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PRISIONEROS
 
Lo que las estadísticas no dicen
Bea Esseddin
22 de septiembre 2016

Hoy la Sociedad de Prisioneros Palestinos informó que esta madrugada, durante las habituales incursiones israelíes a diversas localidades de Cisjordania, soldados de la ocupación secuestraron a 27 palestinos. La Sociedad había también informado que los soldados secuestraron ayer a 21 palestinos y antes de ayer a 33. Y antes de antes de ayer, y antes también.

Las estadísticas dicen que si contamos desde 1967, el número de palestinos secuestrados por los soldados de la ocupación israelí llega a más de 900.000. Si contamos desde 1948, se acerca al millón.

Y dicen que entre los más de 7.000 palestinos que se encuentran actualmente en cautiverio en Israel, hay más de 50 mujeres y niñas, y más de 300 niños (varios de ellos tienen menos de 14 años). Hay más de 1.200 enfermos. Hay más de 700 en “detención administrativa” (sin acusación ni juicio).

Hay 70 que son de los territorios ocupados desde 1948. 500 son de Jerusalén Este. 340 son de la Franja de Gaza. El resto, de Cisjordania.

Hay 30 que están encarcelados desde antes de 1993. Dos de ellos, Karim y Maher Yunis, de los territorios ocupados desde 1948, llevan más de 34 años en cautiverio.

932 han sido sentenciados a penas que van desde 20 años de prisión a una o más cadenas perpetuas (de por vida).

Y dicen que más de 200 palestinos han muerto en cautiverio en las mazmorras israelíes. Algunos a consecuencia de la tortura, otros a consecuencia de las enfermedades contraídas en cautiverio, otros fueron directamente ejecutados. Y muchos otros han muerto apenas poco tiempo después de ser liberados a causa de las enfermedades provocadas por el cautiverio en tan inhumanas condiciones.

Lo que no dicen las estadísticas es que, en todos los casos, desde hace casi 70 años, los soldados suelen invadir aldeas, ciudades, pueblos y campamentos de refugiados en Cisjordania, Jerusalén Este y también la Franja de Gaza y los territorios palestinos ocupados desde 1948, a los que llegan en vehículos blindados con gran cantidad de efectivos armados hasta los dientes e incluso perros entrenados para atacar y aterrorizar, muy habitualmente en mitad de la noche, y además de secuestrar civiles palestinos, registran hogares destruyendo su mobiliario y pertenencias personales, y muy a menudo también roban objetos de valor y dinero. A veces también traen topadoras y arrasan con casas enteras.

También acostumbran a encerrar a toda la familia (cuyo sueño interrumpen tirando abajo la puerta de entrada a la casa e invadiendo sus dormitorios) en una de las habitaciones, mientras se dedican a revolver todo el contenido de la casa, destruir y robar lo que se les antoja.

Suelen también golpear, insultar y amenazar a los miembros de la familia, incluidos ancianos, mujeres y niños. Muchas veces toman fotos de ellos. Muchas veces los someten a violentos interrogatorios ahí mismo.

Al momento de secuestrar a uno o más miembros de la familia cuya casa han invadido, destruido y robado, los soldados israelíes acostumbran a propinar al secuestrado una violenta golpiza, le vendan los ojos, atan sus manos –y a veces también sus pies- con precintos plásticos que colocan apretando exageradamente, para provocar intenso dolor, y proceden a arrastrarlo hasta un vehículo militar, sobre cuyo piso lo tiran, para trasladarlo a algún centro de interrogatorios –algunos de los cuales funcionan dentro de los asentamientos coloniales ilegales que instalan en tierras robadas a los palestinos. Y muchas veces los colonos ilegales que habitan en tan ilegales colonias, participan activamente perpetrando maltratos y torturas contra civiles desarmados, incluso niños.

A veces los secuestran en pleno día, en plena calle, camino al trabajo o la escuela. A veces los secuestran en algunos de los cientos de puestos de control militar que implantan en calles o donde les parece. A veces los secuestran cuando están trabajando en sus terrenos de cultivo. O cuando están en sus barcos de pesca, en el mar. Los persiguen, muchas veces les disparan, muchas veces con munición de guerra, antes de secuestrarlos. Muchas veces directamente los asesinan.

