Enlaces   Contacto    
Portada Refugiados Ocupación Prisioneros

Artículos Reportes Entrevistas Declaraciones Documentos Galería Multimedia

Sitio de la Estrella
La Web
 
 
 
 
OCUPACION
 
La "oración por la lluvia" de Palestina: De cómo Israel utiliza el agua como un arma de guerra
Por Ramzy Baroud
1 de julio 2016

Localidades enteras en Cisjordania, no tienen acceso al agua o bien su suministro ha sido reducido a casi la mitad.

Este hecho alarmante viene ocurriendo desde hace semanas, pues la empresa nacional israelí del agua, "Mekorot", decidió cortar - o reducir significativamente - el suministro de agua a Jenin, Salfit y pueblos de los alrededores de Nablus, entre otras regiones.

Según el primer ministro de la Autoridad palestina, Rami Hamdallah, Israel ha estado "librando una guerra del agua" contra los palestinos. La ironía es que el agua que provee "Mekorot" es en realidad agua palestina, usurpada de los acuíferos de Cisjordania. Mientras que los israelíes, incluyendo los de los asentamientos ilegales en Cisjordania, utilizan la gran mayoría del agua palestina, a los palestinos se la venden y a precios elevados.

Al cortar el suministro de agua, a la vez que los funcionarios israelíes están planeando exportar agua palestina, Israel está una vez más utilizando el agua como una forma de castigo colectivo.

Esto no es nada nuevo. Todavía recuerdo la inquietud en las voces de mis padres cada vez que temían que el suministro de agua estuviera llegando a un nivel peligrosamente bajo. Era un tema casi diario en el hogar.

Cada vez que se producían enfrentamientos entre los niños que arrojaban piedras y las fuerzas de la ocupación israelí en las afueras del campamento de refugiados, siempre, por instinto, nos apresurábamos a llenar los pocos baldes y botellas que había esparcidos por toda la casa.

Este fue el caso durante la primera Intifada palestina, que estalló en 1987 en todos los Territorios Palestinos Ocupados.

Siempre que se producían enfrentamientos, una de las primeras medidas de la Administración Civil de Israel - un título menos nefasto para las oficinas del ejército de la ocupación - era castigar colectivamente a la población del campamento de refugiados que se sublevaba.

Las medidas tomadas por el ejército israelí eran excesivas, y cada vez más vengativas: imponer estricto toque de queda militar (cierre de toda la zona y confinamiento de todos los residentes a sus hogares bajo amenaza de muerte), cortar la electricidad y cortar el suministro de agua.

Por supuesto, tomaban estas medidas sólo en la primera etapa del castigo colectivo, que se prolongaba durante días o semanas, a veces incluso meses, empujando a algunos campamentos de refugiados a la hambruna.

Dado que era poco lo que los refugiados podían hacer para desafiar la autoridad de un ejército bien equipado, invirtieron todos sus escasos recursos y el tiempo que tenían para planear cómo sobrevivir.

Por lo tanto, había una obsesión por el agua, porque una vez que el agua se agotaba, no había nada que hacer; excepto, por supuesto, rezar Al-Salat Istisqa o la "Oración por la lluvia" que invocan los musulmanes devotos en tiempos de sequía. Los ancianos del campamento insisten en que realmente funciona, y cuentan milagrosas historias del pasado sobre esta oración especial que dio resultados incluso durante el verano, cuando menos se esperaba lluvia.

De hecho, los palestinos han orado por la lluvia más desde 1967 que en cualquier otro momento. En ese año, hace 49 años, Israel ocupó lo que quedaba de la Palestina histórica: Cisjordania, incluida Jerusalén Este, y la Franja de Gaza. Durante estos años, Israel ha recurrido a una prolongada política de castigo colectivo: limitar todo tipo de libertades, y usar la negación del agua como un arma.

En realidad, el agua fue utilizada como un arma para someter a los sublevados palestinos durante muchas etapas de su lucha. En efecto, esta historia se remonta a la guerra de 1948, cuando las milicias sionistas cortaron el suministro de agua a decenas de aldeas palestinas alrededor de Jerusalén para facilitar la limpieza étnica de esa región.

Durante la Nakba (catástrofe) de 1948, después de atacar a una aldea o una ciudad, las milicias demolían de inmediato sus pozos para evitar que los habitantes regresen. Los colonos judíos ilegales todavía utilizan esta táctica hasta el día de hoy.

