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Kufr Qassem: 40 años después, las heridas aún están frescas en los sobrevivientes de la horrible masacre al recordar su calvario
octubre-2011

 
"Coséchenlos", obra del artista palestino Abdel Tamam Taha


Lleva unos 90 minutos en coche ir desde Jerusalén a la ciudad de Kufr Qassem en el triángulo palestino dentro de Israel propiamente dicho. Yo había organizado una serie de entrevistas con sobrevivientes de una masacre cometida por el ejército israelí hace cuatro décadas. La carretera que conduce a la ciudad estaba llena de olivos a ambos lados. Sólo unas pocas personas habían ido a la cosecha de aceitunas. La cosecha se acercaba a su fin. Y así fue en aquellos días hace cuarenta años. El 29 de octubre de 1956, sólo horas después de que el tripartito ataque de Israel, Francia y Gran Bretaña comenzara contra Egipto, en lo que se conoce como la Campaña del Sinaí, 49 aldeanos de Kufr Qassem fueron asesinados a sangre fría, cuando hacían el camino de regreso de sus campos hacia sus hogares. 

En el centro de la ciudad hay un monumento en conmemoración de aquellos que fueron asesinados. Una lista de 49 nombres fueron tallados en piedra en la gran plaza dejando un espacio en blanco, sin nombre. Más tarde me dijeron que se dejó para la 50ª víctima, cuyo nombre nadie podía decir. Una de las mujeres asesinadas estaba embarazada en su octavo mes y el bebé murió en su vientre. Nadie podría nunca llegar a un nombre adecuado para una víctima no nacida. Recorrí la lista y vi que los nombres correspondían con los nombres de las personas que preveía entrevistar más tarde el mismo día. Muchos nombres me sonaban familiares. Muchos de ellos eran parientes de algunas de esas personas que yo iba a ver. La visión de los cosechadores de aceitunas a quienes había visto en mi camino cruzó mi mente y la entrecrucé luego con las imágenes de aquellos que regresaron a sus hogares el día de la masacre. La escena me trasladó y sentí que mis lágrimas estaban a punto de rodar por mis mejillas. En ese momento, la lluvia empezó a caer, con suavidad y, luego, en abundancia. El cielo, me pregunté, ¿estaba llorando en Kufr Qassem? 

Israel no escatimó ningún esfuerzo para ocultar el crimen y encubrir a los que lo cometieron. La estricta censura a la que fue sometida la historia duró sólo una semana. El 6 de noviembre de 1956, un diario israelí informó que una comisión de investigación "se estableció para investigar los incidentes ocurridos en Kufr Qassem, donde algunos civiles resultaron muertos y otros heridos durante un toque de queda." Un mes y medio después, los detalles sobre la masacre comenzaron a fluir a través de los medios de comunicación. Miembros árabes y de izquierda de la Knesset, desempeñaron un papel de primer orden y contribuyeron a la revelación. Tawfiq Toubi y Meir Wilner del Partido Comunista de Israel enviaron cientos de cartas sobre los eventos de ese día a las figuras públicas en el país. Latif Dori, un miembro activo de la izquierda del Partido Sionista Mapam se infiltró en la aldea tres días después de la masacre y recogió de primera mano los testimonios de los supervivientes. Uri Avneri, líder también de izquierda que fue el primero en visitar al Presidente de la OLP, Yasser Arafat, en Beirut durante el asedio israelí a la capital libanesa en 1982, ha desempeñado un papel eficaz a través de su revista semanal, Ha'Oiam Hazeh (Este Mundo). Sin embargo, todo lo que se publicó en aquellos días no podía dar cuenta exacta de los motivos detrás de la masacre. Los aldeanos dieron la única explicación. Ellos insistieron en que la matanza de inocentes aldeanos se cometió para forzarlos a salir de su país hacia Jordania.  Kufr Qassem no está a más de diez kilómetros de distancia de las fronteras de 1967 entre Israel y Jordania. 

Sólo en 1991, parte de la verdad empezó a salir. Rupik Rozenthal, un periodista israelí, escribió en "Hadashot" el 25 de noviembre diciendo que la masacre fue parte de un plan general por parte del ejército israelí para deportar a la mayor cantidad posible de palestinos fuera del país. Rozenthal se permitió pasar por los archivos del ejército y leer las actas del juicio militar a los 11 soldados y oficiales que estuvieron involucrados en la masacre. Él descubrió que el plan era tratar de sacar a los palestinos de las aldeas árabes del triángulo y enviarlos a Jordania si ésta intervenía en apoyo de Egipto. Jordania no entró en la guerra de 1956. El plan no se llevó a cabo en su totalidad. Sólo la primera fase se hizo. El calamitoso precio fue de 49 aldeanos asesinados en Kufr Qassem. 

