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ENTREVISTAS
 
El Arma de la Arqueología
Entrevista al arqueólogo palestino Mahmud Hawari
Barbara Bertoncin y Erica Casanova
31-may-2013

Incluso entre los jóvenes israelíes comienzan a surgir perplejidades sobre una arqueología que parte de la narración bíblica para encontrar confirmaciones en el terreno; las críticas de la Escuela de Copenhague y el Mito de Masada; la esperanza de que también los palestinos se apasionen con su patrimonio. Entrevista a Mahmud Hawari.

Mahmud Hawari, arqueólogo, enseña en la Facultad de Estudios Orientales de la Universidad de Oxford. La entrevista fue realizada en el marco del ciclo de conferencias organizado por el Centro Interdepartamental de Estudios Balcánicos e Internacionales de Venecia, en agosto 2011.



¿Qué significa ser arqueólogo en Palestina y qué rol cumple la arqueología en la identidad palestina?

Bueno, en primer lugar soy arqueólogo, podría ser arqueólogo en cualquier lugar del mundo, en Italia, en Tuquía, en Egipto, en Iraq, en África. Quiero decir que no me he apasionado por la arqueología por razones políticas. Desde que era un joven estudiante, siempre me han interesado las antigüedades, las viejas monedas, fragmentos de vasijas... En esa época no pensaba ni siquiera en la identidad o en la política, en la pertenencia a la tierra, al patrimonio cultural u otro. Estaba simplemente interesado en la arqueología, punto. La situación se complicó cuando me inscribí en la universidad. Siendo un palestino-israelí (he nacido en 1948 en Israel) fui a una universidad israelí.

Y bien, para un palestino estudiar arqueología en una universidad israelí representa un desafío, porque continuamente hay que afrontar la propaganda sionista. Por ejemplo, el período romano se convierte en “arqueología del pueblo judío en el período romano”, y así para todos los demás períodos históricos: todo está concentrado y enfocado hacia la presencia judía en la arqueología. Y esto es muy perturbante. Tanto más porque la arqueología era constantemente mezclada con la política y la ideología. En consecuencia era imposible estudiar arqueología como una simple disciplina, sin que se involucren otras perspectivas. De todos modos, terminé de cursar el grado y me gradué en arqueología. Había también iniciado el master en la universidad israelí, pero ni bien terminé tuve que irme a otro lugar, sobretodo porque quería especializarme en arqueología islámica.

Asi que fui a Londres, donde obtuve el master y después el doctorado. Volviendo a la pregunta, puedo decir en base a la experiencia que he vivido, que ser arqueólogo para una persona con mis antecedentes, significa estar obligado a enfrentar toda una serie de temas, como la relación entre la arqueología y la política, entre la arqueología y la identidad, entre la arqueología y el patrimonio cultural.

Un arqueólogo palestino no puede prescindir de estos temas. Si hubiera vivido en otro lugar, como Italia por ejemplo, donde sólo hay algunos aspectos que se entretejen entre la política y la arqueología, hubiera sido distinto.

Decía que la arqueología en Israel es distinta a la arquología en Palestina. ¿Puede explicar?

De hecho estamos frente a una doble realidad. Tenemos la realidad israelí, donde los arqueólogos trabajan dentro de su realidad política, geo-política e ideológica. Explico, el estado de Israel es el resultado del movimiento sionista: un pueblo que buscaba una identidad, una tierra nacional, y a través del proceso de la colonización ha conquistado -y ocasionalmente comprado- un territorio del cual, gracias también a las fuerzas internacionales, ha tomado el control.

En este escenario la arqueología ha jugado un rol preciso que es diferente del que juega en muchos otros lugares del mundo, tal vez similares a otros contextos coloniales. De todos modos su función se ha convertido en la de proveer raíces al pueblo judío.

La arqueología ha sido llamada a reforzar las conexiones entre el moderno estado y el Israel antiguo que existe en las Escrituras.

