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Las secuelas de la agresión contra la Franja de Gaza.
PCHR (Centro Palestino para los DDHH)
Dic-2011

La familia Abu Taima. Gaza, 28 dicembre 2008.
“Vivir bajo ocupación significa que cualquier esperanza que tengamos, un día se romperá. Por ejemplo, haces crecer a tu hijo y concentras todas tus esperanzas en él o ella, pero luego vienen y matan a tu hijo y todas tus esperanzas son destruidas”.

Temprano en la mañana del 28 de diciembre 2008, Mahmud Abu Taima, su mujer Manal y sus hijos mayores, Khalil y Nabil, estaban cosechando zapallitos en su tierra en el pueblo de Khuzaa, al este de Khan Yunis.

Después de algunas horas, los dos hermanos fueron al terreno agrícola de su tío, a algunos cientos de metros al oeste. Alrededor de las 8:30 el ejército israelí lanzó un proyectil desde la cerca de frontera, que aterrizó entre los dos chicos. Nabil (16 años) fue muerto y Khalil fue herido gravemente.

“Deben ustedes saber que la zona es muy clama. Muchos campesinos estaban trabajando en sus tierras. Es un área abierta. Vi un proyectil viniendo desde la frontera hacia las tierras cultivadas. Luego sentí la explosión. Inmediatamente corrí hacia el lugar del impacto porque sabía que mis hijos se encontraban en el área. Cuando llegué ya habían cargado a los muchachos sobre un carrito tirado por un asno para llevarlos al hospital”, recuerda Mahmud Abu Taima (40 años).

Khalil fue gravemente herido por metralla en el pecho y las extremidades y fue sometido a una intervención quirúrgica apenas llegado al hospital.
“Mientras enterrábamos a Nabil temíamos que trajeran del hospital también el cuerpo de Khalil”, dice Manal, madre de los muchachos (37 años).

La familia Abu Taima, cuya casa se encuentra en el pueblo de Abasan, al este de Khan Yunis, quedó traumatizada por la muerte de Nabil. Sus padres y sus 6 hermanos y hermanas, Khalil (20 años), Naima (18), Isra (15), Mohammed (14), Abder-Rahman (9) e Ibrahim (6), tienen todos cariñosos recuerdos de él. “Nabil era parte de nosotros, y tenía un lugar enorme en mi corazón. Pienso en él a cada momento y siento que está presente entre nosotros. Aún ahora por ejemplo, mientras bebo el té, pienso en él y siento su presencia. Cuando estoy comiendo siento como si estuviera con nosotros. No puedo jamás olvidarlo”, dice su padre Mahmud.

“La mente de Nabil era muy madura para su edad”, dice Manal, “era muy inteligente en la escuela y todos sus profesores y compañeros lo querían mucho. En el aniversario de su muerte, sus profesores y sus amigos han venido a visitarnos. Además de ir a la escuela, Nabil criaba conejos. Hasta su muerte habíamos tenido 50 conejos. Después de su muerte, murieron también ellos y no hemos tenido otros. No se los siente más desde que él no está aquí”.

Ibrahim y Abder-Rahman tenían una relación muy estrecha con Nabil. Dice Manal: “Quedaron muy turbados con su muerte. Querían conseguir una pala y abrir su tumba para sacarlo y llevarlo al médico, para que lo atienda. Ibrahim ha estado muy nervioso y tenso por mucho tiempo, entonces lo llevé a lo de un psicólogo. Cuando les dije a los niños que una organización de DDHH vendría a hablar con nosotros, Ibrahim me preguntó si traerían a Nabil”.

Khalil pasó los últimos años tratando de recuperarse de las heridas físicas. “Después de tres días fui transferido a Egipto para otra operación. En los meses que siguieron fui a Médicos sin Fronteras, luego de la escuela para hacer 3 horas de fisioterapia. Los días eran muy largos. A pesar de todo eso, todavía tengo esquirlas en las piernas, el pecho y los brazos que no se pueden quitar. Hay puntos de pierna derecha en los que no siento nada. Mis tobillos siempre me duelen y no puedo moverlos como lo hacía antes. Mi movilidad está alterada, incluso cuando camino. No puedo hacer lo todo lo que quiero. Por ejemplo, ahora juego al fútbol solo, porque tengo mucho miedo que alguien golpee mi pierna: quedaría en agonía”.

Más allá de las heridas físicas, Khalil está tratando de afrontar la pérdida de su hermano y el trauma del incidente. “Íbamos a la escuela y a todos lados siempre juntos. Me parece haber perdido una parte de mi cuerpo. Es difícil continuar mi vida sin esa parte. Durante la invasión, era el año de mi graduación y tenía que ir a la escuela. Estaba traumatizado por el incidente. Cuando dormía podía sentir el sonido de los misiles que venían hacia mí. No sé cómo, he logrado la graduación y ahora voy a la universidad”. Manal agrega que Khalil tenía ataques de pánico después de lo sucedido, “hasta el sonido de los pajaritos podía causarle un ataque”.

Pocos días después del ataque, bulldozer israelíes destruyeron el terreno agrícola perteneciente a la familia Abu Taima, a unos 700m de distancia de la valla fronteriza. “teníamos cultivos de zapallitos, y un pequeño almacén de fertilizantes y herramientas. Teníamos también una bomba de agua y una red de riego. Ahora está todo destruido. No hemos podido ir a nuestra granja porque era muy peligroso. Ahora estamos yendo de nuevo, a pesar de que el ejército israelí nos dispara. Es difícil. Desde la muerte de mi hijo he perdido la motivación para trabajar la tierra”, dice Mahmud.

Mahmud no mantiene esperanzas o expectativas para el futuro: “Vivir bajo ocupación significa que cualquier esperanza que tengamos, un día se romperá. Por ejemplo, haces crecer a tu hijo y concentras todas tus esperanzas en él o ella, pero luego vienen y matan a tu hijo y todas tus esperanzas son destruidas. Tratamos de pensar en el futuro y tener esperanzas a largo plazo, pero no es posible para nosotros”.

La familia no es optimista sobre la posibilidad de llevar ante los tribunales a los responsables de la muerte de su hijo. “Nabil no es el primero ni el último a ser asesinado por el ejército, Muchos jóvenes como él han sido asesinados. Incluso si ellos (Israel) pudieran arrestar al soldado que lanzó el proyectil, dirán que se trata de un loco”, dice Mahmud.

El PCHR presentó un reclamo a las autoridades israelíes de parte de la familia Abu Taima el 2 de julio de 2009. Hasta hoy, no ha sido recibida respuesta alguna.

 
 
 
 
 
 
Fuente:Palestinian Center for Human Rights
 
 
 
 
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