Durante el trayecto hacia los centros de interrogatorios, los soldados continúan insultando, amenazando y golpeando y pisando al secuestrado, sea este adulto, joven, anciano o niño, varón o mujer, sano, enfermo o discapacitado.

Una vez en el centro de interrogatorios el secuestrado es sometido a otra larga lista de tormentos, como por ejemplo: lo privan del sueño, el alimento, el agua y/o el uso del baño, durante horas y a veces días y semanas; lo exponen a la intemperie, bajo el sol quemante o la nieve, después de arrancarle sus ropas; lo golpean con palos y/o caños; lo mojan con chorros de agua a presión; lo cuelgan de sus muñecas durante horas mientras lo golpean; cubren su cabeza con trapos hediondos ajustados a su cuello impidiendo la normal oxigenación; atan sus manos por detrás del respaldo de una silla baja y atan sus tobillos a las patas de la silla, forzándolo a mantenerse inmóvil durante largas horas en una posición dolorosa; lo queman con cigarrillos; le aplican descargas eléctricas; sumergen su cabeza en tachos con agua mientras presionan su cuello para que no pueda sacar la cabeza del tacho...

Muchas veces también demuelen o amenazan con demoler la casa del secuestrado y/o secuestran o amenazan con secuestrar a uno o más de sus familiares para forzarlo a firmar confesiones redactadas por los secuestradores, en hebreo. La lista de brutalidades es interminable.

Después lo arrojan en celdas mugrientas, sin ventilación ni luz natural, húmedas, infectadas de roedores e insectos, sin baño, sin cama, a veces incluso ni siquiera hay colchón. Suelen ser diminutas, especialmente las celdas de confinamiento solitario. En las celdas más grandes hacinan a muchos de ellos, de manera que no cuenten ni con un metro cuadrado por persona.

Los secuestrados que padecen alguna enfermedad o discapacidad, y los que fueron lastimados o heridos durante el secuestro, no reciben asistencia médica. Tampoco los que contraen enfermedades a causa de las inhumanas condiciones que sufren en cautiverio. Y en muchos casos, los infectan a propósito o les inyectan drogas para probar sus efectos. Y en ningún caso les dan asistencia médica.

En algunos casos liberan al secuestrado unas horas o unos días después, sin haberle comunicado el motivo por el cual lo sometieron a tal agresión, y sin haberle permitido ser asistido por un abogado.

En otros casos, los retienen por semanas, meses o años, muchas veces sin siquiera presentar acusación formal ni llevarlos a juicio. Y muchas veces incluso después de muertos, sus cuerpos siguen siendo secuestrados durante meses y años en tumbas sin nombre.

Y cuando los llevan a juicio, no es un juicio justo. En el 99% de los casos son acusados y condenados sin pruebas. Generalmente ni siquiera los llevan ante un juzgado civil. La mayoría de los civiles palestinos llevados a juicio, son procesados ante tribunales militares.

Con toda esta larga lista de crímenes - de los que nombramos aquí sólo algunos - más toda otra lista (que empieza por haberse apropiado por la fuerza del territorio palestino, haber expulsado por la fuerza a más de los dos tercios de su población nativa en 1948 y haber continuado perpetrando expulsiones desde entonces, e “importar” judíos continuamente desde todas partes del mundo, para reemplazar a la población palestina nativa, alojándolos en viviendas y terrenos robados a los palestinos y continúa, en otras cosas, con la catarata de mentiras que desparramaron por todo el planeta para convencer al mundo de que Palestina no existe, pero que Dios la regaló a los “judíos” y que los palestinos tampoco existen, pero son todos terroristas, incluidos los bebés), con todo ese horror, no han conseguido los ocupantes invasores más que reforzar nuestra determinación a continuar luchando, de todas las formas posibles, hasta restablecer la justicia.

Las estadísticas tampoco dicen que seguiremos resistiendo hasta liberar nuestra patria de la criminal ocupación y repatriar a todos los palestinos que fueron expulsados desde 1948 y todos sus descendientes que fueron forzados a nacer y vivir - y en muchos casos morir - en el exilio, y por fin construir nuestro Estado independiente y restablecer los derechos de los cuales fueron privados y los bienes de los cuales fueron despojados todos los prisioneros políticos, los refugiados y los mártires y toda su descendencia.

 
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