Como el delito era demasiado atroz para ser ocultado, Israel decidió someter a las personas involucradas a un juicio militar, que según los pobladores no era más que una broma. El coronel Yishishkar Shedmi, que cambió el horario del toque de queda y, al parecer, dió luz verde a sus soldados para  llevar acabo la matanza, fue encontrado culpable sólo de extralimitarse en su autoridad al cambiar la hora del toque de queda. 

El tribunal le impuso una multa de sólo un piastre (1 centavo). El veredicto, por lo menos para los aldeanos, significó que un piastre era el precio que Israel estaba dispuesta a pagar por las 49 víctimas. El resto de los procesados fueron condenados a entre 7 y 17 años de prisión, pero todos fueron puestos en libertad antes de que finalice el tercer año de su pena. El Mayor Avraham Melinki, que comandaba la fuerza de la Policía de Fronteras en el pueblo y fue el que dio la orden de disparar, fue promovido inmediatamente después de su liberación de prisión. Entonces, el Primer Ministro y Ministro de Defensa, David Ben Gurion, lo puso a cargo de la seguridad del reactor nuclear de Israel en Dimona. El Coronel Shedmi continuó su servicio en el ejército. En 1967, él era un comandante de brigada mecanizada y en 1973 se desempeñó como asesor del comandante del distrito norte y fue herido cuando su helicóptero se estrelló en el Monte Hermon, en las Alturas del Golán. 

Testimonios de sobrevivientes: 

Yamal Freij tenía 17 años de edad el día en que la matanza tuvo lugar. Él era uno de los aldeanos que trabajaban en sus campos. Entre su grupo, había unas 25 niñas y mujeres. "Dos niños de la aldea vinieron a avisarnos que el toque de queda había cambiado de horario, para antes de las cinco de la tarde. Les dije a las mujeres que vuelvan a sus hogares. Fuimos, junto con algunos hombres, a un almacén a cambiarnos de ropa. En nuestro camino de vuelta, y a una distancia de dos kilómetros, escuchamos fuertes disparos procedentes de la aldea. Empezamos a retirarnos, pero un camionero que entró de prisa hacia el pueblo nos dijo que no había necesidad de huir simplemente porque, pensaba y creía, el tiroteo no era grave o indiscriminado. En la entrada del pueblo, tres soldados nos detuvieron. Su oficial nos ordenó salir del camión, y nos condujo a la aldea. El cuanto le dijimos que éramos todos de Kufr Qassem, ordenó a sus soldados abrir fuego. Ellos dispararon contra nosotros. Muchos cayeron al suelo, muertos o heridos. Yo estaba entre algunos hombres que huyeron, pero un minuto después me caí y me escondí detrás de la rueda del camión hasta que los soldados me descubrieron tarde en la noche y me llevaron de vuelta a la aldea. " 

Talal Issa Shaker tenía ocho años. Los pobladores aún recuerdan la tragedia que implicó su fallecimiento. Él salió para regresar el rebaño de ovejas de los campos vecinos. Un aldeano que conocí confirmó que los soldados "vieron a Talal  y le dispararon dándole muerte. Cuando su padre salió para ver lo que estaba sucediendo, los soldados le dispararon y él quedó gravemente herido. La madre salió más tarde y recibió un disparo y entonces salió la hija, Noura". 

Khamis Mustafa Amer ahora tiene 58 años. Él explica la forma en que milagrosamente escaparon de la muerte: "Los soldados nos detuvieron en la entrada sur de la aldea y verificaron nuestras tarjetas de identidad. Inmediatamente después, su oficial les ordenó disparar. Empecé a huir y logré escapar a su alcance, mientras que muchos otros fueron asesinados a tiros o heridos."  Ese día, añadió Mustafa, los aldeanos de la cercana Jaijoulya fueron traídos por el ejército para excavar un agujero enorme, en ese momento ellos no sabían que estaba destinado a convertirse en la tumba colectiva para las víctimas. Todos los cuerpos se pusieron en bolsas de nylon y los dejaron a un lado listos para el entierro, dijo. 

