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Cien años de lucha palestina: Lecciones para trazar el futuro de Palestina
Conferencia “El impacto de la Primera Guerra Mundial sobre Palestina”, Londres, 8 y 9 -nov- 2014
Salman Abu Sitta
12 de julio 2017

1936. Gran Revuelta

Luchar durante cien años por su pura y simple supervivencia en su propia patria, es mucho tiempo para un pueblo. Los palestinos lo están haciendo. Y no muestran signos de rendición. Es imprescindible que hagan un balance de lo ocurrido y lo que ocurrirá.

La destrucción de Palestina y el establecimiento de Israel sobre sus ruinas, es una experiencia única en la historia del mundo. Este extraordinario proyecto colonialista superó con creces los límites, los métodos y la duración de un típico proyecto colonialista. Ha recurrido a varias características, muy raramente combinadas en otros proyectos.

Por un lado, usó las creencias religiosas de una minoría de la población mundial como justificación para desarraigar a la mayoría del pueblo del país colonizado. Para hacerlo, se basó en dos supuestas fobias religiosas.

La primera: Que el antisemitismo es endémico en Europa y no hay manera de que los judíos sean aceptados allí. Y que la solución debe estar en un lugar lejano, preferiblemente con el que los judíos puedan tener alguna relación. El sionismo sostuvo que la principal razón para colonizar Palestina fue escapar a la persecución por parte de los europeos en Europa. Esto no tiene nada que ver con los palestinos.

La segunda: Que la resistencia de los palestinos al colonialismo se debe a su odio a los judíos, por motivos religiosos, según las enseñanzas del Islam. Así el sionismo instigó el terror al Islam y congregó el apoyo de los cristianos que mantienen el espíritu de los cruzados, convietiéndolo en islamofobia. He aquí el contexto israelí de la resistencia palestina contra Al-Qaeda, Daesh y Boko Haram.

El sionismo no pudo haber saltado por encima de la historia y la geografía sin armar una gran bolsa de mitos, tales como que Dios dio Palestina a los judíos, que Palestina es una tierra sin pueblo, que los palestinos nunca existieron en Palestina, sin importar la anomalía de la expresión. No hay palestinos en el país, dicen, sólo pastores nómadas que pasaron por allí y se fueron. Estas fueron las palabras exactas de Ruth Kark, profesora de la Universidad Hebrea, en su opinión "experta" ante un tribunal israelí.

La negación de los derechos de los palestinos en su patria fue implantada primero por el gobierno del mandato británico, en cínica infracción a su compromiso de respetar la "sagrada confiaza de la civilización", según consta en el Art. 22 de la Carta de la Sociedad de las Naciones. Ya en 1920, Gran Bretaña impidió a los palestinos formar un Consejo Nacional de Representantes, siendo la mayoría en el país.

Cuando los palestinos protestaron contra la Declaración Balfour y la masiva inmigración judía, Gran Bretaña recurrió a la fuerza más brutal para reprimir la Gran Revuelta de 1936 a 1939. Con ello desmembró completamente la sociedad palestina. Por lo tanto, el año 1939 puede ser considerado el año de la Nakba causada por Gran Bretaña.

El sionismo retomó el hilo y cometió una serie de masacres, expulsiones, desarraigo de personas, confiscación de sus propiedades, saqueos y rapiñas, demolición de casas y pueblos, en una campaña que comenzó en 1948 y continúa hasta hoy, siete décadas después. Esto se convirtió en la práctica habitual de Israel como la única vía para conservar y mantener su dominación de Palestina y su pueblo.

El proyecto colonialista sionista es anacrónico. Entró a la historia del siglo XIX en el momento en el que el colonialismo europeo plantó su semilla pero se perdió la temporada de cosecha. Después de la segunda guerra mundial, cuando soldados colonialistas hicieron sus maletas y volvieron a Europa, dejando atrás países asiáticos y africanos independientes, en ese mismo momento, soldados judíos, veteranos de la segunda guerra, se abatieron sobre Palestina para ocuparla y desarraigar a su pueblo.

Si las potencias colonialistas occidentales sintieron que su temprana aprobación del proyecto colonialista sionista fue un error, incluso un crimen, no lo demuestran en absoluto. Justo después de 1948, cuando la destrucción de Palestina y el desarraigo de los palestinos fueron evidentes para todos, Occidente, en su Declaración Tripartita de 1950, hizo una advertencia a los países árabes para que no revirtieran este proceso. Desde entonces, Occidente, no sólo se negó a reconocer su responsabilidad por el pecado original, sino que continuó cometiéndolo hasta hoy, a través de las guerras de 1956, 1967, 1973, 1982, 2002 y la serie de guerras contra Gaza, para respaldar a Israel, militarmente, políticamente, financieramente y mediáticamente. Incluso cuando la opinión pública británica votó decididamente a favor de Palestina el mes pasado [octubre 2014], el primer ministro británico declaró que esto no cambiaría la política de su gobierno.