Este era su rol principal. Para lograr este objetivo se concentró sobre sitios mencionados en la narración bíblica, para poder proveerlos de símbolos nacionales y para crear una nueva narración que conecte a los israelíes de hoy con el antiguo pueblo bíblico. Esta se ha mostrado, con el tiempo, como una operación problemática. No fuimos sólo los arqueólogos palestinos quienes señalamos la existencia de incongruencias. Hoy hay también arqueólogos israelíes, sobre todo jóvenes, que notan los problemas. Y hay incluso cierto número de estudiosos europeos e internacionales, historiadores de la Biblia, teólogos, historiadores y también arqueólogos, que denuncian muchos problemas en esta disciplina que se llama “arqueología bíblica”. Los primeros han sido un grupo de teólogos, de la llamada “Escuela de Copenhague”.

¿Qué tipo de críticas vienen de la Esccuela de Copenhague?

Estos intelectuales forman parte de una escuela de pensamiento que comenzó a criticar el uso de la narración bíblica como fuente histórica. Entre estos, hay estudiosos como Lemche, Thompson y Keit Whitelam, que es un arqueólogo británico. La conclusión de sus investigaciones y reflecciones es que la Biblia no ha sido nunca una fuente histórica y que no debería ser usada como tal por la arqueología. Podría ser usada para encuadrar el ambiente de un período, pero ciertamente no como fuente histórica.

Cuando digo “arqueólogos bíblicos”, no hablo sólo de arqueólogos israelíes, sino que me refiero también a todos aquellos arqueólogos europeos y americanos que efectivamente han adoptado la noción de arqueología bíblica.

Como decía, también entre los arqueólogos israelíes se ha comenzado a criticar la arqueología bíblica y a adoptar algunas de las ideas de estos teólogos de la Escuela de Copenhague.

¿Por qué Israel tenía necesidad de la arqueología bíblica?

Era el único modo para justificar el propio proyecto de asentamiento colonial en Palestina. Desde el inicio, a fines del siglo XIX, el objetivo del movimiento sionista era permitir a los judíos 'volver' a Palestina y construir su estado nacional, y para hacer esto eran necesarias justificaciones históricas. Y bien, la arqueología ha jugado exactamente este rol: ha provisto justificaciones para el proyecto sionista.

Ahora, por muchos estudiosos de todo el mundo, la arqueología bíblica es considerada parcial y poco objetiva, porque en arqueología nosotros exploramos, hacemos búsquedas, trabajamos sobre el terreno y después analizamos los resultados y sacamos conclusiones. Somos ayudados por las fuentes históricas. Mientras que en la arqueología bíblica, se toman las fuentes históricas y se intenta adaptarlas a los resultados de la excavación. Es decir, los arqueólogos bíblicos parten de una teoría y buscan las pruebas que la confirmen.

Usted sostiene que Masada es uno de los ejemplos más significativos de esta perspectiva...

De Masada tenemos no sólo la fuente bíblica, sino también una fuente romana, Flavio Giuseppe [1], que ha escrito su historia de fines del primer siglo después de Cristo, informando lo que había escuchado decir respecto de Masada esto es, que los judíos se habían encerrado dentro de una fortaleza para defenderse de la Décima legión romana. Pero se trataba de un mito. El arqueólogo que excavó el sitio, Yigael Yadin, sin encontrar muchas pruebas que apoyen el mito, las ha inventado. Por ejemplo, los únicos esqueletos encontrados eran los de dos monjes, mientras que debiera haber hallado los huesos de centenares de miles de personas sacrificadas. En consecuencia, sobre el terreno no han sido encontradas las pruebas que fundamenten esta historia. Masada devino en un mito gracias a la construcción de pruebas que acordasen con las fuentes históricas.

Lo mismo se ha hecho en Jerusalén. Según las narraciones bíblicas, David y Salomón construyeron el llamado Primer Templo. Bien, después de ciento cincuenta años de búsquedas arqueológicas en Jerusalén no se ha encontrado nunca nada, y sin embargo el sitio de la Antigua Jerusalén es llamado por los israelíes la “ciudad de David”. Han creado una nueva mitología, como si Jerusalén hubiese existido en los tiempos de David y Salomón. Han creado un “parque arqueológico” que querrían expandir en detrimento de las casas palestinas circundantes. La zona ha sido subcontratada a una organización de extrema derecha israelí que actualmente está excavando el sitio, para buscar la llamada “ciudad de David”: así ha sido redenominada la superficie ocupada por el pueblo palestino de Silwan, que se encuentra apenas fuera de la ciudad vieja de Jerusalén.

