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PRISIONEROS
 
La intifada de los prisioneros palestinos
Ramzy Baroud / 20-ene-2013

 

Si los líderes palestinos al menos supieran cuán extrañas se han vuelto sus inetrminables rondas de conversaciones por la “unidad”, podrían poner fin a sus entusiatas declaraciones a los medios internacionales sobre ésta u otra próxima reunión.

Al respecto, pocos palestinos tienen esperanzas de que su “liderazgo” tenga en mente proteger sus intereses. Rigen los intereses de las facciones y las agendas personales continúan definiendo el panorama político de Palestina.

Fatah y Hamas son las dos mayoritarias facciones políticas palestinas. A pesar de la victoria electoral de Hamas en 2006, Fatah es el competidor principal. Ambos partidos continúan jugando el juego de los números, tensando sus músculos en frívolas manifestaciones en las que las banderas palestinas son opacadas con banderas verdes y amarillas, símbolos de Hamas y Fatah respectivamente.

Históricamente ha habido un déficit de liderazgo en Palestina y no es porque los palestinos sean incompetentes para producir hombres y mujeres de bien capaces de guiar la resistencia de décadas hacia la asombrosa victoria contra la ocupación militar y el apartheid.

Es porque para que un liderazgo palestino sea reconocido como tal por actores regionales e internacionales, tiene que sobresalir en el arte del “compromiso”. Estos líderes cuidadosamente moldeados a menudo atienden los intereses de sus benefactores árabes y occidentales, a expensas de su propio pueblo. No hay una sola facción popular que escape decididamente a esta aparente generalización.

Esta realidad ha impregnado la política palestina durante décadas. Sin embargo, en las últimas dos décadas la distancia entre el liderazgo palestino y el pueblo ha crecido a una distancia inimaginable dado que el palestino se ha convertido en un carcelero y mercader político o en un coordinador de seguridad trabajando mano a mano con Israel.

Los beneficios de la cultura de Oslo han brotado en los últimos años creando la elite palestina, cuyo interés y el de la ocupación israelí se superponen más allá del reconocimiento de dónde comienza una y termina la otra.

Si bien Hamas permaneció en gran medida inmune a la enfermedad de Oslo - mientras que Mahmud Abbas y sus hombres disfrutaron de numerosos beneficios políticos y económicos- también está cada vez más cautivado por las posibilidades de aceptación regional y la validación internacional.

Su agenda estrictamente partidista y su cercanía a algunos países árabes corruptos despiertan más signos de interrogación, y existe la posibilidad de que se encamine en la misma dirección que tomaron los líderes de Fatah hace más de dos décadas.

El rompecabezas de la unidad continúa. Después de un período de ambigüedad, el dirigente de Hamas, Khaled Meshaal, y el líder de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, según se dice, manuvieron reuniones en El Cairo para “acelerar” la difunta reconciliación.

Considerando que el aplazamiento de cualquier progreso verdadero ha sido de hecho el statu quo entre las dos facciones principales, la palabra “acelerar” probablemente signifique un cambio muy pequeño sobre el terreno. Pero a juzgar por la retórica y los reclamos rivales, el abismo sigue creciendo, a pesar del supuestamente sobrio hecho de que Hamas permitió a Fatah celebrar su aniversario en Gaza, mientras que el último hizo lo mismo en Cisjordania.

Los partidarios de ambas partes usan descaradamente sus desfiles -realizados bajo la atenta mirada de drones israelíes- para exponer sus puntos fuertes. Esto no estuvo relacionado con la ocupación militar israelí, sino con su propia penosa propaganda partidaria.

Por extraño que parezca, si los cálculos de las facciones son precisos con respecto a los asistentes a sus manifestaciones, la población de Gaza puede que de repente se haya transformado en más de cuatro millones, un notable aumento del millón seicientos mil de hace unas semanas -según las estadísticas de Naciones Unidas.

Este miserable legado del faccionalismo palestino está teniendo lugar sobre el escenario del movimiento lentamente gestado en las cárceles israelíes. Los prisioneros políticos palestinos continúan depositando su fe en su propia capacidad para soportar el hambre, ganando la solidaridad internacional con su causa.

