Enlaces   Contacto    
Portada Refugiados Ocupación Prisioneros

Artículos Reportes Entrevistas Declaraciones Documentos Galería Multimedia

Sitio de la Estrella
La Web
 
 
 
 
REFUGIADOS
 
Ser Palestino
Dr. Salman Abu Sitta
20 de marzo 2018
 

Descubrí que soy “palestino” la primera vez que puse un pie fuera de Palestina. No porque careciera de identidad, sino porque no necesitaba demostrar eso a mi familia, mis vecinos y mis compatriotas.

El mayor impacto lo recibí cuando cursaba mi doctorado en el University College de Londres. Un día, a principios de la década de 1960, fui a renovar mi tarjeta de extranjería al ministerio del interior, en Londres. Miré la tarjeta renovada y vi que junto a mi nacionalidad decía “incierta”. Miré con incredulidad al empleado: “Pero soy palestino, mi padre es palestino, mi abuelo también es palestino. Ustedes los británicos debieran saberlo”.

“Es solo una formalidad”, dijo amablemente.

Esta impugnación a mi identidad, a mi ser, fue devastadora.

Durante y después de nuestra Nakba, pasamos por otro tipo de experiencia traumática. Pasé por la experiencia de ser un refugiado desde los diez años de edad. En 1948 y 1949, vi una masa de seres humanos ser expulsados de sus hogares, de 250 aldeas del sur de Palestina, que tuvieron que refugiarse bajo los árboles, en escuelas, mezquitas, o con familiares o amigos. Tuvieron que amontonarse en el 1% de Palestina, que todavía no había sido ocupado, en lo que ahora se conoce como Franja de Gaza.

Fuimos todos engullidos por el torbellino de la Nakba que nos cayó encima. Las aldeas, los lugares y las tierras de donde venimos eran claras como el cristal en nuestras mentes. Los conocíamos al detalle. Con la ferviente esperanza de regresar pronto, la gente vendió sus cosechas, hipotecó o intercambió terrenos en el territorio ahora ocupado por el enemigo.

Conocíamos al enemigo sólo de nombre, como "los vagabundos del mundo". Aunque el enemigo hablaba una Babel de idiomas y vestía una amplia variedad de semiuniformes, tenía una lengua secreta, llamada hebreo, que nadie conocía. No sabíamos nada de la estructura, la fuerza o los planes de los invasores, salvo que atacaban, invadían, asesinaban y expulsaban gente de sus casas. Algunos de nosotros, con conocimiento de la historia, recordamos a Hulagu, el líder de los mongoles, o a los príncipes y reyes de los francos, conocidos como ‘los cruzados’. Algunos, con inclinación religiosa, dijeron que nos cayó esta plaga porque no obedecimos la palabra de Dios.

En todo ello, nunca sentimos que nuestra "palestinidad" fuera cuestionada de alguna manera. Decíamos en nuestro habla coloquial, "al-watan" -la tierra que pisas, o la patria. No teníamos duda sobre quién era palestino o cuál era nuestro país.

Los jóvenes regresaron para atacar a los ocupantes. Consiguieron grandes triunfos ya que el enemigo, al principio, no podía controlar el vasto territorio del que se había apropiado. Más adelante estos jóvenes formaron grupos de 'fedayines' [combatientes] y sus líderes se convirtieron en miembros de la OLP.

La traumática experiencia en Londres - que hayan borrado la palabra “Palestina” y hayan olvidado a su pueblo- se agravó por la gran celebración en Gran Bretaña y, en general, en Occidente, de nuestra desaparición. La invasión israelí fue vista como una victoria para la civilización y el cumplimiento de la voluntad divina.

Mientras a media jornada escribía artículos para la BBC en árabe, tuve que elaborar urgentes argumentos para decirles a reporteros de la BBC, supuestamente bien informados, que existimos, que Palestina existe. Vi con gran tristeza que instituciones de prestigio, como la Biblioteca Británica y la Real Sociedad Geográfica, tacharon de sus catálogos la palabra "Palestina" y la remplazaron por "Israel".

Así que, al fin de cuentas ¿no soy palestino? Fui a bibliotecas y exposiciones y busqué en los archivos de instituciones en Londres para copiar y adquirir cualquier documento que yo pudiera encontrar, primero sobre mi familia y mi lugar de nacimiento y luego sobre Gaza y Bir As-Sabaa y después sobre toda Palestina.

Los hallazgos fueron impresionantes, aunque no sorprendentes: fue el Occidente colonialista, la fuente del pecado original, el que estuvo trazando mapas e investigando Palestina desde el siglo XIX.

El recorrido por los depositarios de la información sobre Palestina se extendió a otras fuentes dentro del Reino Unido y luego a París, Berlín, Leipzig, Munich, Nueva York y Washington. Este periplo llevó 40 años pero finalmente dio origen al Atlas of Palestine, que documenta cada kilómetro de Palestina.