Todo esto es muy evidentemente contradictorio con los principios creados por los mismos países colonialistas, 51 Estados, en su mayoría occidentales, que formaron las Naciones Unidas en 1945. Después de dos devastadoras guerras, Europa reconoció que el derecho, y no la guerra, debe ser el árbitro legal entre las naciones. Lo que quisieron decir es que el derecho se aplicaría a Europa, no a los países previamente colonizados que ahora constituyen la mayoría de los Estados miembros de la ONU. El Consejo de Seguridad fue creado para protegerse contra la extención de este privilegio a las naciones más pequeñas.

En la redacción de su Carta, Naciones Unidas aboga por los derechos humanos y la justicia. E incluso inspiró una larga serie de cartas y convenios que abarcan diversos ámbitos de la problemática mundial. El 10 de diciembre de 1948, emitió la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y al día siguiente su primera aplicación: la conocida resolución 194 que pide el retorno de los refugiados palestinos.

Poco después, el IV Convenio de Ginebra de 1949 fue aprobado por muchas naciones. A esto le siguieron otros pactos internacionales y regionales que defienden los derechos humanos, los derechos civiles en tiempos de guerra, los derehos de los refugiados, las mujeres y los niños, y prohíben el colonialismo, el racismo y el apartheid.

Casi todos los artículos de toda esta colección de enunciados jurídicos, en encomiable impulso hacia un mundo más civilizado, fueron desacatados por los sionistas en Palestina. Las potencias colonialistas occidentales han marginado a empujones sistemáticamente la amontonada lista de leyes internacionales que crearon, y respaldaron a Israel en su violación.

Por lo tanto, Israel es como una pirámide invertida, parada sobre su ápice con su ancha base por encima. No puede mantener esta precaria posición sin una mano fuerte y firme que la sostenga. ¿Cuánto puede durar esto? Eso no necesita respuesta.

Todo lo anterior indica que el proyecto sionista a la larga fallará. ¿Por qué? Hay dos factores.

Primero: El sionismo tiene sus propias semillas de destrucción. Segundo: La capacidad palestina para resistir no tiene límite.

A pesar del poder militar, económico y político, Israel es una creación artificial sostenida por el cordón umbilical de madre Occidente. Su población de 6 millones de judíos es la mitad de la población palestina de 12 millones. La mayoría de los judíos viven en el 17% de Israel y una pequeña parte, el 2%, ocupan el inmenso territorio de los refugiados. Según un reciente estudio del [periódico israelí] Haaretz, Israel está "desgarrado por colosales problemas de identidad" y no logró crear "una hegemonía ideológica y cultural monolítica". El estudio propone poner en cuarentena a sus diversas comunidades en 12 provincias autónomas. El propio presidente, Rivlin, admitió que Israel es una sociedad enferma que necesita tratamiento. Aproximadamente 750.000 dueños de pasaportes israelíes viven en el extranjero. Muchos judíos, especialmente alemanes en su campaña Aliyah le Berlin [Éxodo a Berlín], solicitan restablecer su ciudadanía original. Las atrocidades israelíes en Gaza alejaron a muchos jóvenes judíos en Europa y EEUU. Se unieron a campañas como BDS [Boicot, Desinversión y Sanciones] y SJP [Estudiantes por Justicia en Palestina] y Voces Judías por la Paz.

Pero eso no es suficiente. Las creaciones artificiales pueden durar mucho tiempo si son alimentadas constantemente. Esta alimentación debe ser extinguida.

Los palestinos, por otro lado, víctimas del proyecto sionista, tienen su propia e inherente reserva de fortaleza. Durante unos 100 años, desde que Allenby tomó Beersheba [Bir As-Sabaa], el 31 de octubre de 1917, y Balfour hizo su infame declaración, dos días después, los palestinos siempre se han resistido al sometimiento.


1987. Intifada de las Piedras

En este período los palestinos han aumentado de 1 millón a 12 millones. Hoy casi la mitad de ellos están dentro de la Palestina histórica y la otra mitad alrededor de las fronteras de Palestina, y sólo alrededor de 1 millón están en otros territorios, en países árabes y extranjeros. Este último grupo, en su dispersión, retrata una irónica inversión de las rutas judías. Crearon una presencia y grupos de presión en los mismos países colonialistas que llevaron a los judíos a su tierra.