Samer Issawi, un prisionero palestino que al 10 de enero llevaba 168 días en huelga de hambre en protesta contra su detención ilegal por parte de Israel, es casi un fenómeno particular. Él es una expresión del más actual, pero despreciado colectivo palestino, cuyo destino no cae en la agenda política de ninguna facción.

Issawi es uno de siete hermanos, seis de los cuales pasaron tiempo en las prisiones israelíes por sus ideas políticas. Uno de sus hermanos, Fadi, fue asesinado por soldados israelíes en 1994, pocos días antes de cumplir 16 años. Incluso su hermana, Shirin, fue arrestada por soldados israelíes durante una audiencia por el caso de Samer el 18 de diciembre último.

Ese día, “Samer fue públicamente golpeado en el tribunal de Jerusalén después de intentar saludar a su familia”, según informó The Palestine Monitor. “Fue arrancado de su silla de ruedas y arrastrado, repetidamente a los gritos mientras era golpeado en el pecho por los guardias que lo rodeaban”.

De hecho, la familia Issawi y todo el barrio de Issawiya, en Jerusalén Este, es ahora blanco del ejército y la polícía israelí. Con la esperanza de romper la voluntad de un hombre solo que en la actualidad no puede pararse sobre sus propios pies.

Tal vez sea legendaria, pero la voluntad de acero de Samer Issawi no es un concepto extraño para los palestinos. Según la asociación Addameer, más de 650.000 palestinos han sido detenidos por el ejército y la polícía israelí desde su ocupación de Jerusalén Este, Cisjordania y Gaza en 1967. “Tomando en cuenta que la mayoría de esos detenidos son hombres, el número de detenidos palestinos representa aproximadamente el 40% del total de la población masculina palestina en los territorios palestinos ocupados”. Pero, la resistencia palestina aún no fue sofocada.

Es más, “se estima que alrededor de 10.000 mujeres palestinas han sido arrestadas por Israel desde 1967. Entre ellas, jóvenes y ancianas; algunas de ellas eran madres de prisioneros con largas condenas”, escribió Nabil Sahli in el Middle East Monitor, que también llamó a la internacionalización del asunto de los prisioneros.

En una sesión especial, el 6 de enero, para tratar la grave situación de los prisioneros palestinos y otros árabes en las prisiones israelíes, la Liga Árabe se hizo eco de demandas similares. En un comunicado, exigió que estos detenidos sean considerados “prisioneros de guerra” y que se activen los esfuerzos internacionales para asegurar su liberación.

Sin embargo, los serios esfuerzos son seriamente escasos a pesar de los repetidos gritos que llaman la atención sobre los prisioneros palestinos. El 17 de abril 2012, al menos 1.200 prisioneros participaron en una huelga de hambre para alertar al mundo sobre su sufrimiento y los maltratos sufridos en las cárceles israelíes. A pesar de que la huelga colectiva finalizó el 14 de mayo, los prisioneros palestinos continúan organizando sus propias huelgas de hambre, batiendo récords de firmeza sin precedentes no sólo en Palestina sino en el mundo entero.

Mientras que los llamados a un cambio de táctica están justificados, si no son urgentes, hay otro cambio inmediato que también debe realizarse. Debe haber un cambio en la cultura política palestina lejos de la repelente manipulación partidista, y al mismo tiempo un retorno a los valores básicos de la lucha palestina. Es la gente como Issawi y no como Abbas que debe definir la nueva era de la resistencia palestina.

Ya se han sumado a una intifada miles de prisioneros políticos palestinos algunos de los cuales están encadenados a sus camas de hospital. Ofrece pocas ventajas aparte de la posibilidad de la dignidad y un salto de fe hacia la libertad.

Esta es la dicotomía con la cual los palestinos deben pelear ahora. El camino que finalmente descubrirán definirá esta generación y demarcará la naturaleza de la lucha palestina para las generaciones siguientes.

* Periodista palestino-norteamericano, escritor y ex productor de Al-Jazeera, Ramzy Baroud enseñó comunicación de masas en la Universidad de Tecnología Curtin de Australia y es editor de Palestine Chronicle.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Fuente: ramzybaroud.net
Traductor: B. Esseddin
 
 
 
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