Han sacado a centenares de familias palestinas de sus casas; todo con el apoyo del estado de Israel, del ejército y la policía.

Aquí tenemos un ejemplo muy claro de cómo la arqueología es usada no sólo por motivos políticos sino también ideológicos.

Muchísimas familias palestinas han sido expulsadas de la zona y ha sido ya planificada la expropiación de unos ochenta edificios más: miles de personas perderían su casa... para crear, de este modo, “realidades coloniales” sobre el terreno y continuar una verdadera limpieza étnica. En este caso la arqueología se convierte en un instrumento en manos del colonialismo, en detrimento de los palestinos que viven en estos lugares desde hace siglos.

Para los palestinos la arqueología es una cosa completamente diferente...

Como palestinos, en general, no tenemos necesidad de la arqueología para probar que estamos desde hace milenios en Palestina. Nuestras raíces en esta tierra son muy profundas, por lo cual no tenemos necesidad de que la arqueología aporte justificaciones a muestra presencia aquí. Por eso la arqueología que se enseña en las universidades palestinas, es practicada sobre el terreno por nuestro Departamento de Antigüedades, no hay preconceptos ni prejuicios histórico-culturales. Nosotros, como arqueólogos palestinos, entendemos la arqueología en su totalidad, estamos interesados en todos los períodos históricos: la Edad del Bronce, del Hierro, el Período Romano, Bizantino y también la arqueología islámica, sin particulares preferencias. Pensamos que la historia de nuestro país nos pertenece desde los albores de los tiempos hasta hoy. En la universidad de Birzeit enseñamos arqueología con un enfoque inclusivo, holístico, esto es considerando el patrimonio completo del país, porque todas las culturas han contribuido a crearlo: incluso la cultura y la historia de los hebreos forman parte de la nuestra.

Esta diferencia se refleja incluso en el modo en el que trabajan los dos Departamentos de Antigüedades, el israelí y el palestino. En Israel, tanto se trate de conservar o de restaurar los hallazgos arqueológicos, la elección recae siempre sobre sitios en Israel, sobre los llamados sitios “judíos”, mientras que en Palestina la elección no se funda jamás sobre razones étnicas o sobre la predilección por una cultura.

Por ejemplo, en el antiguo sitio de Jericó, donde actualmente estoy trabajando, el Departamento Palestino de Antigüedades está haciendo intervenciones en el sitio de Tell es-Sultán, que data de hace unos diez mil años, en el palacio Hisham, un palacio del siglo VIII, del primer período islámico, y sobre dos sinagogas, que se remontan una al siglo VI y la otra al siglo VII, donde ha sido restaurado el piso de mosaico. Por lo tanto la elección es, en definitiva, entre trabajar con un enfoque científico o con un enfoque político-ideológico. Por esto ser un arqueólogo palestino constituye un gran desafío, para mi especialmente, por haber nacido y crecido en Israel.

¿Cómo influye sobre esto el turismo?

Bueno, en primer lugar, después de más de sesenta años de existencia del estado de Israel, la arqueología israelí ha reforzado muchos mitos, como el de la ciudad de David, de Masada y de otros sitios relacionados con la Biblia, actualmente sometidos a excavaciones o accesibles al público, que son señalados en los mapas de los itinerarios turísticos, en las guías, folletos y todo lo demás.

La arqueología israelí ha creado este cuerpo mitológico que ha sido explotado por el turismo. Por lo tanto a las personas que van desde Europa a visitar los sitios arqueológicos se les presentará el siguiente itinerario: llegarán al aeropuerto de Tel Aviv luego de lo cual irán a Jerusalén, visitarán la Ciudad Vieja y el Monte del Templo.

