un cambio de ruta del gobierno y de una nueva concesión de los derechos fundamentales”.

El sindicato que ha jugado un rol central es Histadrut, por decenios el único representante de la fuerza laboral como estructura subordinada al partido laborista. Nacido como soporte del proyecto sionista, ha tenido como objetivo la creación de derechos y privilegios reservados a los ciudadanos judíos, a través del control absoluto del sistema sindical. Histadrut era el único que firmaba los contratos colectivos y hasta el año 2011 impedía la afiliación a los trabajadores inmigrantes o de origen palestino. “El objetivo de Histadrut, costilla del partido laborista, ha sido durante decenios crear un mercado laboral sin árabes -explica Yonathan Balaban, miembro del sindicato israelí independiente Koach LaOvdim-. Hasta los años '80 tenía el monopolio absoluto del sistema sindical y actuaba como una dictadura: el secretario general y los dirigentes eran nombrados por el partido laborista, en esa época en el gobierno, por lo cual era profundamente dependiente de las decisiones políticas y económicas del ejecutivo”.

Las discriminaciones étnicas y de género

Uno de los aspectos centrales del mercado laboral israelí es la sistemática discriminación de la población árabe. Si bien las ley laboral no prevé ningún tipo de diferencia en la aplicación de los derechos y en las oportunidades de empleo, en la realidad una serie de factores impiden a los palestinos ciudadanos israelíes gozar del mismo nivel de vida: ante todo la exclusión anticipada de determinados sectores económicos y un salario de un 30 a un 40% más bajo respecto a empleados judíos.

“Muchos empleadores -explica Adiv- no contratan trabajadores palestinos por 'razones de seguridad': no los encontrarás en los puertos, ni en los aeropuertos, ni en las industrias eléctricas ni las militares. No hay gerentes palestinos en empresas públicas ni en las privadas. Son poquísimos los que logran convertirse en profesionales autónomos, y sólo el 5% de los empleados públicos son palestinos. La única excepción es el sector de la salud: hay muchísimos médicos y enfermeros palestinos dentro de los hospitales porque el sistema de salud nacional está muy desarrollado y necesita muchos profesionales”.

Es entonces considerable la diferencia de desarrollo económico y de infraestructura entre la comunidad judía y la palestina: excepto en las siete ciudades mixtas, la población palestina (el 20% del total) vive en ciudades y pueblos exclusivamente árabes, donde el estado evita invertir. La mayor parte de los palestinos ciudadanos israelíes reside lejos de las zonas industriales y de los centros de la economía, y se ven obligados a vivir viajando constantemente o a aceptar empleos de más bajo nivel pero cercanos a su lugar de residencia.

“Tomemos como ejemplo Nazaret, la más grande ciudad palestina en Israel -explica Adiv-. Como muchas otras comunidades árabes, no está inserta en la planificación nacional: el estado no construye zonas industriales, centros culturales y deportivos, ni universidades y no permite la extensión de los límites municipales. Es un círculo vicioso: ninguna infraestructura, ninguna inversión, por lo tanto poco trabajo”.

A la discriminación étnica se agrega la de género. La tasa de ocupación de las mujeres israelíes judías es del 55% (que baja al 25 entre las árabes), mientras que sólo el 5% de los directivos públicos y privados son mujeres. La diferencia de salario promedio, para un empleo de igual nivel, es de casi el 33% respecto al de un hombre: “Intervienen una serie de factores estructurales -explica Balaban-. Las mujeres no gozan de medios para el sostén de la familia y son a menudo relegadas a sectores considerados 'femeninos': la enfermería, el cuidado de ancianos y enfermos, la enseñanza”.

Finalmente, los inmigrantes: durante la segunda Intifada, Israel abrió las fronteras a trabajadores provenientes de Asia del Este y de África, para reemplazar la disminución de los palestinos de Gaza y Cisjordania empleados en Israel. Sus condiciones de vida son a menudo dramáticas: “Llegan a trabajar hasta 16-17 horas diarias y obtienen a cambio el salario mínimo, cerca de 500 euros -continúa Balaban-. A menudo el empleador retiene su pasaporte para impedirle presentar querella o dejar el trabajo por un empleo mejor. Viven en pequeños apartamentos, hacinados, en la periferia de las principales ciudades israelíes, y tienen el constante temor de ser expulsados: quien pierde el trabajo, pierde inmediatamente el permiso de residencia. Y quien llega legalmente, con un contrato de trabajo válido, termina después de algunos años por quedarse en el país clandestinamente porque es privado del permiso de residencia”.

Las actividades de los sindicatos independientes

Los últimos veinte años han sido escenario de una profunda transformación del sistema sindical: el derrumbe del número de trabajadores sindicalizados y la mayor precariedad han reducido el campo de acción de Histadrut, incapaz de renovarse. Por ello desde el año 2000 hasta hoy han surgido pequeños sindicatos independientes, en respuesta a la necesidad de protección de los trabajadores israelíes. Entre estos se encuentran Wac Maan y Koach Laovdim, ambos fundados con la voluntad de eliminar las divisiones étnicas en el mercado laboral. Ambos se desarrollaron entorno a una estructura lo más democrática posible, a través de la creación de un comités internos en los lugares de trabajo y en comités locales y nacionales.

Una especie de pirámide, cuya base es la fuerza laboral que elige a sus propios representantes y autogestiona los instrumentos de lucha. “En los últimos 5 años -explica Adiv- hemos reforzado nuestra presencia en muchas fábricas, en las escuelas y en el sector de la salud. Hoy representamos unos mil trabajadores, judíos y árabes. Actuamos eliminando las diferencias étnicas, convencidos de que de la lucha de los trabajadores puede nacer una nueva conciencia de clase que vaya más allá de la raza. Este año ya hemos firmado 3 contratos colectivos empresariales y estamos trabajando en otros 3”.

La historia de Koach Laovdim es parecida, nació en 2007: 13 mil trabajadores afiliados (de los cuales cerca de 400 son inmigrantes), en su mayoría docentes, empleados en empresas químicas y de limpieza, salud, asistencia de ancianos y enfermos. Cada 50 empleados se elige un representante por empresa que participa en la asamblea nacional, la entidad que firma los contratos colectivos. “Nuestro objetivo -explica Balaban- es llegar a 60-70 mil miembros, para poder lograr, incluso a través de una eventual federación con otros sindicatos independientes, un poder de contratación que nos permita sentarnos en la misma mesa con el gobierno y los representantes de los empleadores”.

 
Fuente:NENA News
 
Share |
Las opiniones vertidas en este sitio, no reflejan, necesariamente, la opinión de los editores
estrellapalestina2011(arroba)gmail.com
Se permite la reproducción total o parcial de los materiales, siempre y cuando se mencione la fuente, el autor y el traductor.
©Copyright 2006 - Derechos Reservados por La Estrella Palestina