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REFUGIADOS
 
Para Revertir la Limpieza Étnica: El derecho a retornar a la Patria
Dr. Salman Abu Sitta / noviembre 2011



En la primavera de 1948, algunos mujtars (jefes) judíos de las colonias judías en Palestina fueron al encuentro de los mujtars árabes palestinos de los pueblos cercanos, con quienes mantenían buenas relaciones de vecindad, y les susurraron al oído: “Somos buenos amigos y vecinos vuestros y debemos daros un consejo sincero. Esos viciosos soldados Palmach [1] que acaban de aterrizar de Europa no tienen misericordia. Intentan ‘limpiar’ los pueblos árabes. Coge a tu familia y escapad para salvar vuestras vidas antes de que sea demasiado tarde”. Ese no era un consejo “sincero”. Esa “campaña del susurro” fue ordenada por el comandante de Palmach, Yigal Allon (Paicovich) y sus consecuencias provocaron la despoblación de al menos doce aldeas.

Hay muchas clases de soldados israelíes, no todos llevan armas. Un grupo de reciente constitución está llevando a cabo lo que se denomina “hasbara”, una campaña de relaciones públicas para lavar las brutales políticas israelíes de ocupación y racismo. Irónicamente, el término “hasbara” está cercano a otro término más apropiado “za’bara”, que significa ruido fuerte y absurdo.

Gershon Baskin (Derecho al Retorno a Palestina, AMIN, 25 de mayo de 2006) da a sus amigos palestinos un consejo ‘sincero’ como “verdadero amigo del pueblo palestino”: Renuncia a tu derecho a regresar a la patria. Aquellos campesinos de Safad que, junto con sus niños, escucharon en 1948 a sus amistosos vecinos judíos tienen que oír ahora cómo sus nuevos amigos israelíes les aconsejan: Renuncia al más básico de los derechos humanos, el de poder conservar y regresar a tu propio hogar.

¿Por qué debería proceder esta campaña de algún tipo de institución, y mucho menos de los judíos europeos quienes, en palabras de Arnold Toynbee, deberían haber sido los primeros en aprender de la historia?

Baskin da sus razones (y las de los israelíes) para rechazar el Derecho al Retorno. Cada una de esas razones no resiste un análisis serio. Cada una de ellas constituye una de las armas habituales de la ya desacreditada armería israelí de los mitos y la desinformación.

Baskin empieza con la resolución 181 de Naciones Unidas (el Plan de Partición), que fue “abrumadoramente aceptada por el pueblo judío” – que implicaba que los inmigrantes judíos europeos podían ir a Palestina, pero en cambio no pueden hacer lo mismo los palestinos. ¿Cómo puede ser esto así?
Baskin no menciona que ese Plan destinaba el 55,5% de la tierra de Palestina a los inmigrantes judíos europeos, que no poseían, incluso con la conspiración del Mandato Británico, más que un 5,5%. No menciona que 457 pueblos y ciudades palestinos se encontraron de repente, según el Plan, bajo la soberanía de esos inmigrantes, muchos de los cuales acababan de vadear las costas palestinas desde un barco de contrabandistas bajo la protección de las sombras de la noche. Tampoco menciona que el 48% de la población de lo que iba a ser el ‘estado judío’ eran árabes palestinos. Tampoco alude a que Ben Gurion, siguiendo la táctica de aceptar provisionalmente el Plan de Partición, procedió de forma inmediata a limpiar étnicamente de ‘ciudadanos’ palestinos la llanura junto a la costa de su nuevo estado.

Ben Gurion despobló 250 pueblos y expulsó a la mitad de todos los refugiados antes de que se declarara el estado de Israel el 15 de mayo de 1948 y antes de que cualquier soldado árabe regular llegara para enfrentar la limpieza étnica.

Baskin ni siquiera repara en la más grande y continua operación, maquinada por Israel, de limpieza étnica de la edad moderna, por la cual 774 pueblos y ciudades palestinos cayeron bajo control sionista en 1948, de los cuales 675 fueron totalmente abandonados y 99 permanecieron bajo gobierno militar durante 16 años, reduciendo a sus habitantes a ciudadanos de segunda clase. Los refugiados de esos pueblos y ciudades conforman ahora la cifra 6.400.000 (tanto los registrados por Naciones Unidas como los que no lo están) – no 5 millones como afirma Baskin. De hecho, el 75% del pueblo palestino está constituido por refugiados o desplazados; todo un pueblo víctima de Israel. Sus tierras abarcan el 93% del área de Israel.