En alrededor de la mitad de los últimos 100 años, la población urbana de Palestina proveyó la dirigencia política y cultural del movimiento nacional palestino. La población rural formó el ejército de la resistencia en 1936, 1948 y después de la Naksa de 1967. Esto último llevó al surgimiento de la Revolución Palestina, liderada por Yasser Arafat, que dio a Palestina un asiento en las Naciones Unidas. La población rural, que ahora constituye la mayor parte de los refugiados registrados en la UNRWA, sigue siendo el combustible de la resistencia.

Las tres recientes guerras contra Gaza, especialmente la última, en agosto de 2014, mostraron sin lugar a dudas el espíritu resistente de los palestinos contra los salvajes ataques israelíes, un espíritu que iguala, cuando no supera por varios puntos, al de Stalingrado y el levantamiento de Varsovia. La cohesión social, los lazos familiares, la negativa a rendirse y la determinación a mantener a raya al enemigo, que arrojó su furia contra una población mayormente civil, son rasgos raros en la historia de las naciones.

Pero no todo es buena noticia.

Desde el desastroso Acuerdo de Oslo y el menoscabo de la OLP, los palestinos están geográficamente fragmentados y cada comunidad desarrollándose por separado en ausencia de la fuerza unificadora de la OLP.

Los palestinos en Jordania, la comunidad más grande fuera de Palestina, adquirieron un modo de vida con el régimen. En Siria, son perseguidos por el régimen y sus oponentes. En Líbano, les imponen restricciones al movimiento y el trabajo. Los palestinos en Israel, luchan por el reconocimiento a su identidad y son tratados como ciudadanos de segunda clase. En Gaza, se mantienen erguidos aunque el bloqueo consume su energía.

Pero es en Cisjordania donde están en peores condiciones. La fragmentación excedió la geografía y penetró en la vida cotidiana. Ahora están reducidos a buscar la supervivencia económica del hogar, atrapados por préstamos fáciles. El dinero de los donantes creó la fuerza policial de la AP [Autoridad Palestina] de 175.000 efectivos para reprimir toda resistencia contra Israel y creó el impresionante número de 2.750 ONGs, para domar a los palestinos y persuadirlos para que acepten la ocupación israelí. Convertir a los palestinos en colaboradores contratados a cambio del pan de cada día es la más siniestra manifestación de los Acuerdos de Oslo. Pero estoy seguro que el pueblo de allí, descendientes de la Gran Revuelta de 1936, tomará el control pronto.

Aparte, tenemos aproximadamente un millón de palestinos lejos de Palestina, en la diáspora. Están a salvo de la persecución política y las dificultades financieras. Poseen una gran reserva de conocimientos. Ellos son hoy la fuerza ideal para desencadenar una nueva reforma. Es aquí por donde debemos comenzar.

Los refugiados palestinos constituyen los dos tercios del total de los palestinos. Son el mayor porcentaje de gente desarraigada en el mundo. Su desarraigo es la esencia del conflicto con el sionismo. El Acuerdo de Oslo, sus secuaces y discípulos, enterraron el núcleo del conflicto. Aquellos que ignoran a dos tercios de los palestinos no tienen derecho ni legitimidad para representar al tercio restante.

Por lo tanto, vuelvo aquí a llamar, como lo hice durante la última década, a formar el Consejo Nacional por los Refugiados Palestinos, para salvaguardar, defender e implementar el Derecho al Retorno. Este Consejo será una parte integral de la OLP y un bloque político dentro del CNP [Consejo Nacional Palestino].

Lamentablemente la resistencia palestina, su capacidad de resistir, su determinación y capacidad para amortiguar desastres, no fue igualada por un liderazgo sagaz, eficiente o confiable. Algunos líderes, en los últimos 100 años, tuvieron una o dos de estas cualidades, pero no todas. El actual liderazgo no tiene casi ninguna. En esto es prioritario un cambio.

Los pueblos árabes siempre han apoyado la causa palestina, y permanecen apoyándola. Sin embrago, los gobiernos árabes no salvaron a Palestina del colonialismo sionista ni salvaron a sus propios países de la expansión israelí.

En el frente militar, no hay un sólo país árabe que haya luchado por Palestina, excepto en el breve período de 1948 en el que entraron a Palestina a salvar a los palestinos y terminaron perdiendo Palestina. Las fuerzas árabes estaban desunidas y eran ineficientes. Entraron a Palestina cuando estaba presente el 94% de sus propietarios palestinos y la dejaron cuando sólo el 22% permanecía. Israel ahora controla el 100% de Palestina más los Altos del Golán sirios, partes del sur de Líbano y con limitada soberanía, el Sinaí egipcio.