Mientras miraba decenas de miles de nombres de lugares, me maravillé de cómo los palestinos tallaron su historia en esos nombres. La registraron en sus días felices y sus días tristes. Nombres como "Boda de la Belleza", "Primavera Blanca", "Jardines del Haj Ali" o "Muerte del Héroe", forman el alfabeto de la historia palestina.

Esta historia es más Antigua de lo que muchos creen. La mayoría de los nombres de las aldeas tienen al menos dos mil años. Digo ‘al menos’, porque contamos con un registro de esas aldeas hecho por Eusebio, Obispo de Cesárea [Qisaría], en el año 313. Son más antiguas que Londres, París y probablemente Roma. La historia oral de la Nakba, recolectada prudentemente de los sobrevivientes, es otro registro del paisaje destruido, que confirma lo que Eusebio vio hace 17 siglos.

La enorme cantidad de datos que recolecté y analicé sobre cada lugar de nuestra Palestina, fue comparada con la situación actual después que fuera ocupada por Israel en 1948. Con la tecnología disponible, fue posible hacer un seguimiento de los cambios en nuestros hogares y nuestro paisaje y ver lo que los israelíes hicieron con ellos, qué inmigrantes judíos viven allí, de dónde vienen, qué construyeron y qué destruyeron. Por lo tanto, fue posible trazar un escenario realista de cómo podría implementarse nuestro retorno.

Esto llevó a un resultado sorprendente que ha estado oculto durante décadas por la falsa información sionista. Descubrí que nuestra tierra, de la que nos despojaron, está mayormente vacía. Los judíos siguen viviendo en la región costera y el oeste de Jerusalén, como en la época del Mandato británico, obviamente con la expansión necesaria para una población que se octuplicó. Descubrí que los terrenos del 90% de nuestras aldeas permanecen vacíos. El vasto territorio confiscado a los refugiados, fue asignado a los kibutz, donde viven sólo el 2% de los israelíes, y al ejército israelí.

Por lo tanto fue posible elaborar un plan para el retorno de los refugiados describiendo la demografía y la geografía del paisaje y considerando la correspondiente ley del retorno. Publicamos otro atlas, The Return Journey, mostrando las posibles rutas para retornar.

Hablar sobre el retorno ha sido considerado 'imposible' a los ojos de Occidente e Israel. Ya no. En una docena de conferencias durante los últimos años y con el surgimiento del movimiento BDS [Boicot, Desinversión y Sanciones], se está tratando seriamente esto como el único camino para una paz permanente. A principios de mayo de 2014, una pequeña ONG israelí, Zochrot, lanzó una aplicación de Apple llamada iNakba, que guía al usuario desde cualquier punto de Israel a las aldeas despobladas y brinda información sobre ellas. Es un pequeño paso en el camino del retorno.

Para algunos palestinos, ser palestino es apreciar un olivo, disfrutar de un desayuno con zaatar [una variedad del orégano], colgar en su casa un mapa de su ciudad natal o casarse con una chica que hubiera sido su vecina antes del exilio. Pero eso es sólo para mantener vivo el recuerdo.

Ser palestino es no olvidar, ni renunciar a esta gran herencia, ni arrodillarse ni resignarse a la tragedia de la Nakba. Ser palestino es resistir los estragos de las viles acciones, insistir en la restitución de los derechos y planear su restitución. Ser palestino es persistir en adherir a los principios de justicia, que sólo pueden conseguirse con el retorno al hogar.

Ser palestino es ser un refugiado en un campamento con una calle llamada Lydda y un almacén llamado Ramle [1]. Ser palestino es ser la cuarta generación de palestinos nacidos en Nueva York que se refieren a Beit Daras como su ciudad natal. Ser palestino es decirle al empleado del ministerio del interior, o a sus sucesores: "no, no soy 'incierto'; fui palestino, soy palestino y siempre seré palestino", en cualquier idioma, ciudad y año.

 
Notas:
* Este artículo es un capítulo del libro “Being Palestinian”, Editorial Yasir Suleiman, Edinburgh University Press, 2016
** El Dr. Salman Abu Sitta nació en Bir As-Sabaa, Palestina, en 1937. Es Ingeniero de profesión, fundador y presidente de la Sociedad de la Tierra de Palestina, autor de The Atlas of Palestine y The Return Journey y de gran cantidad de artículos y meticulosos informes sobre la Nakba, los refugiados y el derecho al retorno.

[1] Lydda y Ramle, son dos de las ciudades despobladas por el ejército sionista en 1948.
 
Fuente: Palestine Land Society
Traducción: Bea Esseddin/ Marzo, 2018
 
Share |
Las opiniones vertidas en este sitio, no reflejan, necesariamente, la opinión de los editores
estrellapalestina2011(arroba)gmail.com
Se permite la reproducción total o parcial de los materiales, siempre y cuando se mencione la fuente, el autor y el traductor.
©Copyright 2006 - Derechos Reservados por La Estrella Palestina