Pero, el “Monte del Templo” es el Monte Moria y este es el sitio de la Cúpula de la Roca en el predio de la Mezquita de Al-Aqsa. Allá por lo tanto no hay ningún templo. Pero los turistas, cuando van a la Ciudad Vieja de Jerusalén, piensan que van a ver el Templo. Por otra parte, los guías turísticos cuando los acompañan les explican: “Este es el lugar donde se levantaba el Templo y aquel edificio, la Cúpula de la Roca, es donde se encontraba el Sancto Sanctorum [el lugar más santo] y donde Herodes construyó su torre y aquí es donde se realizaban todos los rituales del templo”. Los guías hablarán largamente del templo que fue construido por Salomón y luego reconstruido por Herodes... y ciertamente, paseando, dedicarán también algunas palabras a la Cúpula de la Roca, que es uno de los edificios más bellos del mundo.

Yo he escuchado a menudo a estos guías turísticos y he quedado estupefacto por cómo -ignorando o negándose a ver lo que se ve- ha sido creada una verdadera industria turística basada en la mitología.

Todo este rico patrimonio cultural, arquitectónico, que representa más de mil años de desarrollo del arte y de la arquitectura islámica, es literalmente ignorado. Aunque esta zona sea un verdadero museo de arte y arquitectura islámica, la hora transcurrida en ella se quema hablando del Templo. Y lo mismo ocurre con el resto del itinerario. Porque naturalmente los turistas visitarán la Iglesia del Santo Sepulcro pues es importante para los cristianos y después la Iglesia de la Natividad en Belén, y también irán a Jericó a visitar Tell as-Sultán donde Josué cincundó la ciudad e hizo sonar las trompetas que provocaron el derrumbe de los muros... Un completo itinerario construido alrededor de la narración bíblica.

Y lo mismo ocurre cuando se va a Megiddo, que existió desde la antigua Edad del Bronze hasta la tardía Edad del Hierro, un sitio arqueológico al norte de Palestina, que es presentado como la ciudad de Salomón. Una vez más, nos encontramos solamente frente al relato bíblico, y no frente a una reconstrucción científica. Entonces la industria del turismo gira entorno a los sitios bíblicos, si no al 100%, ciertamente en la mayor parte. De hecho muchas empresas turísticas están fuertemente involucradas en esta operación ideológica. Naturalmente existe también el turismo de los peregrinos cristianos, y también ello es puesto en relación a la narración bíblica.

¿Pero el pueblo palestino, dadas las difíciles condiciones en las cuales vive, se interesa por la arqueología?

No, no hay mucho interés, sobre todo si lo comparamos con el interés que manifiesta el pueblo israelí. Sí, ciertamente, tenemos nuestros intelectuales, hay personas interesadas en la arqueología, pero la mayor parte de los palestinos están demasiado preocupados con los problemas de su vida cotidiana.

La arqueología ha sido siempre vista como una disciplina iniciada y desarrollada por los israelíes, por lo cual son sospechosos. Esta actitud resulta muy negativa, ya que muchos palestinos que viven en el campo roban los sitios de antigüedades porque piensan que están relacionados con Israel y los israelíes.

La propaganda sionista e israelí ha sido tan potente que incluso los palestinos han comenzado a pensar como si Palestina fuese habitada por los judíos y que nosotros hemos llegado mucho más tarde!

Por eso roban los objetos, porque creen que forman parte de la ocupación y de la colonización israelí. Y es un problema, nosotros debemos deconstruir toda esa propaganda desarrollando una nueva forma de conciencia: debemos comprender que esta es nuestra cultura, nuestro patrimonio cultural, y por lo tanto debemos protegerlo.

Nuestro trabajo de arqueólogos, en este sentido, es muy difícil porque debemos convencer a las personas de la necesidad de proteger un patrimonio cultural que es nuestro y no de ellos.

Así que la arqueología en Palestina seguramente no constituye una prioridad, las personas se apasionan mucho más con otros proyectos. Pero las cosas están cambiando: aunque lentamente cada vez más personas estan volviéndose concientes de la importancia de su patrimonio cultural, no sólo respecto de la arqueología. De nuestra cultura forman parte también el tejido y el bordado, nuestra arquitectura, la vida en los pueblos, nuestras tradiciones, nuestro paisaje!

Se trata entonces de una misión difícil, pero debemos cumplirla.

 
 
 
 
 
Fuente: Caterina De Gavoi-Facebook
Traductor: Bea Esseddin / mayo-2013
Original: http://www.unacitta.it/newsite/intervista.asp?id=2168 [agosto-2011]
 
 
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