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Las secuelas de la agresión contra la Franja de Gaza.
PCHR (Centro Palestino para los DDHH)
Dic-2011

La familia Balusha. Gaza, 29 de diciembre 2008.

“Me faltan en cada momento; a veces busco a una de ellas por la casa, un instante antes de recordar que han sido asesinadas”.

 

Alrededor de la medianoche del 29 de diciembre de 2008, un avión israelí atacó la mezquita Imad Akel, situada en el campo de refugiados de Jabaliya. El ataque destruyó también la casa de Anwar y Samira Balusha, ubicada a solo 3m de la mezquita. 5 de sus 8 hijas fueron asesinadas por el bombardeo, que causó el derrumbe del edificio sobre la familia, que estaba durmiendo. Otras 5 personas quedaron heridas y otras casas cercanas a la mezquita fueron completamente destruidas.

En la sala principal de la vivienda de los Balusha, ahora reconstruida, hay un retrato de las cinco hijas asesinadas –Tahrir, Ikram, Samar, Dina y Jawaher, de 18, 15, 13, 8 y 4 años respectivamente- cuando un F16 israelí lanzó una bomba sobre la mezquita Imad Akel, a 3m de la casa de la familia.

Desde entonces ha llegado a la familia un nuevo miembro, Tahrir (llamada así en honor a la hermana muerta); pero para el padre “la casa parece todavía vacía, es como si hubiese un hueco en donde antes estaban mis hijas, y sin embargo siento su presencia con nosotros a cada momento, tengo la fuerte sensación de que falta algo”.

A pesar de que la expresión de su rostro y su actitud revelan poco sobre el sufrimiento que la familia atraviesa, las palabras de Anwar son claras respecto al efecto de lo ocurrido en él y su familia. “Mi mujer ha sido fuertemente afectada, ayer había un equipo de la Unrwa demoliendo las ruinas de una casa vecina para luego reconstruirla, esto trajo a Samira el recuerdo del ataque y empezó a llorar”. Anwar mismo dice que pasa mucho tiempo en las tumbas de sus hijas para hablarles de los pequeños acontecimientos de la vida cotidiana. “Me faltan a cada momento; a veces busco a alguna de ellas por la casa, un instante antes de recordar que fueron asesinadas”.

Los demás hijos han quedado traumatizados. Anwar describe como Iman, de 20 años, que tenía una relación muy estrecha con su hermana mayor, Tahrir, y que ha visto a su hermana Dina morir en sus brazos después del ataque, parece a menudo perdida en sus pensamientos. “A veces la llamo pero ni siquiera me escucha” dice el padre. A pesar de ser muy inteligente, las calificaciones escolares se han resentido. Anwar teme también que su hijo Muhammad, que ha sido tratado recientemente por una herida de metralla en el pie, ocurrida durante el ataque, crezca devastado por el sentimiento de venganza por la muerte de las hermanas. “Habla constantemente de ellas” dice, “no olvidará”. Cuando le preguntan por las hermanas, el niño dice “mis hermanas fueron asesinadas por los israelíes, están en el paraíso”.

Los tres años que han pasado desde el ataque, has sido un período de cambios y movimientos constantes para la familia. Tuvieron que cambiar de casa 7 veces, y eso provocó un sentimiento de inestabilidad cada vez mayor para los hijos. “Los chicos se quedan sin amigos cada vez que cambiamos de casa, mi hijo Muhammad vaga por el barrio donde se encontraba su vieja casa y su escuela de Unrwa buscando amigos. No lo vemos por horas y cuando por fin regresa a casa, dice que estaba buscando amigos con quienes jugar”. Hace muy poco tiempo que ha vuelto a su casa originaria, reconstruida después de haber sido destruida durante el ataque.

Respecto a la esperanza y el miedo al futuro, Anwar tiene sentimientos encontrados. Tiene esperanzas en la causa legal presentada en Israel, pero dice “incluso si me dieran todo el dinero del mundo no podrían resarcirme, quiero de vuelta a mis hijas, no el dinero”. Teme por sus hijos cada vez que hay un bombardeo, teme perderlos. “Aunque esta es mi casa estoy buscando un futuro fuera de Gaza, en este momento quiero irme para construir una nueva vida para mi y mi familia”.

Las mezquitas, como objetos religiosos, están protegidas de los ataques por el derecho internacional humanitario, al menos cuando no son utilizadas con fines militares. Los testigos informaron la ausencia de explosiones secundarias y afirmaron que la mezquita no era utilizada como depósito de armas. Además, el arma elegida para el ataque era excesiva y era de esperar que causara víctimas civiles por haber sido utilizada en una zona residencial. Por consiguiente el ataque fue una matanza voluntaria, prohibida por la Convención de Ginebra, y un crimen de guerra según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.

El PCHR presentó una denuncia por los crímenes, de parte de la familia Balusha, el 2 de agosto de 2009. Hasta hoy no se ha recibido respuesta alguna.

 
 
 
Fuente:PCHR
 
 
 
 
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