Saleh Khalil Issa tenía 19 años de edad. En su testimonio, dado en detalle a Latif Dori tres días después de la masacre, contó lo siguiente: "Estábamos regresando a la aldea en nuestras bicicletas. Llegamos a eso de las diez menos cinco de la tarde. Tres soldados, en la entrada occidental de la aldea nos ordenaron detenernos. Cada uno de nosotros puso su mano en el bolsillo para sacar su documento de identidad, pero el oficial no esperó. Dio órdenes de abrir fuego. Dispararon y mataron de inmediato a mi primo Abed Salim Issa e hirieron a su hermano Asaad  y a mí. Caímos al piso y luego vimos a otro grupo de personas sobre sus bicicletas acercándose. Era un grupo de once personas, cuyos nombres conozco. Escuché al oficial dar órdenes utilizando la palabra COSÉCHENLOS y abrieron fuego. Cayeron al piso. Vi acercarse un coche conducido por Ata Yaacob y había algunos pasajeros con él. A  todos ellos les ordenaron salir del coche y formar una fila. El funcionario una vez más utilizó la misma palabra y abrieron fuego contra ellos. Los soldados arrastraron todos los cuerpos hasta un campo cercano. En un momento, descubrimos que los soldados estaban mirando en la dirección opuesta y empezamos a huir. Corrimos unos 50 metros y recibimos disparos otra vez. Caí al piso y quedé allí hasta la mañana siguiente. A lo largo de la noche, escuché a los soldados dando instrucciones para mover el cuerpo. En la mañana, los soldados me vieron y me llevaron al hospital. 

Abdul Rahim Sarsour tenía también 17 años entonces. Él recuerda cómo lo hirieron en el camino de regreso a la aldea cuando los soldados abrieron fuego contra él y contra el grupo con el que regresaba. Él se hizo el muerto para escapar a nuevos disparos de los soldados. El dijo que todavía se siente culpable por la muerte de su hermano, a quien su madre envió a avisar a él y a los demás que la hora del toque de queda había sido cambiada. "Si se hubiera quedado en casa, él estaría vivo hoy", dijo Abdul Rahim y continuó: "Llegamos a la aldea. Una dotación de soldados formaba una barricada a la entrada. Ordenaron que saliéramos del coche. Un oficial ordenó COSÉCHENLOS   y se abrieron fuego indiscriminadamente en nuestra dirección. Caí sobre el piso y también lo hicieron muchos otros, algunos murieron de inmediato y otros quedaron heridos. Mi hermano cayó a mi lado. Murmurando me preguntó si fuí golpeado. Le di un golpe con mi codo para que permanezca en silencio, pero ya era demasiado tarde. Un soldado se acercó y me dispararon cuatro balas, dándome en mi pierna derecha y mi brazo. El soldado entonces apuntó su pistola a la cabeza de mi hermano y disparó varias rondas de balas. La cabeza explotó en pedazos, frente a mis ojos, pero nadie se animó a decir ni una sola palabra. Yo no puedo olvidar ese momento en absoluto. Todavía recuerdo cómo mi hermano, asustado por los soldados, presionaba mi pecho con sus manos. Cuando el soldado abrió fuego contra él, sentí la presión cada vez mayor por uno o dos segundos hasta que sus manos se soltaron. Jum'ah Sarsour, otro herido, estaba tendido cerca de mí. Él gemía de dolor. Traté de hacer que permaneciera en silencio pero era demasiado tarde. Uno de los soldados señaló hacia él y le disparó matándolo. Un tercer mal herido gritó a los soldados. Un soldado se le acercó y le gritó ¿por qué gritas, hijo de...? y le disparó matándolo. Un coche se acercó, viajaban en él algunas mujeres que venían cantando. Una de las niñas vio los cadáveres y gritó al resto para que dejen de cantar. El conductor se alejó rápidamente de la escena, pero cuando estaba a unos 150 metros, escuchamos un montón de disparos". Abdu Rahim dijo que en algún momento perdió la conciencia por la noche y al despertar encontró a un soldado tirando de su pierna. Le dijo al soldado que deje de arrastrarlo por entre los cadáveres. "El soldado sacó su pistola y estaba a punto de dispararme  cuando llegó una ambulancia y su conductor preguntó a  los soldados si había algún herido. Mi minuto de suerte. El conductor me puso en su ambulancia y me llevó al hospital."

 
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* De esta manera fueron sacrificados 49 habitantes de Kufr Qassem
 
 
Fuente: http://www.kufur-kassem.com/cms/content/view/148/35/1/1/
Traductor: B.Esseddin / 2008
 
 
 
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