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REFUGIADOS
 
XXX Años de la masacre de Sabra y Shatila
17-sep-2012


 


Hace 30 años, entre el 16 y 18 de septiembre de 1982, las fuerzas falangistas libanesas masacraron a la población palestina en los campamentos de Sabra y Chatila. Las tropas israelíes, que en ese momento ocupaban Beirut y eran comandadas por Ariel Sharon como ministro de Defensa, permitieron la entrada a los campamentos de las milicias derechistas. Publicamos a continuación fragmentos del Informe Kahan, elaborado por una comisión israelí que trató de encubrir la responsabilidad de Tel Aviv y de Sharon, en esa matanza que conmovió a la Humanidad.

36 horas de muerte y silencio

La matanza comenzó a las seis de la tarde del jueves 16 de septiembre de 1982, cuando el ejército israelí facilitó el ingreso de más de 300 elementos de las milicias derechistas, Fuerzas Libanesas, al área de los campamentos de Sabra y Chatila en una operación que, según alegara más tarde Tel-Aviv, pretendía eliminar unos dos mil combatientes palestinos que Arafat había dejado atrás en los campamentos de refugiados. Esos alegatos eran totalmente infundados.

La masacre prosiguió hasta las ocho de la mañana del sábado 18 de septiembre, o sea más de 36 horas de asesinatos en medio del total, absoluto y hermético silencio de Israel.

Después de 21 años aún se mantiene la incógnita en torno al número exacto de víctimas civiles de aquella matanza y lo más probable es que nunca se sepa, ya que los estimados de los aparatos israelíes de inteligencia militar calculan una cifra de entre 700 a 800 palestinos ultimados durante la criminal acción. Mientras fuentes palestinas estiman la muerte de varios miles, entre ellos niños, mujeres, incluso embarazadas, y ancianos que fueron vejados de las peores maneras y algunos apuñalados, pasados por las bayonetas y destrozados antes o después de ser asesinados.

Según informes de periodistas que llegaron al lugar pocas horas después también hubo masivas y sumarias ejecuciones de jóvenes.

Un testigo directo, el periodista estadounidense Thomas Fredman, del diario The New York Times, dijo: “He visto frecuentemente grupos de jóvenes en la edad de entre veinte y treinta años que fueron alineados junto a las paredes, atados de manos y pies y exterminados a posteriori con ráfagas de ametralladoras al estilo de las bandas profesionales de gangsters”.

Todas las versiones confirman que los ejecutores de esta carnicería eran miembros de la falange Fuerzas Libanesas, una milicia armada por Israel y que constituyó el más fiel aliado de Tel Aviv desde el desencadenamiento de la Guerra Civil en El Líbano, en 1975. Sin embargo, hay que señalar que esos actos criminales fueron llevados a cabo en una zona bajo el total control del ejército israelí, que incluso tenía establecido un puesto de mando en la azotea de un edificio a 200 metros al sudoeste del campamento de Chatila.

La operación de irrupción comenzó mientras el ejército israelí, que cercó ambos campamentos, impedía la entrada y salida de ellos y lanzaba proyectiles de iluminación nocturna para facilitar la tarea de las milicias. Los soldados sionistas ofrecieron ayuda a las milicias maronitas durante la matanza.

Las informaciones sobre la masacre comenzaron a filtrarse después de la huída de varios niños y mujeres hacia el Hospital Acre en Chatila, donde informaron a los médicos de lo ocurrido, mientras las noticias al respecto llegaron a los periodistas extranjeros en la mañana del viernes 17.

De las 20 mil personas que se encontraban dentro de esos dos campamentos en el momento en que comenzó la carnicería, tres mil 297 hombres, mujeres y niños fueron asesinados en menos de dos días. De ellos, mil 800 fueron ultimados en las calles y callejuelas, mil 097 en el Hospital Gaza y otros 400 en el Hospital Acre. Entre los cadáveres se encontraron más de 136 libaneses. (Nota del Editor.-No obstante, otras fuentes estiman que la cifra exacta de víctimas jamás será conocida, pues otros varios cientos de palestinos fueron masacrados sin poder registrarse oficialmente su deceso.)
Menahem Begin, el entonces Primer Ministro israelí, en su comentario sobre la masacre ante el Knesset expresó que los miembros de la Resistencia palestina eran “animales que caminaban sobre sus dos patas”, mientras un oficial falangista declaró después de la noticia de los sucesos que “las espadas y fusiles de los cristianos perseguirían a los palestinos por donde fueran y acabarían con ellos definitivamente”.

Otro oficial declaró a un corresponsal norteamericano “hemos esperado mucho tiempo para poder entrar en los campamentos del Oeste de Beirut, los israelíes nos han seleccionado porque somos mejores que ellos en ese tipo de operaciones de casa en casa” y cuando el periodista le preguntó si se habían tomado prisioneros respondió que “en ese tipo de operaciones no se tomado prisioneros”. Radio Londres a través de su corresponsal transmitió que mientras duraron los actos de matanza los soldados israelíes cerraban con tanques los campamentos y disparaban contra todo lo que se movía.

La creación de la Comisión Kahan

Con la divulgación de la noticia de la masacre y su repercusión en todas las capitales del mundo, Israel estuvo obligado a crear la Comisión encabezada por el presidente del Tribunal Supremo, Isaac Kahan, para investigar los hechos. El Consejo de Ministros determinó que la Comisión reuniera las verdades y los elementos relacionados con los actos salvajes cometidos por una unidad de las “Fuerzas Libanesas” contra los civiles en los campamentos de Sabra y Chatila.