En el frente político, los gobiernos árabes sustituyeron su fracaso en el campo militar por una encendida devoción verbal hacia la causa palestina. Esta devoción pronto retrocedió hasta ver a Palestina como una pesada carga, que había que descargar, acomodándose con Israel en sus propios términos. Ahora, casi abiertamente, muchos gobiernos árabes efectivamente abandonaron la causa palestina y consideraron a los palestinos como peligrosos provocadores o, en el mejor de los casos, una molestia. Inevitablemente, eso llevó al abierto maltrato a los palestinos en algunos países árabes mediante severas limitaciones al movimiento y al trabajo y la casi total prohibición de sus organizaciones políticas. Incluso algunos participaron en el bloqueo contra Gaza.

Todo ello lleva a la conclusión de que, dado que los palestinos no tienen intención de abandonar a su país, tienen que confiar principalmente en sí mismos.

Primero y ante todo: los palestinos tienen que elegir una nueva dirigencia mediante la elección de un Consejo Nacional Palestino. La meta principal es reconstruir la OLP y restablecer la estructura del pueblo palestino. Esta tarea es más importante que cualquier otro campo de lucha. Toda la presión pública debe dirigirse a devolver la dirigencia usurpada - por quienes hablan sin autoridad en nombre de todos los palestinos - a su verdadero electorado: el pueblo palestino donde sea que se encuentre. Los obstáculos puestos al plan para la elección de un nuevo CNP, tal como se acordó en El Cairo en marzo de 2005, son imperdonables. Otra acción necesaria es la eliminación de todos los vestigios del infame Acuerdo de Oslo, que causó al pueblo palestino un daño mayor que la Declaración Balfour.

La movilización de los jóvenes, ahora alrededor del 70% de la población, particularmente la generación de Oslo, es el primer factor de la nueva sociedad. Muchos de ellos, especialmente entre los millones de palestinos que viven en el extranjero, poseen alto nivel de formación y son sumamente confiables y locuaces. Son un buen material para el liderazgo.

Las potencias colonialistas occidentales han actuado juntas sistemáticamente para construir Israel y destruir Palestina. Pero aún no pagaron el precio por ayudar a Israel a matar a nuestros hijos y robar nuestra tierra. Todavía obtienen petróleo árabe y mantienen un lucrativo negocio con los árabes. La respuesta es ampliar la campaña de BDS (boicot, desinversión y sanciones), golpeando los bolsillos. Después de todo, el éxito del lobby sionista reclutando políticos es financiero.

Para ello debemos movilizar a gente de buena voluntad de todas partes del mundo, y hay mucha. Ya lo hemos visto cuando las imágenes de las atrocidades israelíes en Gaza salpicaron las pantallas de todo el mundo.

Movilizar al mundo es ciertamente posible por dos factores. El primero, es que hay mayor respeto por los derechos humanos a nivel universal y popular, especialmente después de los años '90. Las atrocidades en Bosnia, Uganda, Afganistán, Iraq y la larga serie de atrocidades israelíes dondequiera que se encuentren los palestinos, en Jenin, Sabra y Shatila, la Franja de Gaza, convierten estos crímenes de guerra en una preocupación cotidiana para el ciudadano común en todas partes.

El segundo es el gran avance en las comunicaciones electrónicas. Tiene tremendo efecto en la difusión de información al instante. Atrás quedaron los días en que una docena de agencias noticiosas le decían al mundo qué pensar. También se fueron los días del monopolio sionista sobre los medios. Permanecen sus campañas contra quienes se atrevieron a hablar, pero están mermando.

En la reciente agresión bélica israelí contra Gaza, hubo mil reporteros en el terreno. Todos los que tienen un teléfono celular pueden transmitir al instante lo que están viviendo. La vileza de los crímenes israelíes pudieron ser vistos y oídos en vivo desde las casas de todo el mundo y no hubo mentira profesional alguna que pudiera ocultarlos.

Estas son solo algunas de las muchas cosas que la gente de buena voluntad puede hacer. La gente es creativa y puede siempre encontrar formas de expresarse y apoyar el espíritu humano ávido de libertad y justicia.

Los palestinos deben estar en primera línea para este esfuerzo. Deben comenzar poniendo su casa en orden y quitar los deshechos con una escoba democrática.

No estoy subestimando los obstáculos que se avecinan, estoy seguro que la lucha palestina dará frutos y la libertad y la justicia será la bandera que se izará en Palestina.

Gracias.


2015. Intifada de Al-Quds
 
 
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