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REFUGIADOS
 
Yarmuk: ¿Horrible callejón sin salida o memorable hito crucial?
Ghada Ageel*
13 de abril 2015
 
Al-Yarmuk es el hogar de miles de refugiados palestinos a los cuales se les impidió retornar a sus tierras.

La historia de decenas de miles que hoy sufren hambre y ataques en el campamento de refugiados de Al-Yarmuk, cerca de Damasco, es una culminación de la historia de casi todos los palestinos. Es la historia de mi abuela de 90 años que continúa viviendo en la miseria del campamento de refugiados de Khan Yunis en la Franja de Gaza. Es la historia de mis primos en Yemen atrapados en el actual ataque. Es la historia de mi hermana en Siria obligada a huir con sus hijos hace tres años para salvar la vida; y es la historia de mis tías y tíos en Arabia Saudí y los Emiratos Árabes cuyas vidas y futuros penden de un hilo esperando un documento oficial. Es la historia de mis vecinos reubicados en Libia, que viven ahora en un limbo sin lugar donde ir. El campamento Al-Yarmuk es la culminación de la historia de sucesivas generaciones de palestinos nacidos en el exilio con su presente y su futuro en suspenso.

Esta historia, entonces, no es “solamente” uno de los profundos sufrimientos de un grupo de civiles indefensos atrapados en una zona de guerra. Se extiende mucho más allá de las interpretaciones descontextualizadas de los grandes medios de comunicación, que ponen de relieve a los refugiados en circunstancias desesperadas enfrentando la muerte y el hambre. Incluye, pero también precede considerablemente, a los informes sobre “residentes, niños y bebés incluidos… que subsisten por largos períodos comiendo vegetales podridos, hierbas, pasta de tomate en polvo, alimento para animales y especias disueltas en agua”.

La historia de Al-Yarmuk comenzó hace casi siete décadas cuando unos tres cuartos de un millón de palestinos fueron desplazados por la fuerza de la Palestina del Mandato en 1948, y luego sometidos a constantes desplazamientos por el Medio Oriente y más allá también. Entre los demasiados casos para enumerar aquí, están: los 400.000 palestinos (muchos de ellos refugiados desde 1948) desplazados por Israel en 1967; más de 300.000 que huyeron de Kuwait a principios de los años 90 durante y después de la Primera Guerra del Golfo; decenas de miles expulsados por el régimen libio y alojados en campamentos improvisados en la frontera egipcio-libia en 1995; y 22.000 que huyeron de Iraq durante y después de la invasión encabezada por EEUU en 2003.

El campamento de Al-Yarmuk, fundado en 1957 al sur de Damasco, devino en el hogar de muchos miles de refugiados, la mayoría de ellos originarios del norte de la Palestina del Mandato: Safad, Haifa y Jaffa. Expulsados de sus hogares en 1948, a estos refugiados palestinos se les ha impedido desde entonces regresar a sus tierras.

Antes del estallido en 2011 de la sublevación civil en Siria, la población de refugiados palestinos en Al-Yarmuk llegaba a más de 150.000. Y ahora convertido –por medio de la intervención imperialista- en escenario de varias y más amplias guerras de poder, la constante guerra ha desplazado ya al 90% de los residentes del campamento, que huyeron a otras partes de Siria o a los países vecinos: Jordania, Turquía y Líbano.

Para los que no han podido huir -3.500 niños incluidos- la situación actual es pésima. Desde que se intensificaron los combates a principios de este mes, la Agencia de Socorro para los Refugiados Palestinos (UNRWA) no ha podido entregar la imprescindible ayuda. El portavoz de la UNRWA, Christopher Gunnes dijo: “Esto significa que no hay comida, no hay agua y hay muy pocos medicamentos… La situación en el campamento sobrepasa lo inhumano”.

