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REFUGIADOS
 
La "limpieza étnica" continúa...
Salman Abu Sitta / septiembre 2011


La nueva invasión de Cisjordania y Gaza por parte del Ejército israelí de Sharon no es espontánea ni una respuesta a una operación del movimiento de resistencia. Constituye un nuevo capítulo de un proceso de limpieza étnica que ya dura 54 años. El primer capítulo fue la "nakba" (desastre) de 1948, cuando los israelíes expulsaron a punta de pistola a los habitantes de 530 pueblos y aldeas palestinos. Nunca antes una minoría inmigrante extranjera se había lanzado sobre una mayoría nacional, como en Palestina, había desalojado el país de su gente, confiscado tierras y propiedades, borrado los monumentos y proclamado que semejante crimen era un milagroso acto de Dios y una victoria para la civilización.

La reciente destrucción del campo de refugiados de Jenín, cuyos habitantes fueron expulsados de aldeas cercanas a Haifa en 1948, constituye otro recordatorio de la operación de limpieza étnica más larga y mejor planeada y ejecutada de la historia moderna. Antes de Jenín, hubo matanzas en Sabra y Chatila en 1982, Kafr Kassem y Khan Younis en 1956, Qibiya y Bureij en 1953, y muchas otras. El rasgo común de estas atrocidades es que su autor es el mismo: el acusado de crímenes de guerra Ariel Sharon; y que el objetivo es el mismo: la sustitución de los palestinos por inmigrantes judíos. Sharon es un fiel soldado del sionismo que pretende conquistar la tierra palestina y hacer desaparecer al pueblo palestino por medio del genocidio físico o geográfico o la expulsión.

Cuando los británicos pusieron Palestina bajo su mandato en 1920, los judíos eran el 9% de una población mayoritariamente árabe palestina y poseían el 2% de la tierra del país. Treinta años más tarde, constituían el 30% de la población, si bien su propiedad de la tierra había incrementado sólo hasta el 6% de Palestina.

Bien entrenadas por británicos y por veteranos de la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas sionistas, llamadas más tarde israelíes (ampliamente superiores: 65.000 soldados judíos contra 4.000 milicianos palestinos), barrieron Palestina y conquistaron el 78% de su territorio. En ese proceso, resultaron despoblados 530 pueblos y aldeas palestinos. Sus habitantes se convirtieron en los refugiados de hoy: cinco millones de personas despojadas de su hogar. En la actualidad, el 42% vive en lo que queda de Palestina (Cisjordania y Gaza), el 46% en los países vecinos y el 12% en otros países. La tierra de los refugiados constituye el 92% de la superficie de Israel, denominada ahora "tierra del Estado". Semejante Estado se declaró sobre una tierra que no le pertenece.

Esta tierra es utilizada por los kibutz (granjas colectivas) y "moshav" (colonias de cooperativistas), que la propaganda sionista considera pilar de su movimiento: los judíos que "regresan" a su tierra para cultivarla y vivir en ella. Este mito se ha venido abajo. El kibutz está hoy en bancarrota, ideológica y económicamente. No hay nuevos voluntarios. La mayoría de los judíos prefiere vivir en las ciudades y trabajar en las finanzas y el comercio. El kibutz está endeudado. Aunque controla inmensas áreas de tierra y consume casi la mitad de los recursos hídricos, sólo produce el 1,5% del PIB. Lo paradójico es que 160.000 judíos rurales, de los que únicamente viven de la agricultura 8.600 "kibbutzim", controlan casi toda la tierra palestina.

Como es de suponer, los palestinos se aferran al ardiente deseo y al derecho inalienable de regresar a su hogar, de acuerdo con el derecho internacional. Este sencillo derecho básico impulsa a los palestinos a continuar su feroz resistencia a la expulsión y al exilio, así como a la ocupación israelí de Cisjordania y Gaza, los restos de Palestina. Israel, en cambio, sigue negándoles semejante derecho y, en vez de eso, importa inmigrantes de Nueva York, Rusia y Etiopía para que ocupen su lugar. A pesar de los esfuerzos israelíes, el 80% de los judíos sigue viviendo en el 15% de Israel, con lo que la mayor parte de la tierra palestina conquistada queda desocupada, salvo para una minoría de "kibbutzim".

La brutal destrucción de los campos de refugiados llevada a cabo por Sharon es un intento desesperado de eliminar lo que queda de los palestinos. Además, Israel ha establecido en los territorios ocupados de Cisjordania y Gaza el único sistema de apartheid del mundo, con una legislación favorable a los colonos extranjeros de la tierra ocupada y otra legislación opresiva para los habitantes palestinos. No es posible tolerar los crímenes de guerra, la limpieza étnica y el apartheid; sus autores no pueden escapar a la justicia. Esta justicia debe conllevar el retorno de los palestinos a sus hogares y el fin de la ocupación.

Con el auge de los asuntos relacionados con los derechos humanos en el ámbito de la opinión pública y con el establecimiento de un Tribunal Penal Internacional, el derecho internacional tendrá que aplicarse tarde o temprano en Palestina.

Israel, con el único apoyo de Estados Unidos, ha logrado hasta ahora desafiar al mundo y el derecho internacional. Sin embargo, hay un hecho muy sencillo: no puede haber paz en Próximo Oriente sin justicia.

 
 
 
Fuente: hemeroteca.lavanguardia.com/ 2002 / http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/2002/07/04/pagina-21/33973667/pdf.html
Traducción: Juan Gabriel López Guix
 
 
 
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