Enlaces   Contacto    
Portada Refugiados Ocupación Prisioneros

Artículos Reportes Entrevistas Declaraciones Documentos Galería Multimedia

Sitio de la Estrella
La Web
 
 
 
 
 
 
 
 
OCUPACIÓN
 

El primer crimen de Sharon
Javier Espinosa / octubre 2011



Qibya, en la actualidad, ocupada por fuerzas israelíes


El primer crimen de Sharon ocurrió en 1953, en una pequeña población palestina. Entre las 75 víctimas de la matanza con la que Sharon empezó a forjar su reputación hubo mujeres y niños. El periodista visita el lugar donde el recuerdo sigue vivo.

La enorme portezuela de madera que da acceso al domicilio aún guarda los orificios de lo que Ibrahim Mohamed Ahmed dice fueron disparos israelíes. «Querían entrar destrozando el candado pero la puerta estaba atrancada con una barra de metal», asegura mientras enseña el portón encajado en un arco de piedra, el único remanente del habitáculo que ocupaban en aquel 1953.

Los uniformados no pudieron entrar en la casa. Se limitaron a volarla con toda la familia dentro. «Al escuchar que venían los judíos nos refugiamos en la planta baja. Éramos 24. Fue una explosión enorme. Todo se llenó de humo y polvo. Mi hermana pequeña, Hassania, que tenía dos años, murió asfixiada», recuerda el habitante de Qibya, de 63 años.

Así murieron casi todas las víctimas de aquella terrible razzia. Aplastados en sus domicilios. La familia de Ahmed se salvó por lo que ellos achacan a un milagro. El tejado se les desplomó pero una pequeña despensa ubicada en el centro de la estancia creó un bolsón donde permanecieron durante casi 12 horas.

Por la mañana, uno de sus amigos se apersonó en las ruinas para intentar averiguar si habían corrido la misma suerte que decenas de residentes del poblado. «A través de un pequeño agujero veíamos los pies de la gente en la calle pero mi padre pensó que eran judíos y nos hizo permanecer en silencio. Sólo cuando escuchamos como gritaban ¡Abu Mohamed! ¡Abu Mohamed!, llamando a mi padre, nos atrevimos a salir. Lo hicimos uno a uno, a través del hueco. Cinco minutos después, cuando ya estábamos todos a salvo, la despensa cedió y los escombros sepultaron la habitación».

La tragedia ocurrió hace muchos años. Un 14 de octubre de 1953.Pero las víctimas no han olvidado ni un detalle. El actual alcalde de Qibya, Abdul Hafed, sigue visitando a menudo el pozo donde fueron enterrados los 11 familiares que perdió aquel día. «Muchos cuerpos estuvieron casi una semana bajo las piedras y el olor era insoportable. Hubo que lanzarlos al pozo», explica Ahmed Al-Badaui, de 75 años.

Los vecinos de Qibya no conocían en 1953 quien era Ariel Sharon, que entonces tenía 25 años. Hoy, su simple nombre desata emociones, miedo incluido. «En cuanto lo menciono mi abuela comienza a insultarle, a llamarle perro», dice Hafed. El líder local reconoce que muchos testigos de la época como Al-Badaui -él no había nacido- se muestran reacios a hablar con los periodistas sobre lo ocurrido «por simple pavor». «La única estela que recuerda lo que pasó no se inauguró hasta 1989 y se construyó de noche», acota.

El mensaje de Sharon, pues, caló muy hondo. Eso era lo que buscaba. «Qibya tenía que ser una lección», escribió el propio ex general en "Luchador", memorias que publicó en 1989. Sí, para él «las víctimas civiles fueron una tragedia», pero lo principal, como le diría Ben Gurion, no era «lo que se diga alrededor del mundo sobre Qibya. Lo importante es cómo se vea en esta región». Para Sharon estaba claro. Qibya demostró que Israel «tenía una respuesta» contra «el terrorismo», añadía con orgullo el dirigente israelí en el mismo libro.

Años antes, en 1969, ni tan siquiera había hecho alusión a los «matices» trágicos de aquel evento. Simplemente consideró que era «uno de los logros más excepcionales» de la Unidad 101, que él mismo fundó.

El agravamiento de la salud de Sharon no ha suscitado un especial interés en Qibya. Los habitantes de este pueblo, que en 1953 eran poco más de 1.000 y hoy acoge a cerca de 5.000, se muestran irónicos ante el cúmulo de elogios que se han escuchado en estas jornadas dirigidos al ex primer ministro israelí. «Tenemos un dicho: Si matas a una persona te llevan a juicio, si matas a 10 eres famoso y si matas a miles..., entonces te permiten hablar de paz», asegura el líder municipal.