De ese modo, la investigación culpaba a las Fuerzas Libanesas como único responsable de la matanza y con lo que se descartaba la participación directa de Israel.

También se señaló la participación de otros grupos como las fuerzas de Saad Hadad, entonces Jefe del Ejército Libanés en el Sur, creado por Israel.
Los resultados de la investigación tenían que aparecer de modo tal que a Israel solo se le culpara por “negligencia” o “error de apreciación”.

Los demás informes sionistas e incluso libros editados en Israel no dejaron de mencionar nombres de altos dirigentes falangistas y de las Fuerzas Libanesas, como Elias Houbeika, Fady Efram y otros, culpándolos totalmente de la planificación de la matanza y de dar las órdenes de ejecuciones masivas. Sin embargo a dirigentes sionistas como Ariel Sharon, ministro de Defensa en aquel entonces, y a Amir Doury, Jefe Militar de la Región Norte, sólo se les culpó de haber participado en reuniones donde se discutió el tema del ingreso de militares falangistas a ambos campamentos para “darle participación en el control de Beirut Oeste”.



Los resultados de las investigaciones de la Comisión Kahan.

En febrero de 1983, la Comisión Investigadora israelí encargada de indagar la realidad de los hechos ocurridos en Sabra y Chatila, “una entidad independiente” integrada por tres miembros y conocida como la Comisión Kahan, incluyó en los resultados de su investigación el nombre del entonces ministro, Ariel Sharon, como una de las personas que “asumen responsabilidad personal” en los hechos ocurridos.

El informe de dicha Comisión refirió en detalles el papel directo desempeñado por Sharon para permitir a las milicias falangistas entrar a los campamentos de Sabra y Chatila.

El General Rafael Etan, Jefe del Estado Mayor General del Ejército Israelí en aquel momento, en su testimonio afirmó que el ingreso de las milicias falangistas a los campamentos se hizo sobre la base de un acuerdo entre él y Sharon. Más tarde el ministro de Defensa se dirigió a la Sede Central de las milicias falangistas donde se reunió con un grupo de personas, entre ellas varios dirigentes falangistas. La oficina de Ariel Sharon, un día antes de los acontecimientos, emitió un documento que contiene un resumen del ministro de Defensa donde aparece un señalamiento: “Para ejecutar la operación de los dos campamentos hay que enviar a las milicias falangistas”; y agrega dicho documento que “las Fuerzas de Defensa israelíes asumirán la tarea de conducirlas en la zona”.

En relación con el alegato del ex ministro Sharon ante la Comisión Kahan en el sentido de que “nadie podía imaginar que las milicias falangistas iban a cometer una carnicería en los dos campamentos”, la Comisión concluyó que “nadie podría justificar la toma imprudente de una decisión que permitía la posibilidad de una matanza”, porque “nadie necesita de mucho raciocinio para pronosticar la gran amenaza de crímenes que acontecerían en caso de que entrasen milicianos falangistas a los dos campamentos sin estar acompañados por las Fuerzas de Defensa de Israel”. La Comisión fue aún más allá al decir: “nosotros vemos que cualquier persona involucrada en los acontecimientos en El Líbano debe dudar y tener presente la gran posibilidad de una matanza en estos dos campamentos, si se conoce de que las Falanges Libanesas van a entrar allí sin que las fuerzas israelíes asuman el control y la real supervisión... y se le agrega a esto la realidad del odio visceral que albergan los falangistas contra los palestinos, sobre todo por el gran choque que representó para ellos la reciente muerte de Bachir Jemayel, presidente libanés de aquel entonces…”

La Comisión Kahan concluyó también que “si realmente el ministro de Defensa no dudaba, cuando decidió la entrada de las milicias falangistas a los dos campamentos sin la participación de las Fuerzas de Defensa israelíes, que tal decisión conduciría a tal desastre, la única explicación entonces es que él pasó por alto todo motivo de preocupación respecto a lo que podría ocurrir ya que los objetivos que pretendía lograr mediante la entrada de los falangistas a los dos campamentos no lo dejaron tomar las medidas correspondientes”.

La Comisión aclaró que “si la decisión fue tomada sabiendo que existía el peligro de que la población de ambos campamentos sufriera daños, no habría que olvidar que existía un compromiso israelí en el sentido de tomar las medidas adecuadas para garantizar la supervisión real, efectiva y constante por parte del Ejército sobre las acciones de las milicias falangistas en el lugar, para impedir tal amenaza o reducirla hasta el mínimo. No obstante, el ministro de Defensa no tomó ninguna medida al respecto”.

La Comisión finalizó su informe diciendo: “Nosotros vemos que el ministro de seguridad israelí ha cometido un grave error al no tomar en cuenta el peligro de actos de revancha y derramamiento de sangre a manos de las milicias falangistas contra la población de estos dos campamentos”.

La última recomendación ofrecida por la Comisión Kahan consiste en que “el ministro de defensa israelí, Ariel Sharon, sea relevado de su cargo, y que el primer ministro analice su despido si es necesario”.


 
 
 
 
Fuentes: texto: fdlpalestina.org / video: CSCA, 2005 / fotos: álbum de La Estrella Palestina
 
 
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