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Sumud
Palestina, 2018
Cortometraje documental, 13:49 min.
Producción: Asociación Al-Haq
 

Sumud (persistencia eterna, en árabe) es una niña palestina que vive en una aldea, al norte del Valle del Jordán, sometida a las constantes agresiones del ejército de la ocupación israelí. Ella y sus padres, describen su estilo de vida y cuentan la historia de la aldea, que representa la historia de todas las aldeas palestinas sometidas a la ocupación y su política de limpieza étnica desde 1948.

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Sumud: “Lo que me gusta de Al-Hadidiya es su aire fresco, su atmósfera limpia. Me gusta la gente de aquí, me gustan los árboles. Aquí hay calma. No hay ruidos como en otros lugares, donde siempre hay alboroto y ruidos de autos. Es mucho mejor aquí”.

Ruqaya Bisharat (madre de Sumud): “Vivimos aquí desde que nacimos. Vivimos aquí, nuestros padres vivieron aquí antes que nosotros y aquí murieron y aquí permanecimos. Nuestros hijos formaron sus familias y nuestras hijas se casaron, y nosotros nos quedamos aquí”.

Abde-Rahman Bisharat (padre de Sumud): “La vida rural y la cría de ganado es la libertad absoluta. Si trabajara en una empresa, no podría mantener mi trabajo en caso de enfermarme. Criando ganado eres dueño de tu libertad”.

Ruqaya: “Cultivamos la tierra a nuestro alrededor, donde pasta nuestro ganado. No trabajamos para otros, ni en asentamientos ni en ningún otro lugar”.

Sumud: “Tengo un gato, un perro, gallinas y palomas. Las gallinas son útiles, nos dan sus huevos. El gato duerme en mi falda por la noche y juega conmigo. El perro me protege y disfruto mirando las palomas volando por el cielo”.

Abde-Rahman: “Me levanto a la madrugada, bebo té antes del amanecer y voy a controlar mis cabras. Mi esposa y mis hijos ordeñan las cabras y alimentan a los chivos. Después controlo los árboles, si necesitan agua, los riego. Si no, salgo a cultivar la tierra con un tractor. Si mis hijos están ocupados, hago pastar al ganado también. Tenemos una vida hermosa.

“Nuestro estilo de vida rural no es lo que hace difícil nuestra vida. La ocupación la hace difícil. Desde la década de 1990 vivimos bajo gobierno militar. El ejército israelí hace todo tipo de experimentos con nosotros, incluida la matanza de nuestras cabras y vacas, confiscación de ganado, acoso a los pastores llevándolos a tribunales militares e imponiéndoles multas, y lo peor de todo, la imposición de su política de demolición de casas, que empezó en 1997. Desde que empezaron a construir asentamientos coloniales sobre nuestras tierras, y desde que la política israelí convirtió nuestras tierras en tierras para sus colonias y zonas de exclusión para sus colonias, nosotros empezamos a enfrentar problemas relacionados con las colonias.

“En 1971 construyeron la colonia Beqaot. Aquí somos todos pastores. Desde entonces, cualquier pastor que va a cualquier parte cercana a la colonia es hostigado. Recuerdo a un pastor que llevó a pastar a su ganado cerca de la colonia y los colonos israelíes le robaron sus ovejas. Lo escuché preguntar a los colonos: “¿Por qué llevan mis ovejas? ¿Las están robando?” Y los colonos le respondieron que sus ovejas atraían a las moscas.

“El oficial aquí se llama Moshe Sevan y suele dirigir campañas contra el ganado y los pastores. Golpea a las cabras y tiene la costumbre de atropellarlas con su vehículo. Pero las fuerzas militares lo respaldan y él hace falsas acusaciones contra nosotros. Nosotros negamos las acusaciones pero creen en su palabra y no en la nuestra. A tal punto que una vez yo estaba restaurando un pozo de agua, en cooperación con el Grupo Hidrológico Palestino, el único pozo en 25 metros a la redonda de mi casa, y él vino con el ejército e impidió a la organización, sus operarios y al contratista, continuar el trabajo.