Sus propiedades, mobiliarias e inmobiliarias, han sido confiscadas por Israel en el robo más grande perpetrado desde la II Guerra Mundial. Ese fue el resultado de la Nakba[catástrofe] de 1948. Pero aún hoy en día prosigue la Nakba en la Palestina ocupada de 1967. Aquellos que perdieron en la Nakba de 1948, pueden volver a revivirla hoy en las pantallas de TV, aunque de forma diferente, con una ‘hasbara’ más hábil.

Supongo que resulta obvio decir que la limpieza étnica es un crimen de guerra. El Estatuto de Roma de 1998 y la Sexta Carta de Nuremberg así lo expresan. Se entiende que quienes justifican la limpieza étnica o quienes la promueven de palabra o de hecho están cometiendo asimismo un crimen de guerra. Negar el Derecho al Retorno es perpetuar la limpieza étnica y, por tanto, participar en ella.

Por eso, una vez más, ¿por qué los israelíes rechazan el Derecho al Retorno a pesar de de que Naciones Unidas confirmó ese derecho cientos de veces y que la admisión de Israel como miembro de Naciones Unidas se vio condicionada a esa aceptación?

La respuesta parece ser ‘realista’: no puede deshacerse lo que se ha hecho hace 58 años. Es como decir: serás castigado si intentas matar a alguien, pero serás perdonado si lo haces y lo consigues.

El realismo tiene muchos más rostros que Baskin no mencionó. Ya hay 58 años de realidad de la Nakba. Cada día se escribe una nueva página con la sangre palestina y la brutalidad israelí. Hay una realidad a la que los refugiados no han renunciado ni nunca lo harán: al derecho a volver a su patria. Hay otra realidad, que el 97% de esos refugiados viven en un área que se encuentra a 100 kilómetros de sus casas, el 5% dentro de los 40 kilómetros y muchos están frente a sus mismas casas. Esa realidad supone que, a pesar de las guerras, los asaltos, la ocupación y las brutales políticas israelíes, todas y cada una de las tres generaciones que están viviendo la Nakba ni se han rendido ni han renunciado.

La propaganda sionista llenó de mentiras las mentes occidentales. Pero la densa niebla de la ‘hasbara’ se va disipando lentamente. Cada vez más grupos de derechos humanos, universidades, iglesias están pidiendo el boicot y la retirada de inversiones en Israel.

Sí, algunos, como Baskin, siguen jugando el viejo juego: ‘los pueblos ya están destruidos’, ‘no hay espacio suficiente allí para poder regresar’ etc… Esos rancios argumentos suponen un insulto a la inteligencia de un hombre normal, mucho más para la de un experto, y no dicen nada bueno de su autor.

¿Qué pasaría si eso fuera verdad? Si un ladrón destruye una casa o construye otro piso sobre ella, ¿tenía acaso derecho a hacerlo? Entonces, ¿en función de qué premisa, tras medio siglo, los judíos europeos recuperaron sus casas y propiedades, hasta el último cuadro, de sus colegas y ciudadanos europeos?
En los textos donde se contienen los derechos humanos, e incluso en las leyes nacionales, no hay nada que invalide la inviolabilidad de la propiedad privada y el derecho al retorno.

Pero todas esas proclamas israelíes sobre la impracticabilidad del retorno son, evidentemente, falsas. Hay espacio. La mayor parte de la tierra confiscada palestina (el 93% del territorio israelí) es utilizada por el ejército israelí y por los arruinados kibbutz, que suponen tan sólo el 1,5% de los judíos israelíes. El 80% de los judíos israelíes viven en el 14% de Israel. Los judíos situados en zonas rurales en la mitad sur del país suponen un número menor de habitantes que los palestinos que malviven en un único campo de refugiados.

No sólo podemos reconstruir los pueblos destruidos (el 90% de sus espacios están aún vacíos) aunque tengan que expandirse seis veces debido a un natural crecimiento. Ammán, Beirut, Kuwait se han expandido 10-30 veces, los palestinos contribuyeron a su desarrollo. El mismo Israel creció ocho veces, fundamentalmente a causa de la inmigración. ¿Por qué debería ser tan difícil construir 6000 casas en un pueblo aunque sus 1000 casas originales estén o no en pie?

