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Las secuelas de la agresión contra la Franja de Gaza.
PCHR (Centro Palestino para los DDHH) 
Ene-2011
Familia Ad-Daya, 6 de enero 2009, Gaza

“Los cuerpos de 9 de los asesinados no fueron encontrados, incluyendo los cuerpos de mi esposa y mis hijos. Hice los mayores esfuerzos junto al personal de defensa civil para encontrarlos. Todo lo que hallamos fueron trozos de carne irreconocibles”.

El 6 de enero 2009, aproximadamente a las 05:45, un avión israelí bombardeó la casa de la familia Ad-Daya en el barrio de Az-Zeytun de la ciudad de Gaza. 22 personas, incluidos 12 niños y una mujer embarazada, fueron asesinados. Sólo uno de los miembros de la familia que se encontraban dentro de la casa al momento del ataque, Amer Ad-Daya (31 años), ha sobrevivido. Amer, dos hermanos que todavía no habían vuelto a la casa luego de la oración matinal en la mezquita cercana, y dos hermanas que viven en otra zona con sus esposos e hijos, son los únicos miembros vivos de la familia Ad-Daya.

Mohammed Ad-Daya (31 años) recuerda el día del ataque: “después de la oración, yo estaba parado junto a la mezquita hablando con nuestro vecino, esperando que el ruido de los aviones y bombardeos en el área disminuyan. Cuando escuché una muy potente explosión. Cayó metralla donde yo estaba parado. Inmediatamente corrí a casa. Cuando llegué, sólo encontré un montón de escombros. Empecé a gritar llamando a mis familiares, pero no hubo respuesta. Estaban todos bajo los escombros. Muertos”. 

Mohammed no pudo enterrar a su esposa Tezal (28 años), ni a sus hijas Amani (6), Qamar (5) y Arij (3) ni a su hijo Yusef (2). “Los cuerpos de 9 de los asesinados no fueron encontrados, incluyendo los cuerpos de mi esposa y mis hijos. Hice los mayores esfuerzos junto al personal de defensa civil para encontrarlos. Todo lo que hallamos fueron trozos de carne irreconocibles”, dice. Tezal estaba embarazada de 8 meses, de un niño, cuando fue asesinada.

“Ahora no puedo imaginar que volveré a ser feliz ni celebrar una ocasión feliz. Recuerdo la vida que tenía con mi familia. Antes, yo solía ir a todas partes. Siempre bailaba dabke, junto a mi enorme familia en Zeytun. Yo dirigía el baile. Cada vez que teníamos oportunidad de celebrar lo hacíamos. Ahora, no puedo soportar la música festiva. Me cubre de tristeza. Cuando hay una fiesta en el barrio, tengo que dejar la casa, irme a otra parte”.  Los días festivos son el momento del año más difícil para él: “durante Ramadán y sus festejos, sufro y pienso en ellos más de lo habitual”.

Su hermano Amer, insistió en que vuelva a casarse. “Primero yo no quería, pero de alguna forma tengo que rehacer mi vida”. Mohammed ahora está otra vez casado y tuvo 2 hijas: Amani (4 meses) y Qamar (1 año y medio), ambas llevan los nombres de dos de las hermanas que murieron en el ataque. “No pude festejar mi nuevo matrimonio. Tampoco mis hermanos para sus bodas. Nosotros simplemente no sentimos ganas de festejar nada”.

Mohammed trabaja como electricista en el Ministerio de Salud, pero ha tenido dificultades en su trabajo desde que perdió a su familia. “No puedo dormir por la noche. La noche es la parte más difícil del día para mí, no logro conciliar el sueño. He intentado todo. Incluso la medicación, pero eso sólo me dejaba mareado.  Así que por la noche me quedo levantado y me mantengo ocupado; como, salgo a caminar, me siento en el cementerio o salgo a correr. Sólo después del alba logro conciliar el sueño por unas pocas horas, exhausto. Entonces, cómo puedo llegar al trabao a tiempo? No puedo. Mi jefe me ha expedido ya 10 llamadas de atención, pero el mismo tiempo sé que entiende y se compadece por mi situación”.

Los tres hermanos construyeron una casa en el mismo lugar de la construcción demolida por la bomba. Los tres insistieron en volver al mismo lugar. “Es donde crecimos”, dice Mohammed. “El ministro de trabajo nos ayudó en la construcción del cimiento y la primera planta de la casa, pero la bomba dejó un hoyo de 7m de profundidad bajo el edificio que afectó la base del edificio y la napa de agua. Nos llevó 3 meses resolver los problemas de agua, antes de poder comenzar la construcción de la nueva edificación”. A pesar de ello, todavía hay problemas con los cimientos. “Cada vez que hay un bombardeo, siento que la casa se mueve. No pasaba esto antes. La casa no está firme. Sus cimientos fueron destruidos por la bomba”.

Mientras intenta reconstruir una vida y un futuro, Mohammed no tiene esperanzas de ver a los responsables de la muerte de su familia rendir cuentas. “No espero nada de las cortes israelíes. Ellos [Israel] primero preparan un plan y un argumento para justificarlo y luego llevan adelante el ataque. Los crímenes de guerra son justificados antes de ser cometidos. Esos crímenes podrían ser cometidos en cualquier momento, otra vez”.

El CPDH presentó una denuncia penal a las autoridades israelíes en nombre de la familia Ad-Daya, el 18 de mayo de 2009. Hasta la fecha, no se ha recibido respuesta alguna.

 
 
Fuente: Palestinian Center for Human Rights
 
 
 
 
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