El ejército israelí también siguió utilizando esta estrategia, sobre todo en la primera y segunda Intifadas. En la segunda Intifada, los aviones israelíes bombardeaban las reservas de agua de cada pueblo o campamento de refugiados que planeaban invadir y someter. Durante la invasión y masacre en el campamento de refugiados de Jenin, en abril de 2002, la reserva de agua del campamento fue destruida antes de que los soldados entraran al campamento desde todas las direcciones, matando e hiriendo a centenares.

Gaza sigue siendo el ejemplo más extremo de castigo colectivo relacionado con el agua, hasta la fecha. No sólo la reserva de agua es tomada como blanco durante las invasiones, sino también los generadores eléctricos, que se utilizan para purificar el agua, son a menudo bombardeados desde el cielo. Y hasta que termine el sitio que lleva ya una década, hay pocas esperanzas de reparar permanentemente cualquiera de ellos.

Es ya conocido que el Acuerdo de Oslo fue un desastre político para los palestinos; menos conocido, sin embargo, es la forma en que Oslo facilitó la continua desigualdad en Cisjordania.

El llamado Oslo II, o Acuerdo Provisional israelí-palestino de 1995, separó a Gaza de los recursos hídricos de Cisjordania, obligando a la Franja a desarrollar sus propios recursos hídricos ubicados dentro de sus límites. Con el bloqueo y las insistentes invasiones, los acuíferos de Gaza producen entre el 5 y el 10% del agua potable. De acuerdo con ANERA [Ayuda Norteamericana para Refugiados del Cercano Oriente], el 90% del agua de Gaza no es apta para el consumo humano.

Por lo tanto, la mayoría de los habitantes de Gaza subsisten con aguas residuales contaminadas o agua no tratada. Pero Cisjordania debe - al menos teóricamente - gozar de mayor acceso al agua que Gaza. Sin embargo, este no es el caso.

El recurso hídrico más grande de Cisjordania es el acuífero de la montaña, que incluye varias cuencas: norte, oeste y este. El acceso de los cisjordanos a estas cuencas está restringido por Israel, que también les niega el acceso al agua del río Jordán y el acuífero de la costa. Oslo II, que estaba destinado a ser un arreglo temporal hasta que terminaran las negociaciones sobre el estatuto definitivo, consagra la desigualdad existente, dando a los palestinos menos de la quinta parte del agua que goza Israel.

Pero ni siquiera este perjudicial acuerdo ha sido respetado, en parte debido a que un comité conjunto para resolver los problemas del agua da poder de veto a Israel sobre las demandas palestinas. En la práctica, esto implica que el 100% de todos los proyectos hídricos israelíes son aceptados, incluidos los de los asentamientos ilegales, mientras que casi la mitad de los requerimientos palestinos son rechazados.

En la actualidad, según Oxfam, Israel controla el 80% de los recursos hídricos palestinos. "Los 520.000 colonos israelíes usan aproximadamente seis veces más agua que la utilizada por los 2,6 millones de palestinos en Cisjordania".

Según Stephanie Westbrook , que escribe en la Revista +972 (israelí), la razón es sencilla: "La empresa que bombea el agua es Mekorot, empresa nacional israelí. Mekorot no sólo explota más de 40 pozos en Cisjordania y se apropia de los recursos hídricos palestinos, Israel también controla las válvulas, y decide quién se lleva el agua y quién no”.

"No debería sorprender que dé prioridad a los asentamientos israelíes, mientras que habitualmente reduce o corta el servicio a las ciudades palestinas", como ocurre en este momento.

La injusticia de todo ello es irrefutable. Sin embargo, Israel lleva casi cinco décadas empleando las mismas políticas contra los palestinos sin mucha reprobación ni medida significativa por parte de la comunidad internacional.

Este verano la temperatura en Cisjordania llega a los 38° centígrados, familias enteras están viviendo con sólo 2 a 3 litros de agua por habitante al día. El problema está alcanzando proporciones catastróficas. Esta vez, la tragedia no puede ser dejada de lado, la vida y el bienestar de comunidades enteras están en juego.

 
Fuente: ramzybaroud.net
 
Share |
Las opiniones vertidas en este sitio, no reflejan, necesariamente, la opinión de los editores
estrellapalestina2011(arroba)gmail.com
Se permite la reproducción total o parcial de los materiales, siempre y cuando se mencione la fuente, el autor y el traductor.
©Copyright 2006 - Derechos Reservados por La Estrella Palestina