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PRISIONEROS
 
Samer Issawi... El discurso del hambre
Issa Qaraqe* / 12-abr-2013

 

Israelíes:

Soy Samer al-Issawi, en huelga de hambre por 8 meses consecutivos, acostado en uno de sus hospitales llamado Kaplan. Mi cuerpo es un dispositivo médico conectado a una habitación vigilada las 24 horas. Mi ritmo cardíaco se ha vuelto lento y mínimo y puede detenerse en cualquier momento. Y todos, médicos, funcionarios y agentes de la inteligencia, están esperando mi derrota y que pierda mi vida.

Decidí escribirles: a intelectuales, escritores, abogados y periodistas, asociaciones y activistas civiles y sociales. Los invito a visitarme, para que vean un esqueleto atado a su cama de hospital con tres exhaustos carceleros a su alrededor. A veces consumen sus apetitosas comidas y bebidas cerca de mí.

Los carceleros ven mi sufrimiento, cómo voy perdiendo peso y me voy derritiendo. A menudo miran sus relojes, preguntándose con sorpresa: ¿cómo es que este cuerpo destrozado tiene tiempo excedente para vivir más allá de su tiempo?

Israelíes:

Estoy buscando un intelectual entre ustedes que esté más allá de jugar con las sombras, o hablarle a su cara en el espejo. Lo busco para que me mire a la cara y observe mi estado de coma, para que limpie la pólvora de su pluma y de su mente el sonido de las balas. Él verá mis rasgos profundamente tallados en sus ojos, lo veré y me verá, lo veré nervioso por las preguntas futuras y me verá como un fantasma persistente junto a él, que no se va.

Puede que reciban instrucciones para escribir una romántica historia sobre mí y podrían hacerlo fácilmente después de quitarme mi humanidad, verán una criatura que no es más que una caja torácica, respirando y ahogándose de hambre, perdiendo la conciencia de vez en cuando.

Y, después de su frío silencio, la mía será una historia literaria o periodística que agregarán a su plan de estudios, y cuando sus estudiantes crezcan creerán que el palestino murió de hambre frente a la espada israelí de Gilad, y a continuación se regocijarían con este ritual funerario y su superioridad cultural y moral.

Israelíes:

Soy Samer al-Issawi, el joven “arabush” [*] según su vocabulario militar, el jerosolimitano, a quien ustedes arrestaron sin acusación, salvo la de haber salido de Jerusalén hacia los suburbios de Jerusalén. Soy quien será juzgado dos veces por una acusación sin acusación, porque es el ejército el que gobierna su país y el aparato de la inteligencia el que decide, y todos los demás integrantes de la sociedad israelí sólo tienen que sentarse en una trinchera y esconderse en el fuerte para preservar lo que llaman pureza de identidad, esquivando la explosión de mis sospechosos huesos.

No los escuché intervenir para silenciar el escandaloso gemido de la muerte, como si todos se hubieran convertido en excavadores de tumbas, y todos vistieran su ropa militar: el juez, el escritor, el intelectual, el periodista, el comerciante, el académico y el poeta. Y no puedo creer que una sociedad entera se haya convertido en guardián de mi muerte y mi vida, o guardián de colonos que corren detrás de mis sueños y mis árboles.

Israelíes:

Moriré satisfactoriamente satisfecho. No acepto ser expulsado de mi patria. Ni acepto sus tribunales ni sus disposiciones arbitrarias. Si atravesaron en pascuas por mi país y lo destruyeron en nombre de un Señor de un tiempo antiguo, no atravesarán por mi radiante alma que ha declarado la desobediencia. Se ha recuperado y voló y celebró el poco tiempo que les queda. Tal vez entonces comprendan que la conciencia de la libertad es más fuerte que la conciencia de la muerte.

No escuchen a esos generales y esos mitos polvorientos, pues el derrotado no permanecerá derrotado y el victorioso no permanecerá victorioso. La historia no se mide sólo por batallas, masacres y prisiones, sino por la paz con el otro y consigo.

Israelíes:

Soy Samer al-Issawi, escuchen mi voz, la voz de nuestro tiempo y el suyo. Liberénse a sí mismos de los excesos del poder codicioso. No permanezcan prisioneros de campos militares y puertas de hierro que han cerrado sus mentes. No estoy esperando que un carcelero me libere, estoy esperando que ustedes se liberen de recordarme.

 

*Issa Qaraqe, ministro de los prisioneros de la Autoridad Palestina

[*] Arabush: forma despectiva, para nombrar a los “árabes”, utilizada ampliamente por los soldados israelíes. Proviene de Akhbaroshim, combinación de la palabra “árabe” con la palabra “ratas” en hebreo, luego adaptada al inglés como “arabush”.

 
 
Fuente: http://hyas.ps/en/index.php/en/k2-category/settlements/item/148-hunger-speech-by-samer-issawi / 8-4-2013
Traductor: Bea Esseddin
Original: http://arabsolaa.com/articles/view/108505.html / 1-4-2013
 
 
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