Al-Yarmuk, la historia individual y colectiva, se trata de millones de refugiados palestinos actualmente dispersos a lo largo del Mundo Árabe, luchando por vivir y sobrevivir y reiteradamente forzados a desplazarse hacia lo desconocido. Se trata, nada menos, de los palestinos que viven bajo el control de Israel en los territorios ocupados, en Israel y en todo el mundo, con y sin familiares en el campamento en Siria, que son forzados a mirar con desamparo el insoportable espectáculo de la lenta hambruna ejecutada sobre sus familias, sus amigos y su pueblo.

Al-Yarmuk es la historia de una nación entera a la que sistemáticamente se le niega el acceso a sus más elementales derechos humanos. La historia de generación tras generación de palestinos cuyas vidas de incertidumbre, humillación y pobreza, son el resultado directo de un incumplimiento de la ONU a la obligación a la que se comprometió en la resolución 194, esto es, que “debe permitirse a los refugiados [palestinos] que deseen retornar a sus hogares y vivir en paz con sus vecinos que lo hagan así lo antes posible”. Este incumplimiento se ha mantenido durante 67 años hasta hoy, a pesar de que la admisión de Israel [como miembro] en la ONU fue condicionada a la implementación del retorno de los refugiados palestinos a sus tierras.

Así es que Israel también, tiene una clara y directa responsabilidad respecto de los refugiados palestinos que están muriendo en Siria. Los refugiados que viven, y ahora mueren, en el campamento de Al-Yarmuk y todos los que viven, y a menudo apenas subsisten, en otros 59 campamentos de refugiados en Jordania, Líbano, Siria, Cisjordania y Gaza, están donde están porque Israel, durante todos esos años, ha impedido su retorno. El Estado de Israel continúa desafiando las resoluciones de la ONU, el derecho internacional y las normas convencionales de los derechos humanos, todo lo cual permitiría a los palestinos ejercer su derecho al retorno.

Por lo tanto, Al-Yarmuk es claramente también la historia de un liderazgo mundial inmoral que permitió que millones de personas sean exiliadas de la memoria del mundo y suprimidas de sus pantallas de radar, dejando que el tiempo y la indefensión erradiquen sus derechos y sus sueños. Y es también la historia de un mundo supuestamente “desarrollado” pero completamente impotente, ineficaz, indefenso e indiferente que, una vez más, se queda mirando, sabiendo, pero sin embargo, sin hacer nada, sin ofrecer posibilidades para Al-Yarmuk, ni para sus residentes predominantemente palestinos ni para los muchos sirios atrapados allí.

No cabe duda de que el grupo Estado Islámico, el gobierno de Al-Assad y otros grupos armados que actualmente combaten por el control de Al-Yarmuk, forman parte del complejo panorama en la Siria de hoy. Todos y cada uno de ellos tienen directa responsabilidad por la miseria impuesta sobre la gente de Al-Yarmuk. Sería absurdo ignorar esto. Pero un contexto más amplio y altamente pertinente, parece estar totalmente ausente de los informes de los medios.

Los refugiados palestinos de Al-Yarmuk, y muchos más en otros lugares, están sometidos a todo lo que soportan porque Israel ha negado sus inalienables derechos mientras que la ONU y la comunidad internacional han permitido y habilitado la negativa de Israel. Una voluntad genuina y un público mundial justo podrían salvar a los palestinos de Al-Yarmuk, reconociendo e implementando el derecho al retorno de esos refugiados. Este solo acto podría resultar profundamente transformador, trayendo a la región esperanza y extraordinaria y sensata confianza.

Así es que Al-Yarmuk puede convertirse tanto en la historia de un prolongado y familiar callejón sin salida, pagando un horrible precio en vidas humanas, como en la historia de un memorable hito crucial.

 
Notas:*Ghada Ageel, es profesora invitada en el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Alberta (Edmonton, Canadá), académica independiente y participante en Faculty4Palestine-Alberta. Su último libro: “Apartheid en Palestina: Leyes duras y experiencias aún más duras”, será publicado por University of Alberta Press, Canadá.
 
Fuente: Middle East Eye/ 9 de abril 2015
Traducción: Bea Esseddin

 
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