“La colonia Roi está justo en el medio de nuestra comunidad. Dividieron la tierra que usamos para el pastoreo, convirtieron los campos circundantes en todas zonas prohibidas. Hacia el sur, instalaron la base militar Samra. Al oeste, las viñas de Roi y al este instalaron la base militar y la colonia Hamadat. A cualquiera que se acerque a estas zonas le disparan.

“La vía de salida de Al-Hadidiya es la ruta que la conecta con Tammun y Atuf, ahora está clausurada por Roi. Entonces ahora tenemos una sola entrada desde Makhul, que es un camino de tierra. Con la primera gota de lluvia, quedamos prácticamente bajo toque de queda. Recubrimos el camino de tierra con ripio recolectado en la montaña, para poder usar el camino cuando llueve. Pero lo quitaron con excavadoras y formaron montículos de tierra a los lados del camino”.

Sumud: “Me levanto, me cambio de ropa y voy hacia el camino. Mi ropa se ensucia por caminar sobre el barro, especialmente mi uniforme escolar. El blanco y azul se pone negro”.

Ruqaya: “Dos veces este año Sumud me dijo que no quiere ir a la escuela en invierno porque las otras niñas se burlaban de ella por su ropa sucia. Le dije que les explique que vivimos en una zona alejada y que nuestra ropa y nuestra casa están a veces más limpias que las de ellas.

“Al-Hadidiya fue demolida siete veces. Llegaron temprano por la mañana cuando yo estaba preparando el pan para hornearlo. Probablemente todos los demás estaban durmiendo todavía. Después vimos los jeeps viniendo desde la colonia. Se desplegaron y rodearon nuestra casa.

“Ni siquiera nos dejaron llevar nuestras pertenencias más necesarias, como la cocina a gas y el televisor, que destruyeron. Llegaron cuando el pan estaba en el tabun [horno de barro]. No me dejaron siquiera terminar de hornear el pan. Destruyeron el horno y lo amontonaron con las piedras”.

Sumud: “Incluso nuestras palomas murieron dentro de la casa y ellos aplastaron sus huevos. Los pichones también murieron. Algunas palomas pudieron vivir, otras murieron. Algunas de las más grandes pudieron escapar. ¿Pero cómo van a volar los pichones? No tienen plumas. Cuando vi la casa demolida, empecé a preguntarme si mis gatos, que estaban dentro, estaban vivos o muertos”.

Ruqaya: “Durante 16 días nos vimos forzados a vivir a la intemperie, bajo la lluvia y la nieve. Reconstruimos nuestras cabañas tres veces, y cada vez volvieron a destruirlas. Tuve que usar una lámina de plástico como alfombra y para cubrir a mis hijos para dormir. Vinieron los soldados, sacaron a empujones a mis hijos del plástico y también lo confiscaron. Traté de construir algo simple para poder cambiarnos la ropa en privado. Sumud preguntó si iba a tener que seguir cambiándose la ropa delante de todos. ¿Qué voy a hacer?”

Sumud: “Tengo un gato que lo crié desde que era pequeño. Le daba leche todos los días. Cuando demolieron nuestra casa estaba lloviendo y como no teníamos dónde dormir, se fue a buscar otra casa. Así fue, me dejó”.

Abde-Rahman: “16 familias viven hoy en Al-Hadidiya, incluyendo 4 nuevas familias que llegaron desde Al-Khalil. Es decir que hay sólo 12 familias originarias de aquí. En 1997, cuando Israel inició su política de demolición de casas, Al-Hadidiya tenía 54 familias con más de 200 residentes. Antes de 1967 había más de 300 familias. Se quedaron aquí bajo el estatus político que teníamos antes de 1967. ¿Cuántas familias hubiéramos tenido aquí hoy? Tendríamos más de 1000 familias y más de 7000 residentes. Esto es más que la población de Bardala, Ein Al-Beida y Kardala juntas. Pero hoy la población es de solo 112 personas, incluidas las familias que vinieron de Al-Khalil.

Nunca nos rendiremos, porque nuestras raíces están aquí. Un ciudadano sin patria es como un árbol sin raíces”.

Ruqaya: “La llamamos Sumud para que pueda mantenerse aquí resistiendo.

Sumud: “Sumud… La firmeza de la patria”.

 
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