Pero Baskin no menciona la principal razón principal: Israel quiere mantener sus políticas racistas y de apartheid bajo la rúbrica de ‘estado judío’ y seguir amenazando con la bomba demográfica palestina.
¿Cuál es el significado del ‘estado judío’? No hay un significado legal de estado judío, ni siquiera en el Plan de Partición, que protegía al 50% de su población árabe y que fue “abrumadoramente aceptado” por los inmigrantes judíos, no hay nada en el derecho internacional por lo que se puedan mantener estados racistas étnico-religiosos.

Pero hablar de ‘amenaza demográfica palestina’ es puro racismo. ¿Qué harían los judíos británicos si el Ayuntamiento de Londres decidiera que los judíos de Golders Green son una amenaza para la democracia y que tienen que ser étnicamente eliminados si su número supera la cifra que decida el racista Partido Nacionalista Británico?

Y entonces resulta que oímos hablar a Baskin de la ‘generosidad’ israelí al permitir que un ‘número limitado’ de palestinos recuperen sus propiedades robadas bajo un plan de reunificación familiar. Esa cifra limitada se queda reducida a cero, especialmente después de la ley israelí que anula el programa de reunificación familiar.

Pero Israel es generoso. En Taba, ofreció otras posibilidades a los refugiados: selecciona tu país de exilio favorito, cualquier lugar en el mundo, pero no se te ocurra pensar en tu patria.

Cuando se trata del tema de las indemnizaciones, Israel es más generoso. Quiere agarrar 18,6 donum [2] de tierra palestina, gran número de casas, tiendas, negocios, fábricas, propiedades mobiliarias, por lo menos 1.200 millones de metros cúbicos de agua y otros recursos naturales, propiedades públicas históricas, aeropuertos, campos militares, ferrocarriles, carreteras, minas – todo será pagado por un “fondo internacional” al que Israel contribuirá modestamente. A cambio, Israel sería el dueño legal de toda esa propiedad robada. No se menciona la compensación por los crímenes de guerra o por los crímenes contra la humanidad. Desde luego, no hay mención alguna a que los palestinos tienen derecho a volver a sus hogares y a recibir indemnizaciones por sus pérdidas y sufrimientos.

Baskin resume bien la posición israelí: “Cualquiera que entienda algo sobre Israel y los israelíes debe darse cuenta que no habrá retorno al mismo Israel”. En palabras más sencillas, Israel quiere continuar con su limpieza étnica, proseguir sus políticas racistas y de Apartheid y “realmente no quiere vivir en paz” con los palestinos sino en su lugar.

Los palestinos, y la mayor parte del mundo con ellos, están determinados a seguir luchando por la justicia y erradicar el racismo y el Apartheid. Al igual que lo hizo Sudáfrica. No tienen intención de desaparecer.
Para mostrar verdadera “amistad”, Baskin debería llegarse hasta los israelíes y ayudarles a que sacudan su amnesia colectiva acerca de lo que han hecho, y siguen haciendo, a los palestinos y aconsejarles que su salvación radica en desprenderse completamente, y para siempre, del racismo. Tienen que enmendar sus modos, revocar la limpieza étnica y hacer reparaciones.

Para ello está claro que, en última instancia, la historia de los judíos irá marcada de forma indeleble, sobre cualquier otro evento histórico, por lo que han hecho en Palestina.

NOTAS:

[1] El Palmach, constituido el 15 de mayo de 1941, era una unidad de comandos de elite que formaba parte de la Haganah (el ejército clandestino de los colonos judíos durante el Mandato Británico de Palestina). Durante la agresión de 1948, sus efectivos se ampliaron a tres brigadas de combate y una serie de unidades auxiliares aéreas, navales y de servicios de inteligencia. Ser palmachnik era también considerado un estilo de vida. Dirigentes importantes del Palmach fueron, entre otros, Moshe Dayan, Yitzhak Sadeh y Yizhak Rabin.

[2] 1 donum = 1.000 metros cuadrados.

 
 
 
Fuente: Rebelión / 11-6-2006 / http://www.rebelion.org/noticia.php?id=32894
Traductor: Sinfo Fernández
 
 
 
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