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Testigos de Al-Nakba: Ismail Shammut
Líbano, 2002
Entrevista, 5:26 min.
Realización: Diana Allan/ Nakba Archive
Con traducción al español
 
Ismail Shammut (1930-2006), destacado artista plástico palestino, habla acerca de la expulsión de su familia de la ciudad de Al-Lydd, distrito de Al-Ramla, en una entrevista realizada en el campamento de refugiados palestinos de Ein El-Helweh, en Líbano. Aquí, su testimonio:
 

“El ultimo día, 13 de Julio de 1948, sentimos gritos de una multitud que pasaba caminando. Nos dio miedo y nos asomamos a ver por la ventana. Y vimos toda esa gente pasando.

Escuchamos golpes de armas contra nuestra puerta. Abrimos. Eran soldados israelíes que nos decían “afuera, afuera”, “todos afuera”. “¿A dónde?”, dijimos, “afuera, afuera, todos afuera”.

Así que salimos de la casa y nos unimos al río de gente que caminaba por la calle. Caminaban en dirección a la plaza principal de Al-Lydd, Nawair se llama, así le decíamos.

Como nosotros, la mayoría de la gente creía que esto sería como lo que ocurría en la época del mandato británico. Parecido a lo que ocurría durante la revuelta palestina contra los británicos, entre 1936 y 1939, y después. Los británicos reunían a toda la gente en un lugar, pero no usaban esta técnica de golpear las puertas de las casas. Sino que desde la calle, con altavoces, daban la orden de salir de las casas y de reunirse en una plaza en particular. La gente imaginó que esto sería así. Pensamos que mientras nos mantenían en la plaza, los soldados israelíes entrarían a las casas a buscar armas o rebeldes, tal como hacían los ingleses, y que al final del día nos dirían que regresemos a nuestras casas.

Esta vez no fue así.

Nos reunieron en varias partes de Lydd, dejándonos sólo una ruta por la que salir. Estábamos rodeados por sionistas armados y nos ordenaron salir por esa ruta, hacia el este.

Pasamos por el centro de Lydd. Con mis propios ojos vi comercios que habían sido asaltados y saqueados. Las ventanas estaban rotas y, adentro, todo revuelto. Vimos cuerpos de mártires a lo largo del camino.

Hacía cada vez más calor, eran las 10 de la mañana cuando empezamos la marcha. Hacia la salida de Lydd había una huerta que pertenecía a la familia Hasuni. Mi hermano menor estaba sediento, así que les dije a mis padres que conocía una huerta y que tal vez podría conseguir agua allí.

Vi soldados a lo largo del camino, cada diez o veinte metros más o menos. Así que me deslicé con cuidado hasta donde estaba el pozo. Encontré un recipiente donde llevar el agua. La gente empezó a correr hacia mí cuando vieron el agua. Todos querían agua.

En ese momento, cuando regresaba hacia donde estaba mi familia, un jeep vino hacia mí, acelerando. Un teniente salió del jeep y me puso un revólver en la cabeza.

“Echa el agua al suelo”, me dijo. Y yo, por supuesto, obedecí, ¿qué otra cosa podía hacer con un revólver en la cabeza? Me olvidé del agua, me olvidé de todo. Por supuesto, derramé el agua. Gracias a Dios no me disparó. “Vete”, me dijo. Y volví con mi familia. Y seguimos caminando…

 
 
 
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