«Sharon ha sido siempre un asesino en serie, un salvaje. No me alegraré si muere porque eso sería contrario al Islam, pero tampoco derramaré lágrima alguna», le secunda Ibrahim Mohamed.

Aunque el recuerdo de Qibya está enterrado en los archivos, en la época el suceso causó una enorme polémica y contribuyó decisivamente a la controvertida reputación que siempre ha acompañado a Sharon. Los israelíes decidieron lanzar el ataque en represalia por las incursiones de las milicias palestinas provenientes del territorio bajo control jordano y en concreto por el asesinato de una madre israelí y sus dos pequeños -de uno y tres años- en la población fronteriza de Yehuda.

El asalto comenzó en torno a las 9 de la noche. Ahmed Al-Badaui era uno de los guardias que «vigilaban los olivares contra los ladrones». «Vimos como una sombra, pero nunca pensamos que los judíos podían llegar tan lejos. Logré escapar aunque los disparos me hirieron en una mano», manifiesta Al-Badaui enseñando el dedo que se le quedó paralizado a causa de la herida.

Sharon dirigía la recién creada Unidad 101, un grupo de comandos de elite, y una fuerza de paracaidistas. Antes de volar las edificaciones, «los soldados registraron cada casa para asegurarse de que no había nadie dentro», precisó Sharon en Luchador. «Algunas familias debieron esconderse en los sótanos», adujo para justificar lo sucedido.
La simple tesis provoca en Ibrahim Mohamed un súbito arrebato de furia: « ¡El mundo se ha vuelto loco! ¡La gente que voló nuestra casa sabía perfectamente que estábamos dentro! ¡Sólo dinamitaron las casas donde había gente, las que estaban vacías no fueron destruidas!».

La apología del ex comandante de la 101 tampoco fue corroborada por el responsable de la misión de la ONU en la zona, el general Vang Bennike. El militar incidió en la intencionalidad asesina del ataque. «Los cuerpos repletos de balas cerca de las entradas y los daños en las puertas de las casas demolidas indican que los habitantes fueron obligados a permanecer dentro mientras volaban sus residencias encima de ellos», se leía en el informe que redactó sobre lo acaecido.

Hasta el entonces ministro de Exteriores israelí, Moshe Sharett, lo definió como «baño de sangre» y «masacre», aunque esta opinión tan sólo se conoció cuando se publicó su diario personal en 1978.

Cuerpos pudriéndose

La imagen de la mañana del 15 de octubre nunca se borrará de la memoria de Ibrahim Mohamed. «Era el infierno. El pueblo era todo ruinas», apunta. Al-Badaui volvió a la aldea siete días más tarde y aún había cuerpos pudriéndose bajo los pedruscos. «La gente seguía llorando por las calles. Otros buscaban a sus familiares excavando con las manos». La contabilidad oficial estableció que murieron 69 vecinos, pero Qibya añade otros 6 visitantes a la lúgubre estadística. En su mayoría, mujeres y niños.

El 18 de octubre de 1953 el Departamento de Estado de EEUU exigió que los responsables de la acometida fueran enjuiciados. Sharon nunca tuvo que enfrentar un cuestionamiento legal. Los habitantes de la aldea ni tan siquiera se han planteado imitar a las víctimas de Sabra y Shatila (1982) Los palestinos refugiados en el Líbano iniciaron entre 2001 y 2003 un proceso contra el primer ministro israelí en Bélgica que finalmente fue desechado, aunque sólo después de que el parlamento de ese país tuviera que cambiar su propia legislación respecto a los crímenes de guerra.

« ¡Me quieren volver loco! ¿Quién intentaría llevar a juicio a Sharon?». Al-Badaui se solivianta. «Es el miedo del que hablábamos», acota Hafed. Antes de despedirse, Ibrahim Mohamed se dirige a los visitantes. « ¿Saben? Ningún israelí vino a pedir perdón. Hasta el día de hoy».

 
 
Artículos relacionados:
Datos de la Organización Jerusalemites 
Informe del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe
 
 
 
Fuente: elmundo.es / 2006
 
 
 
 
Share |
Las opiniones vertidas en este sitio, no reflejan, necesariamente, la opinión de los editores
estrellapalestina2011(arroba)gmail.com
Se permite la reproducción total o parcial de los materiales, siempre y cuando se mencione la fuente, el autor y el traductor.
©Copyright 2006 - Derechos Reservados por La Estrella Palestina